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San Vicente: una comunidad que cocina solidaridad y sale al encuentro de quienes más necesitan

La comunidad de la parroquia San Vicente de Paul, ubicada en Francia al 900, se prepara para celebrar a su santo patrono. La festividad será hoy con procesión, misa y un almuerzo fraterno. Pero detrás de la celebración hay una tarea que se sostiene durante todo el año.

27 de septiembre de 2026 a las 07:04 a. m.
San Vicente: una comunidad que cocina solidaridad y sale al encuentro de quienes más necesitan
El próximo objetivo de las Patrullas Vicentinas es crecer. La intención para el año próximo es poder sumar una jornada de entrega . — Foto: SAN VICENTE

Cada 27 de septiembre, la Iglesia recuerda a San Vicente de Paul, patrono de las asociaciones católicas de caridad, los voluntarios, hospitales, orfanatos y prisioneros. Su figura está profundamente ligada a la ayuda a los más necesitados y, en la comunidad que lleva su nombre en Pergamino, ese espíritu se traduce en acciones concretas.

La parroquia San Vicente de Paul, ubicada en calle Francia al 900 y bajo la conducción del padre Jorge Ugartemendia, es desde hace años un espacio de encuentro, oración, formación y solidaridad. Allí conviven numerosos grupos y proyectos, pero hay uno que en los últimos dos años se convirtió en una expresión especialmente concreta de ese compromiso: las Patrullas Vicentinas.

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 Cocinar, compartir y escuchar

Todos los sábados, alrededor de las 10:30, un grupo de voluntarios se reúne en la parroquia. Hay ollas, alimentos, condimentos, bolsas, recipientes y mucho trabajo por delante. Se cocina en cantidad y se preparan entre 50 y 60 viandas que luego son entregadas, desde las 12:30, a quienes se acercan al templo en busca de una comida caliente.

El proyecto comenzó hace dos años a partir de un trabajo conjunto con los Maristas y, con el tiempo, quedó en manos de voluntarios de la comunidad de San Vicente. Hoy participan personas de distintas edades y grupos parroquiales, que se organizan mediante un cronograma para garantizar que cada sábado haya manos disponibles para cocinar.

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Pero las Patrullas Vicentinas no entregan solamente un plato de comida. “La viandita y la escucha atenta”, sintetizaron Marisa Eyheramono y Fran Aceval al hablar de una tarea que busca mirar a cada persona más allá de su necesidad inmediata.

Porque mientras esperan su vianda también hay conversación. Se pregunta cómo está esa familia, si tiene trabajo, cuántos chicos tiene, cómo atraviesa su situación. Son momentos breves, pero que permiten conocer una realidad que muchas veces permanece invisible.

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“No solamente de brindar el alimento, que hoy es muy importante, sino saber un poquito cómo está integrada la familia, qué le falta, qué pasa”, explicaron.

Quienes llegan no necesariamente viven en las inmediaciones del templo. Las viandas alcanzan a personas provenientes de distintos barrios, desde sectores cercanos como 12 de Octubre y Güemes hasta Mastrángelo y el barrio Virgen de Guadalupe, conocido como las 512 Viviendas. La necesidad tampoco distingue edades. Hay niños, adultos y adultos mayores.

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 La solidaridad de Pergamino

Para que las Patrullas puedan funcionar, hay un ingrediente indispensable: la solidaridad de los vecinos.

El proyecto se sostiene fundamentalmente con donaciones. Arroz, lentejas, fideos y otros alimentos no perecederos se suman a carne, pollo, frutas y verduras. También hay panaderías que acercan productos. “Esto se sostiene con la ayuda de las personas”, remarcaron.

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Esa ayuda permite, además, que los menús sean variados y nutritivos. La carne y el pollo aportan proteínas; las verduras y frutas completan una alimentación que intenta ser lo más equilibrada posible dentro de los recursos disponibles.

La solidaridad aparece muchas veces de manera espontánea.

Y cuando las 50 o 60 viandas preparadas no alcanzan, siempre se intenta que nadie se vaya con las manos vacías. De la reserva de alimentos se arma entonces un pequeño paquete con arroz, tomate u otros productos para que esa familia pueda preparar una comida en su casa. Es una cadena que se construye entre muchos.

 Cuando la comida también es compañía

El trabajo de las Patrullas Vicentinas permite conocer de cerca una realidad social que, según cuentan quienes participan, se hace cada vez más visible. “Estamos en una crisis que se nota en las personas”, expresó Marisa.

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Pero esa crisis no siempre se presenta únicamente como falta de alimentos. También aparece en forma de soledad, angustia y desánimo. Por eso, junto con la necesidad material, muchas personas llegan a la parroquia buscando también una palabra, una escucha o una oración.

“La realidad es la gente que necesita la comida, necesita el plato, y la realidad es que la gente se siente sola”, señalaron desde la comunidad.

La fe y la solidaridad se encuentran entonces en el mismo lugar. Una vianda puede ser el motivo de llegada, pero el encuentro puede convertirse en algo mucho más profundo.

 Una comunidad de muchas edades

Las Patrullas son apenas una de las expresiones de una comunidad que sostiene numerosas actividades.

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En San Vicente funcionan Cenáculo, destinado a jóvenes de entre 16 y 17 años; Pascua Joven, para jóvenes de entre 18 y 25; el grupo misionero Getsemaní, que lleva adelante misiones en distintos puntos de la ciudad; catequesis, que actualmente reúne a más de 100 chicos; la Coronilla, que se reza los viernes a las 15; y Grávida, que acompaña a las mujeres durante el proceso del embarazo.

En ese entramado, las Patrullas reúnen a personas de diferentes generaciones. Jóvenes, adultos y miembros de otros grupos parroquiales se turnan para cocinar, ordenar, preparar las viandas y colaborar en la entrega.

Para Fran Aceval, que integra la comunidad desde hace dos años, esa experiencia tiene también un fuerte significado personal.

“Desde mi experiencia de fe, también esto de la solidaridad me lleva a decir: salgamos al encuentro”, expresó. Y agregó: “Con lo poco que tenemos, qué mejor que brindarle a otra persona eso”.

Su mirada resume buena parte del espíritu que sostiene el proyecto: no hace falta tener demasiado para poder ayudar. A veces alcanza con una hora, una donación, un vehículo, una olla, un paquete de arroz o simplemente estar.

 El desafío de sumar un día más

El próximo objetivo de las Patrullas Vicentinas es crecer. La intención para el año próximo es poder sumar una jornada de entrega y recuperar las viandas de los viernes por la noche. Pero para hacerlo hacen falta más alimentos y también más voluntarios.

“Necesitamos muchas donaciones”, explicaron, porque sumar un día significa duplicar buena parte del esfuerzo. También se necesitan personas dispuestas a cocinar, trasladar alimentos, prestar un auto o, simplemente, dedicar un rato de su tiempo.

La tarea, en definitiva, no termina cuando se entrega una vianda. Continúa en el vínculo, en la escucha y en la posibilidad de que quien llega buscando ayuda encuentre también un lugar donde sentirse acompañado.

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 Celebrar a San Vicente

Luego de un triduo en honor a San Vicente de Paul, hoy a las 10:30 se realizará la tradicional procesión por las calles del barrio. A las 11 tendrá lugar la única misa de la jornada y, posteriormente, se llevará a cabo un almuerzo fraterno.

Las tarjetas para ese almuerzo tienen también un propósito solidario: recaudar fondos para afrontar necesidades económicas de la parroquia y colaborar con los distintos proyectos que lleva adelante la comunidad.

Así, la celebración del santo que dedicó su vida a los más vulnerables encuentra en Pergamino una expresión concreta y cotidiana.

Para obtener más información o colaborar con las actividades, los interesados pueden comunicarse a través de Instagram: @parroquiasanvicente.pergamino.

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