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Papa y cebolla, dos clásicos de la mesa argentina que ahora pesan más en el bolsillo

Estos dos alimentos infaltables en la dieta de los argentinos, atraviesan semanas de fuertes aumentos en las verdulerías. La menor oferta, las dificultades climáticas para levantar la producción y el agotamiento de las existencias almacenadas explican parte del escenario.

21 de agosto de 2026 a las 01:07 p. m.
Papa y cebolla, dos clásicos de la mesa argentina que ahora pesan más en el bolsillo
La papa continúa siendo uno de los productos que más pesa en la compra en la verdulería.

La papa, la cebolla, el morrón y hasta algunas frutas que habitualmente forman parte de la compra semanal comenzaron a pesar más en el presupuesto familiar. En las verdulerías de Pergamino, los precios reflejan un escenario marcado por la menor disponibilidad de determinados productos, las dificultades que genera el clima para levantar las cosechas y los mayores costos que implica traer mercadería desde otras regiones o desde el exterior. Entre todos los productos, la papa aparece como uno de los que más golpea al bolsillo: el kilo de papa blanca o negra se comercializa actualmente entre 2.500 y 2.900 pesos y las perspectivas indican que habrá que esperar al menos un par de semanas para que la situación comience a modificarse.

No se trata de cualquier alimento. La papa y la cebolla (cuyo valor ronda entre los 2400 y los 3000 pesos el kilo) ocupan un lugar central en la dieta de los argentinos y son ingredientes habituales de una enorme cantidad de preparaciones. Tortillas, guisos, purés, estofados, sopas, carnes al horno y numerosas comidas cotidianas tienen a estos productos como protagonistas o acompañantes. Por eso, cuando sus precios se disparan, el impacto excede al de cualquier otra verdura: obliga a revisar cantidades, reemplazar ingredientes o directamente resignar algunas preparaciones.

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Para conocer cómo se vive este escenario en el comercio local, LA OPINION dialogó con Mónica, comerciante verdulera de Pergamino, quien explicó que detrás del aumento de la papa existe una combinación de factores que se acumularon durante las últimas semanas.

 Una papa que espera en los galpones

En esta época del año, la papa que llega a las verdulerías proviene principalmente de productos almacenados en galpones de zonas productoras como Balcarce y Tandil. El problema aparece cuando esas reservas comienzan a reducirse y la posibilidad de reponerlas se encuentra condicionada por las condiciones climáticas.

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“La papa que se trabaja en esta época del año es la papa que está almacenada en galpones, sobre todo lo que es la parte de Balcarce, Tandil”, explicó Mónica. Según relató, otras variedades, como la papa negra, también comienzan a escasear hasta el ingreso de la producción correspondiente a la nueva temporada.

El clima juega un papel decisivo. Las lluvias intermitentes complican el trabajo de quienes participan de la cosecha. “No solamente se fueron vaciando los galpones de lo que estaba almacenado, sino que tampoco se puede levantar de los campos por el tema del clima”, señaló.

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La dificultad no pasa solamente por esperar a que deje de llover. Para levantar la papa se necesita que el suelo tenga condiciones adecuadas y, cuando el trabajo se hace existiendo condiciones de humedad, el resultado puede afectar directamente la calidad del producto.

“Si cada dos días llueve, es imposible que puedan levantar la papa porque la máquina que utilizan y, aparte, las personas que hacen ese trabajo terminan rompiendo la papa”, explicó la comerciante.

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 Más cara y con problemas de calidad

El consumidor no solo encuentra una papa más cara. También puede encontrarse con bolsas en las que una parte importante del producto llega cubierta de barro o presenta golpes y manchas que afectan su calidad.

“Muchos encuentran la papa como golpeada, como nosotros la llamamos, porque aparece con manchas marrones”, contó Mónica. El motivo se encuentra en las condiciones en las que se realiza la cosecha: “Hacen el trabajo de levantarla de la tierra toda embarrada. Se rompe la papa y queda una papa de mucho menor calidad”.

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El problema, además, se traslada directamente al precio final. “No solamente la terminás pagando cara, sino que la mitad de la bolsa es barro, o viene toda la papa llena de barro”, describió.

La comerciante remarcó que no se trata simplemente de suciedad superficial que pueda eliminarse con facilidad. Las condiciones de cosecha afectan al producto y generan pérdidas que terminan formando parte de la ecuación comercial.

En este contexto, las expectativas están puestas en el ingreso de la nueva temporada. “Yo supongo que en dos semanas más, tres, ya estará saliendo otra clase de papa y ya vendrá la papa nueva, y eso quizás baje un poquito los costos”, estimó.

Sin embargo, advirtió que una eventual baja no necesariamente llevará el precio a los valores de otros momentos. “Tampoco nos esperemos que vuelva a valer lo que valía antes de esto”, aclaró. Allí aparece otro componente: la situación económica de los productores y la necesidad de que el cultivo resulte rentable.

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Según explicó, ya se advertía que la papa no regresaría a los valores del año anterior porque el precio que se pagaba al productor había generado pérdidas. De esta manera, incluso cuando mejore la oferta, existen otros factores que pueden impedir que el producto vuelva a ubicarse en los niveles anteriores.

 La cebolla también siente el faltante

La cebolla completa el panorama de los productos básicos que actualmente llegan con precios elevados a las verdulerías. En Pergamino, el kilo se encuentra entre 2.400 y 3.000 pesos, de acuerdo con el comercio consultado.

La explicación guarda cierta similitud con la de la papa: menor disponibilidad y transición entre regiones productoras. La cebolla que llega en este período proviene principalmente del sur de la provincia de Buenos Aires y de Río Negro, pero esas existencias comienzan a agotarse.

“Es otro producto que también se elevó bastante y no hay de muy buena calidad”, explicó Mónica. La expectativa está puesta en la llegada de la cebolla santiagueña, aunque la comerciante anticipó que puede existir una diferencia tanto en calidad como en precio. “Hay como un bache hasta que salga la cebolla santiagueña, en donde por ahí es de inferior calidad y encima un poco más cara”, señaló.

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 La situación preocupa especialmente porque papa y cebolla son productos que forman parte de numerosas comidas y que, por su versatilidad, suelen tener una presencia constante en las compras familiares.

“Es preocupante porque son productos básicos que la gente utiliza un montón y la verdad es que se consumen mucho en épocas de crisis, como en este momento, que por ahí no hay tanta posibilidad económica”, reflexionó la verdulera.

 Las verduras de hoja, una alternativa

Frente a los aumentos, no todos los productos presentan el mismo comportamiento. Las verduras de hoja aparecen como una de las alternativas más accesibles para quienes buscan sostener el consumo de vegetales sin incrementar demasiado el gasto.

“Sí es buena opción las verduras de hoja, que ahora hay bastante y es económico”, explicó Mónica. El problema aparece cuando a esas verduras se les quieren sumar algunos de los ingredientes clásicos para completar una preparación.

El morrón también forma parte de ese grupo de productos que no encontraron un precio verdaderamente económico durante el año. Aunque su valor se mantuvo en un nivel intermedio, no llegó a convertirse en una opción barata. La combinación de papa, cebolla y morrón resulta habitual en numerosas preparaciones familiares, por lo que los aumentos tienen un efecto concreto en el costo de cocinar en casa.

 La fruta también tiene sus propios desafíos

Del lado de las frutas, el panorama presenta algunas diferencias. La temporada favorece el consumo de cítricos, que mantienen valores relativamente accesibles y permiten contar con una alternativa económica.

Sin embargo, quienes buscan productos fuera de temporada deben afrontar precios más elevados debido a su procedencia. Parte de esa mercadería llega desde España, Chile y Brasil, lo que incrementa los costos y limita las posibilidades de encontrar precios bajos.

“Por ahí la gente se cansa un poquito de consumir cítricos y quiere otra cosa, pero van a tener que esperar un poquito más porque todo lo que entra viene de España, Chile, Brasil, y son productos caros”, explicó Mónica.

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La manzana aparece como otra de las opciones disponibles, mientras que la banana atraviesa una situación particular. Las dificultades para el ingreso de la fruta procedente de Ecuador, su principal origen externo, provocaron una menor disponibilidad y un fuerte incremento en el mercado.

En el Mercado Central, el precio promedio de la banana aumentó casi un 56 por ciento en ocho semanas. El incremento se vinculó con las dificultades para el ingreso de fruta importada a través del paso de Chile, debido a los sucesivos cierres del Sistema Integrado Cristo Redentor, en Mendoza, por las intensas nevadas.

El cierre de la cordillera obligó a desviar camiones hacia pasos ubicados más al sur, generando recorridos más extensos, demoras y mayores costos logísticos. Ante la menor disponibilidad de banana ecuatoriana, los operadores incrementaron las compras procedentes de Paraguay y Bolivia.

Pero la sustitución no resulta sencilla para el consumidor. “Son de mucha inferior calidad y a la gente por ahí no le gusta malgastar o comprar algo que después lo termina desperdiciando”, explicó Mónica.

 Esperar que llegue la nueva temporada

Así, entre lluvias, cosechas demoradas, existencias que se terminan y mercadería que debe recorrer grandes distancias para llegar a las verdulerías, la compra cotidiana encuentra nuevos obstáculos.

La expectativa del sector está puesta principalmente en el recambio de temporada de la papa y en el ingreso de nueva producción que permita recomponer la oferta. Si las condiciones climáticas acompañan, en las próximas dos o tres semanas podría comenzar a observarse alguna modificación en el escenario.

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Mientras tanto, la papa continúa siendo uno de los productos que más pesa en la compra. La cebolla sigue el mismo camino y la banana suma su propia dificultad dentro de un mercado en el que los consumidores deben mirar cada precio y, muchas veces, elegir qué llevar y qué dejar para otra ocasión.

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