Fabricio Forcat, el sacerdote pergaminense que llevará su mirada de la fe al corazón del Vaticano
Nacido en Pergamino, el presbítero fue designado por el papa León XIV como integrante de la Comisión Teológica Internacional . Con una vida dedicada al sacerdocio, la enseñanza y el acompañamiento de las comunidades más vulnerables, reflexionó en una entrevista exclusiva con LA OPINION.

Hay noticias que trascienden los límites de una institución y se convierten en motivo de alegría para toda una comunidad. La designación del sacerdote pergaminense Fabricio Leonel Forcat como integrante de la Comisión Teológica Internacional, por decisión del papa León XIV, es una de ellas. Detrás de este reconocimiento se encuentra una historia de vocación, estudio y compromiso pastoral, pero también un profundo vínculo con Pergamino, la ciudad donde nació, creció y comenzó a descubrir el camino que marcaría su vida.
El nombramiento corresponde al quinquenio 2026-2031 y lo incorpora a uno de los espacios de consulta teológica más importantes de la Santa Sede, integrado por especialistas de distintas partes del mundo. Desde allí, Forcat participará en la reflexión sobre los desafíos que atraviesan a la Iglesia y las maneras de transmitir el mensaje del Evangelio en una sociedad en permanente transformación.
Las mas leidas de Pergamino
Miguel Errandonea y el equipo argentino llegaron a la final del Texas Open Fire

“Fue toda una parodia”: los audios que la fiscalía usó como prueba clave para pedir el procesamiento de Espert

Pergamino suma nuevos puestos gastronómicos en la Plaza de Ejercicios

Fernando Escobar: 40 años de profesión, una trayectoria que trasciende los números

La renovación de la Plaza 25 de Mayo ya se encuentra en la cuenta regresiva

Sin embargo, para el sacerdote, esta convocatoria no representa un logro individual ni un punto de llegada. Es, ante todo, una oportunidad de servicio, sostenida por los vínculos, las experiencias y las enseñanzas que recibió a lo largo de su vida.
En una entrevista exclusiva con LA OPINION, habló de la sorpresa que le provocó la noticia, de su vocación sacerdotal, de la religiosidad popular y de la necesidad de construir una Iglesia cercana a las personas, especialmente a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
“Ojalá que uno pueda hacer lo mejor, dar lo mejor de uno en el servicio”, expresó al recordar cómo recibió la convocatoria que ahora lo llevará a trabajar junto a teólogos de distintas culturas y tradiciones.
Una misión para pensar la fe en el mundo de hoy
La Comisión Teológica Internacional fue creada en 1969 por el papa Pablo VI como organismo de consulta del entonces ámbito de la Doctrina de la Fe. Está integrada por especialistas que investigan, dialogan y elaboran reflexiones sobre cuestiones teológicas relevantes para la vida de la Iglesia.
Pero ¿Qué significa, en términos sencillos, formar parte de este organismo? Para Forcat, implica contribuir a una tarea fundamental: ayudar a que la fe cristiana dialogue con las preguntas, las inquietudes y los cambios de cada época.
“Es un espacio de diálogo, de conversación, de investigación y de producción de textos en orden también al servicio que brinda el ministerio del Papa para animar la evangelización en todo el mundo”, explicó.
La teología, según su mirada, no consiste en ofrecer respuestas cerradas ni en pretender abarcar por completo el misterio de Dios. Es, más bien, un esfuerzo humano por comprender y comunicar aquello que da sentido a la existencia.
“La teología es, de alguna manera, el balbucear el misterio que hacemos los seres humanos, el misterio en el que estamos envueltos: el misterio de la vida, de la fuente de todo lo que existe”, sostuvo.
Desde la tradición cristiana, esa búsqueda encuentra su referencia central en Jesús de Nazaret y en el amor de Dios manifestado a través de su vida y su entrega. “El secreto de la vida está en el amor, en la entrega a los demás”, afirmó.
Esa convicción atraviesa su manera de comprender tanto el trabajo teológico como la misión de la Iglesia. En su visión, reflexionar sobre la fe también significa encontrar palabras y caminos para que el mensaje cristiano pueda ser comprendido por personas de distintas generaciones, culturas y realidades sociales.
«La doctrina de siempre» necesita entrar en diálogo con los conocimientos científicos, las transformaciones culturales y los desafíos contemporáneos, señaló. No para perder su esencia, sino para comunicarla de una manera cercana y accesible. “Siempre estamos queriendo apuntar a un misterio que nos sobreexcede, pero que necesitamos comunicar y volver a decirlo y ponerlo en diálogo”, expresó.
La fe que nace y crece en el pueblo
Uno de los aspectos más significativos de la trayectoria de Forcat es su interés por la religiosidad popular: las maneras en que las personas viven, expresan y transmiten su fe en la vida cotidiana.
Su mirada se encuentra estrechamente vinculada con la realidad de la Diócesis de San Nicolás de los Arroyos, con la recepción del Concilio Vaticano II en esa Iglesia particular y con la experiencia de comunidades que encuentran en la fe una fuente de esperanza y fortaleza.
Para el sacerdote, comprender la religiosidad popular supone prestar atención a las expresiones concretas de la gente, a sus costumbres, sus celebraciones, sus necesidades y sus búsquedas espirituales.
“El pueblo de América Latina tiene una identidad particular, tiene un modo propio de vivir la religión, de luchar por vivir, tiene valores, tiene significaciones, tiene un modo de ser propio”, reflexionó.
En ese camino, destacó la importancia de reconocer cómo la fe acompaña las distintas etapas de la vida. Desde una familia que prepara el bautismo de un hijo hasta una comunidad que se reúne para celebrar, rezar o peregrinar, las expresiones religiosas forman parte de una experiencia colectiva que merece ser escuchada y comprendida.
Forcat también hizo referencia a las multitudinarias peregrinaciones que reúnen a miles de personas y que dan cuenta de una vivencia religiosa que continúa movilizando a distintas generaciones.
Esas manifestaciones, consideró, ofrecen una oportunidad para pensar cómo se transmite la fe y qué puede aprender la Iglesia de las propias comunidades.
“La fe y el sentido de la fe fecundan de muchas maneras la vida, dan sentido, dan fuerza para vivir, dan sentido de la muerte, dan sentido del dolor, del sufrimiento”, afirmó.
En ese sentido, uno de sus intereses es contribuir a una Iglesia más atenta a la realidad de los territorios, capaz de acompañar a las personas allí donde transcurre su vida cotidiana y de acercarse también a quienes viven en condiciones de mayor vulnerabilidad.
“Por ahí van las búsquedas que disfruto de ofrecer: una Iglesia más abocada al territorio, a esto de generar la creencia y la transmisión de la fe en territorio, incluso con los más vulnerables, aquellos lugares en que por ahí la Iglesia todavía no llega», explicó.
Esa perspectiva, que combina la reflexión teológica con la experiencia pastoral, constituye uno de los aportes que espera poner al servicio de la Comisión Teológica Internacional.

Una convocatoria inesperada y una alegría compartida
La noticia llegó sin anticipos ni señales que le permitieran imaginar semejante designación.
Forcat se encontraba en Pergamino, en la casa de su madre, como tantos otros lunes por la mañana. Había dedicado un momento a la oración cuando advirtió la llegada de un correo electrónico de un remitente desconocido. El mensaje incluía una sigla que todavía no alcanzaba a comprender: CTI.
No lo abrió de inmediato. Poco después, recibió un llamado telefónico con las felicitaciones por su nombramiento.
“No me lo imaginaba para nada, de ningún modo tenía ningún indicio ni ningún aviso de ningún tipo”, recordó.
Al abrir finalmente el correo y comenzar a recibir otros mensajes, pudo dimensionar la noticia. La sorpresa se transformó en alegría y, al mismo tiempo, en conciencia de la responsabilidad que tenía por delante. “Fue una gran sorpresa y también, a la vez, una gran alegría”, resumió.
La emoción también se vivió en su familia. Su madre, que estaba con él cuando recibió la noticia, compartió desde el primer momento la felicidad por esta nueva etapa.
Desde entonces, Forcat recibió numerosas muestras de afecto, mensajes y saludos de personas que forman parte de su historia. Ese acompañamiento le permitió advertir que el nombramiento no se vive solamente como una distinción para su trayectoria, sino también como una alegría compartida por quienes lo conocen y reconocen en él a un hijo de Pergamino. “He recibido muchísimas, inestimables muestras de cariño, de cercanía, de fe. Muchas las ha recibido directamente mi madre, que se ha puesto muy feliz, muy contenta con esto”, contó.
La designación comprende un período de cinco años y tendrá su primera instancia de trabajo presencial en la asamblea plenaria prevista para la última semana de noviembre, en Roma. Allí comenzará a conocer de cerca la dinámica de la Comisión, que combina encuentros generales con el trabajo en grupos dedicados a distintas cuestiones teológicas.
Forcat reconoció que todavía está descubriendo cómo será esta nueva responsabilidad. La convocatoria, dijo, fue completamente inesperada, pero encuentra en ella una oportunidad para compartir el fruto de años de estudio y experiencia pastoral.
La Comisión reúne a especialistas de diferentes lugares del mundo y, en esta nueva etapa, incorpora a 30 integrantes, de los cuales 24 son nuevos miembros. El sacerdote destacó, además, la creciente participación de laicos y mujeres teólogas, cuyas perspectivas enriquecen el diálogo y la reflexión dentro de la Iglesia.
De las aulas de la Escuela Normal al ministerio sacerdotal
Aunque hoy su nombre forma parte de una designación que lo vincula con el Vaticano, la historia de Fabricio Forcat comenzó en Pergamino, donde nació y cursó sus estudios secundarios en la Escuela Normal.
Terminó el colegio en 1990. Por entonces, distintas experiencias personales y comunitarias comenzaron a orientar su mirada hacia el sacerdocio, en particular el contacto con personas que atravesaban situaciones difíciles y necesitaban acompañamiento.
En aquellos años tuvo la oportunidad de compartir experiencias pastorales junto al padre Pablo Juan Porcela Moreno, a quien recuerda con especial cariño. También participó en iniciativas vinculadas con la Fundación Viajes de Vuelo, dedicada a acompañar procesos de rehabilitación y recuperación de jóvenes con problemas de adicciones.
La cercanía con esas realidades dejó una huella profunda en su manera de entender la fe y el sentido de la vocación.
“Tuve experiencias intensas y fuertes, tanto del misterio de Dios, de su bondad, de su amor, de su presencia en la vida de las personas, como también de cercanía a los espacios donde vive la gente más pobre, más sufrida”, relató.
Aquellas vivencias lo llevaron a preguntarse de qué manera podía poner su vida al servicio de los demás. La respuesta comenzó a tomar forma cuando ingresó al seminario con apenas 18 años. Siete años después, a los 25, recibió la ordenación sacerdotal.
Sus primeros años de ministerio transcurrieron en una parroquia del barrio Somisa, en San Nicolás. En 2001 asumió como párroco y comenzó una extensa tarea pastoral en General Rojo, Campos Salles, Villa Esperanza y el barrio Autopista, comunidades en las que continuó desarrollando su ministerio.
Son más de dos décadas de acompañamiento a las familias, celebración de los sacramentos, peregrinaciones, misiones y presencia en los distintos espacios donde la comunidad necesita una palabra, una escucha o una mano tendida.
“La gente es la que te va enseñando, te va mostrando qué precisa de vos y te va enseñando a vivir en ministerio”, expresó al recordar esos años.
En paralelo con la tarea pastoral, creció su vocación por el estudio. Comenzó a profundizar sus conocimientos en teología, realizó estudios de posgrado y se incorporó a la enseñanza en seminarios y espacios universitarios. Desde 2003, desarrolla también una labor docente que le permitió compartir con otros aquello que fue descubriendo a través de la investigación y la reflexión.
“Me gusta estudiar, siempre me gustó. Disfruto de lo que hago y me gusta también contarles a otros aquellas realidades y verdades que uno disfruta de comprender, de conocer, de contemplar, de saborear”, señaló.
Ese recorrido, en el que conviven la formación académica y el contacto cotidiano con las comunidades, ayuda a comprender las razones de su incorporación a la Comisión Teológica Internacional.
Una Iglesia cercana a la dignidad de cada persona
Al reflexionar sobre los desafíos que tiene por delante, Forcat volvió sobre una idea que atraviesa su pensamiento: la necesidad de que la Iglesia encuentre formas renovadas de anunciar el Evangelio sin perder de vista la dignidad de cada ser humano.
Para él, la fe no puede quedar limitada a los espacios institucionales ni a las formulaciones teóricas. Debe encontrar su lugar en la vida real, en las familias, en los barrios, en las dificultades cotidianas y en las preguntas que las personas se hacen sobre el sentido de su existencia.
En ese horizonte, la reflexión teológica tiene una tarea concreta: ayudar a comprender, valorar y acompañar las experiencias humanas en las que muchas personas descubren la presencia de Dios.
“La Iglesia tiene que encontrar camino para suscitar y generar esa experiencia de una magnífica humanidad”, sostuvo, al retomar una expresión que atribuyó al papa León XIV.
El sacerdote habló también de esa búsqueda profunda de felicidad, amor y trascendencia que, de diferentes maneras, atraviesa la vida de las personas.
“Todos fuimos creados con un hambre infinito de eternidad, de felicidad, de gozo que en uno u otro momento de la vida se nos despierta”, expresó.
Desde su perspectiva, la tarea de la Iglesia consiste en ayudar a que esa búsqueda encuentre caminos para desarrollarse y expresarse, respetando la diversidad de vocaciones, historias y realidades.
La teología, en ese sentido, no es un fin en sí mismo. Está al servicio de la fe vivida, de las comunidades y de las personas que necesitan encontrar palabras para comprender sus experiencias y fortalecer su esperanza.
El orgullo de ser pergaminense
La designación de Fabricio Forcat también tiene una dimensión afectiva que lo vincula con sus raíces. Aunque su ministerio se desarrolla desde hace años en otras comunidades de la región, Pergamino continúa siendo el lugar donde nació, donde conserva vínculos familiares y de amistad y donde comenzó a delinearse su vocación.
Por eso, al referirse al reconocimiento recibido, eligió hablar desde la gratitud antes que desde el mérito personal.
“De ninguna manera lo siento como un logro personal, ni como un merecimiento, ni Dios permita eso, sino como una larga, inestimable cadena de ayudas que todos recibimos en la vida”, manifestó.
Su reflexión se detuvo en el valor de los vínculos que sostienen cada historia: la familia, los amigos, los compañeros de estudio, los vecinos y todas aquellas personas que, muchas veces sin advertirlo, dejan una enseñanza que acompaña para siempre.
“No existimos sino recibiéndonos permanentemente de otros. Ninguno se da la vida a sí mismo, ni se da la fe a sí mismo, ni se da a sí mismo todo lo que tiene”, afirmó.
En su caso, esa trama incluye a sus padres, a los compañeros de la Escuela Normal con quienes todavía mantiene contacto, a quienes acompañaron sus primeros pasos en la vida pastoral y a las personas que formaron parte de su camino de formación.
Todos ellos, de alguna manera, también son parte de esta historia que hoy despierta alegría en Pergamino.
Porque detrás de la designación de un sacerdote para integrar una comisión de alcance internacional hay mucho más que una trayectoria académica reconocida. Hay una vocación que nació y creció a partir de experiencias concretas, una vida entregada al servicio y una manera de comprender la fe que encuentra en el encuentro con los demás su razón de ser.
Al despedirse de la entrevista con LA OPINION, Forcat dejó un pedido sencillo, que expresa el modo en que entiende esta nueva responsabilidad: «Esperemos que acompañen con la oración para hacer este servicio lo mejor posible».
Y también un saludo que devuelve la noticia a su lugar de origen, a esa ciudad que lo vio crecer y que hoy celebra que uno de sus hijos haya sido convocado a una tarea de alcance universal. “Un gusto y una bendición y un cariño para todos”, expresó.
Desde Pergamino hasta Roma, su camino continúa unido a una convicción que atraviesa sus palabras y su ministerio: la fe cobra vida cuando se hace cercana, cuando acompaña, cuando ayuda a descubrir la dignidad de cada persona y cuando se convierte, por encima de todo, en una experiencia de amor y entrega.





























