Un gesto que lo hace más grande: Colapinto recibió a tres argentinos en San Pablo y manejó la histórica “Renoleta”
Tres amigos de Esperanza, Santa Fe, recorrieron más de 2.000 kilómetros en un Renault 6 de 1977, restaurado y pintado con los colores de Alpine, para alentar al piloto argentino en el Gran Premio de Brasil. Franco conoció su historia, se acercó a saludarlos y terminó al volante del vehículo.

Franco Colapinto ya se encuentra en San Pablo, donde este fin de semana disputará el Gran Premio de Brasil de Fórmula 1. Pero antes de acelerar con su Alpine en el circuito de Interlagos, el piloto argentino protagonizó una historia que poco tiene que ver con los tiempos de vuelta, las estrategias de carrera o los resultados deportivos. Una historia de pasión, amistad y gratitud que volvió a mostrar su costado más cercano con los aficionados.
Los protagonistas fueron tres amigos de Esperanza, provincia de Santa Fe, que decidieron viajar hasta Brasil a bordo de una vieja Renault 6 para acompañarlo en una de las carreras más esperadas del calendario.
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Hernán Bonvín, Claudio Goddio y Pablo Quaino habían preparado durante meses una aventura que parecía una verdadera locura: recuperar un automóvil de 1977, ponerlo en condiciones de recorrer miles de kilómetros y llegar a San Pablo con la ilusión de ver correr a Colapinto.
Lo que nunca imaginaron fue que el propio piloto terminaría subiéndose al vehículo y manejándolo por las calles de la ciudad brasileña.
El encuentro se concretó este miércoles, cuando Colapinto conoció a los viajeros y se acercó a la particular “Renoleta”, que lleva los colores de Alpine, el número 43 y detalles de las banderas argentina y brasileña.
Lejos de limitarse a una fotografía o un saludo, Franco se sentó al volante y condujo el automóvil, en una escena que rápidamente comenzó a circular por las redes sociales.

Una aventura que nació entre amigos
La historia comenzó meses atrás, durante un asado en el que los tres santafesinos compartían su pasión por el automovilismo. La idea de realizar un viaje extraordinario en un vehículo antiguo fue tomando forma hasta convertirse en un proyecto concreto: llegar a Interlagos para alentar al argentino que volvió a despertar una enorme expectativa por la Fórmula 1 en nuestro país.
Encontraron una Renault 6 que llevaba varios años sin circular y comenzaron una restauración prácticamente integral. Lo que inicialmente parecía una puesta a punto mecánica terminó convirtiéndose en un trabajo de varios meses, con reparaciones de motor, frenos, carrocería y numerosos componentes.
El esfuerzo fue compartido con familiares, amigos y vecinos que se sumaron a la iniciativa.
Finalmente, la histórica “Renoleta” quedó lista, con una estética inspirada en el Alpine de Colapinto y un portaequipaje preparado para afrontar el extenso recorrido.
El viaje tampoco estuvo libre de dificultades. En Concordia, Entre Ríos, sufrieron un problema con el alternador que amenazó con detener la aventura. La ayuda de mecánicos vinculados con equipos del Turismo Nacional permitió resolver el inconveniente y continuar rumbo a Brasil.
Más adelante, en la localidad brasileña de Alegrete, una rotura de neumático obligó a realizar otra parada imprevista. Pero nada pudo detenerlos.
Después de cuatro días de viaje, los tres amigos llegaron a San Pablo. Ya habían cumplido buena parte de su sueño: estar en Brasil para acompañar a Franco. Sin embargo, todavía faltaba el momento más emocionante.

El gesto de Franco que emocionó a todos
La posibilidad de conocer personalmente a Colapinto era una ilusión que los acompañaba desde que comenzaron a restaurar el vehículo.
Querían mostrarle la “Renoleta”, entregarle algunos presentes y, si tenían suerte, conseguir una fotografía o una firma que les permitiera guardar para siempre el recuerdo de aquella aventura.
Pero el piloto argentino fue mucho más allá.
Se acercó al automóvil, compartió el encuentro con sus seguidores y decidió ponerse al volante de aquel Renault 6 que había recorrido miles de kilómetros para llegar hasta él.
La escena tuvo un significado especial. Acostumbrado a conducir uno de los vehículos tecnológicamente más sofisticados del mundo, Colapinto se tomó un momento para manejar un automóvil de casi medio siglo, recuperado con esfuerzo y entusiasmo por tres compatriotas.
El gesto refleja una faceta que el joven piloto ha mostrado en numerosas oportunidades: su cercanía con el público argentino y el reconocimiento hacia quienes realizan enormes sacrificios para acompañarlo en cada competencia.
Porque detrás de aquella Renault 6 no había una campaña publicitaria ni una estructura profesional. Había tres amigos, meses de trabajo, el apoyo de una comunidad y la decisión de recorrer miles de kilómetros para cumplir un sueño.
Interlagos espera a Colapinto
El encuentro se produjo en la antesala del Gran Premio de San Pablo, que se disputará entre el viernes 6 y el domingo 8 de noviembre en el tradicional Autódromo José Carlos Pace, más conocido como Interlagos.
La competencia representa una de las oportunidades más importantes del año para que los aficionados argentinos puedan acompañar personalmente a Colapinto, debido a la cercanía geográfica con nuestro país.
El circuito brasileño tiene 4.309 metros de extensión, 15 curvas y una rica historia dentro de la Fórmula 1. La carrera del domingo está prevista sobre 71 vueltas.
La actividad comenzará el viernes con dos entrenamientos libres. El sábado se desarrollarán la tercera práctica y la clasificación, mientras que la competencia principal se largará el domingo a las 14:00, hora argentina.
Para Colapinto será una nueva oportunidad de buscar un buen resultado con Alpine, acompañado por una importante presencia de compatriotas en las tribunas.
Entre ellos estarán los tres santafesinos que, con su vieja Renault 6, ya consiguieron vivir una experiencia difícil de superar.
Porque más allá de lo que suceda el domingo en la pista, Hernán, Claudio y Pablo regresarán a Esperanza con una historia que seguramente contarán durante muchos años.
Y Franco Colapinto, con un gesto tan sencillo como significativo, volvió a demostrar que la grandeza de un deportista también se mide por la manera en que trata a quienes lo admiran.






















