Una década de Sumando Compromiso: el Taller Protegido Pergamino volvió a poner en valor la Botella Protegida
La propuesta permitió visibilizar el trabajo que realizan los operarios con los envases PET y, al mismo tiempo, llamar a la comunidad a recuperar el hábito de separar los residuos en los hogares.

Una botella vacía puede parecer apenas un residuo. Sin embargo, cuando alguien decide separarla correctamente, su historia puede tomar otro rumbo. Puede dejar de ser basura, ingresar a un circuito de recuperación y convertirse, además, en una fuente de trabajo e inclusión.
Con esa premisa, el Taller Protegido de Pergamino y el Municipio llevaron adelante este miércoles una actividad de visibilización en la Peatonal, en el marco de los 10 años del programa Sumando Compromiso y del Día de la Botella Protegida.
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La jornada permitió acercar a los vecinos información sobre la importancia de separar las botellas PET y, fundamentalmente, poner en valor el trabajo cotidiano que realizan las personas que forman parte del Taller Protegido.
La propuesta tuvo una particular significación porque se cumplen diez años desde que una ordenanza municipal formalizó el programa y estableció al Taller Protegido como destinatario de las botellas PET recuperadas en Pergamino y sus localidades.
Para Dora Moyano, presidenta de la comisión directiva del Taller Protegido, contar con ese respaldo normativo fue determinante para darle continuidad a la iniciativa.
“Que haya una ordenanza es muy importante, porque es lo que le da legalidad a este programa”, destacó.
Tres protagonistas: ambiente, inclusión y comunidad
Sumando Compromiso nació con un objetivo ambiental, pero con el paso del tiempo demostró que sus beneficios van mucho más allá de la recuperación de un material.
Moyano lo resumió con claridad: “El piso del programa es el cuidado del ambiente. Después suma la inclusión y suma lo económico”.
En esa frase se concentra buena parte del espíritu de una iniciativa que articula el trabajo del Municipio, el Taller Protegido y los vecinos. Porque para que una botella pueda ser recuperada, primero alguien debe tomar una decisión sencilla en su casa: no arrojarla junto con el resto de los residuos.
Ese gesto cotidiano es el que permite que el envase llegue al Taller Protegido, donde los operarios realizan las tareas de clasificación y enfardado para luego comercializar el material.
De esta manera, el reciclaje se transforma también en una herramienta concreta de inclusión laboral y participación social.
Diez años después, una cifra que preocupa
Durante la actividad también se puso sobre la mesa una realidad que el Taller Protegido busca revertir: la cantidad de botellas recuperadas disminuyó de manera considerable en los últimos años.
El primer año del programa permitió recuperar 47.000 kilos de botellas en Pergamino. En cambio, entre septiembre de 2025 y septiembre de 2026 se alcanzaron alrededor de 22.000 kilos.
“Ese primer año se juntaron y sacamos de Pergamino 47.000 kilos de botella”, recordó Moyano. Y al comparar aquella cifra con la actualidad, señaló: “En lo que va de este año, de septiembre de 2025 a septiembre de 2026, tenemos 22.000 kilos de botellas, la mitad”.
La diferencia encendió una señal de alerta dentro de la institución, que busca recuperar los niveles de participación que se habían alcanzado durante los primeros años.
El quiebre después de la pandemia
Desde el Taller Protegido identificaron a la pandemia como un punto de inflexión. Antes de ese período se habían registrado volúmenes de entre 30.000 y 35.000 kilos anuales, cifras que luego no volvieron a alcanzarse.
“Después de la pandemia es donde se marca el quiebre, y después de la pandemia nunca volvimos a los 30.000 kilos, 35.000 de los años anteriores”, explicó Moyano.
Entre las posibles razones aparecen distintas situaciones: la falta de campanas naranjas en algunos sectores de la ciudad, la disposición de todos los residuos en los contenedores verdes y hasta una eventual reducción del consumo.
Sin embargo, desde el Taller consideran que ninguno de estos factores alcanza por sí solo para explicar una caída tan significativa.
Por eso, la apuesta vuelve a estar puesta en algo tan sencillo como recuperar un hábito: separar en casa.
¿Qué botellas deben ir al contenedor naranja?
El programa contempla principalmente las botellas de plástico PET, como las utilizadas para agua, gaseosas, jugos y otros productos descartables.
También pueden recuperarse las botellas sopladas blancas y amarillas, utilizadas para productos como cloro y lavandina.
“Las de agua, gaseosa, jugos, sucos descartables y las de soplado, que son las blancas y amarillas de cloro y lavandina”, explicó Moyano al detallar cuáles son los envases que pueden formar parte del circuito.
Las botellas pueden depositarse en las campanas naranjas, en los bolsones instalados en clubes y otras instituciones o llevarse directamente al Taller Protegido.
Y existe una diferencia fundamental entre separar y no hacerlo. “El destino que tenga esa botella depende de quién la consumió”, afirmó Moyano. Y fue contundente al explicar que, si el envase termina junto con los residuos comunes, “esa botella va a ser basura”.
En cambio, si se separa y se deposita en el lugar correspondiente, puede continuar su camino hacia la recuperación y el reciclaje.
Una botella que también genera oportunidades
La actividad desarrollada este miércoles en la Peatonal buscó justamente volver visible esa cadena.
Durante la jornada, el Taller Protegido contó con una mesa de difusión en la esquina de la Peatonal y Pueyrredón y una campana naranja aportada por el área de Higiene Ambiental.
Además, los propios operarios recorrieron la zona con bolsas naranjas para acercarse a los vecinos y promover la correcta disposición de los envases.
La institución también preparó calcomanías con un mensaje que sintetiza el espíritu de la campaña: “No son basura. Son ambiente”.
La frase adquiere todavía mayor significado cuando se conoce el destino que tienen las botellas recuperadas.
El Taller Protegido cuenta con alrededor de 30 operarios, jóvenes y adultos con discapacidad intelectual, que participan de diferentes actividades. Entre ellas se encuentra precisamente la clasificación de las botellas PET, su enfardado mediante una máquina especial y la posterior comercialización del material.
Así, una botella que alguien separó en su casa puede convertirse en mucho más que plástico recuperado: puede ser parte de un proceso de trabajo, autonomía e inclusión.
El hábito que empieza en casa
Dora Moyano puso especial énfasis en la necesidad de que la separación de residuos vuelva a instalarse como una práctica cotidiana.
En ese sentido, consideró fundamental el trabajo con los más chicos, porque los hábitos que aprenden en la escuela también pueden trasladarse a sus hogares.
“Cuando se practica la clasificación de residuos en el hogar, el separado de las botellas sale automáticamente”, sostuvo.
La frase resume uno de los grandes desafíos para los próximos años: lograr que separar una botella deje de ser una acción excepcional y vuelva a formar parte de la rutina de las familias pergaminenses.
A diez años del nacimiento de “Sumando Compromiso”, el Taller Protegido no solamente celebra lo construido. También invita a mirar hacia adelante y recuperar aquello que hizo posible que el programa llegara a reunir 47.000 kilos de botellas en su primer año.
Porque el desafío puede comenzar con un gesto mínimo: terminar una botella, vaciarla, separarla y elegir dónde dejarla.
Del otro lado de esa decisión hay un ambiente que se cuida, un material que puede recuperarse y personas que encuentran en ese trabajo una oportunidad para crecer.
Diez años después, el compromiso sigue siendo el mismo: que ninguna botella que pueda recuperarse termine convertida en basura.




























