“Pequeña cuna, reina de nuestros corazones”: Pergamino celebra a la Virgen Niña
La comunidad de la Capilla Virgen Niña, perteneciente a la Parroquia San Roque, celebrará este martes la festividad de la Natividad de María con una misa. Los festejos centrales tendrán lugar el sábado.

Este martes, la feligresía católica volverá a encontrarse para celebrar a una de las advocaciones marianas que despierta una especial devoción: la Virgen Niña, cuya fiesta litúrgica se conmemora cada 8 de septiembre, en coincidencia con la celebración de la Natividad de la Virgen María.
En Pergamino, la comunidad que tiene a la Virgen Niña como patrona y guía prepara una serie de actividades para renovar la fe y compartir una celebración que forma parte de la vida del barrio Acevedo desde hace décadas.
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Martes y sábado
Bajo el lema “Pequeña cuna, reina de nuestros corazones”, este martes a las 18:00 se celebrará la Santa Misa en la Capilla Virgen Niña, ubicada en Siria al 1500. Será el primer encuentro de una celebración que tendrá su jornada central el próximo sábado.
Ese día, a las 15:00, los vecinos y devotos participarán de una caravana por las calles del barrio Acevedo, llevando la imagen de la Virgen y haciendo visible, a través de las calles, una devoción que se transmite de generación en generación.
Luego, a las 16:30, tendrá lugar la celebración de la Eucaristía, momento central de la jornada religiosa. La propuesta continuará por la noche: desde las 20:00, el templo será escenario de un festival folklórico en honor a la Virgen Niña, una celebración que conjugará espiritualidad, música y encuentro comunitario.
Así, la comunidad se prepara para honrar a María en su infancia, pero también para agradecer por la historia compartida y por la presencia de una capilla que, enclavada en el corazón del barrio, acompaña desde hace años la vida cotidiana de sus vecinos.
Una advocación con siglos de historia
La devoción a la Virgen Niña posee una larga historia dentro de la Iglesia Católica. La fiesta de la Natividad de María se celebra el 8 de septiembre, fecha que invita a contemplar a la Madre de Jesús desde sus primeros días de vida.
En 1251, el papa Inocencio IV extendió en toda la Iglesia el culto litúrgico a la Virgen Niña. Siglos después, en 1577, San Carlos Borromeo consagró solemnemente la Basílica de Milán, el conocido Duomo, bajo la advocación de la Natividad de María.
La historia de la imagen que se convertiría en objeto de especial veneración también se remonta a Italia. En 1730, sor Isabel Clara Fornari plasmó con sus propias manos la imagen de la Virgen Niña.
Las circunstancias históricas llevaron luego a que aquella imagen atravesara distintos destinos. En 1810, un Decreto Imperial dispuso la supresión de los monasterios y, en 1842, las religiosas Capuchinas debieron abandonar su convento. La venerada imagen fue entregada entonces a las Hermanas de la Caridad de las Santas Bartolomé Capitanio y Vicenta Gerosa, quienes la llevaron a la capilla de un hospital que dirigían.
Las vicisitudes de la guerra obligaron a ocultarla durante un tiempo en un desván. Finalmente, en 1876, la imagen fue trasladada desde el hospital de Ciseri hasta la Casa Madre de la Congregación en Milán, donde funcionaba el Noviciado.
El milagro que marcó su historia
Uno de los episodios centrales de la historia de la Virgen Niña ocurrió el 9 de septiembre de 1884.
Según la tradición vinculada a la devoción, una novicia llamada Julia Macario, gravemente enferma y afectada por una inmovilidad absoluta, pidió tener cerca la imagen. Después de besarla, recuperó sus movimientos, hecho que fue considerado el primer milagro atribuido a su intercesión.
A partir de aquel momento, la imagen, que se encontraba deteriorada por el paso del tiempo, adquirió —según la tradición— un aspecto renovado y resplandeciente.
Es la imagen que actualmente recibe veneración en el santuario construido junto a la Casa General de las Hermanas en Milán y que quedó como Patrona de la Congregación.
La historia en Pergamino
La devoción también encontró un lugar propio en Pergamino y, con el paso de los años, terminó convirtiéndose en parte de la identidad religiosa y comunitaria del barrio Acevedo.
Todo comenzó en 1982, cuando en la zona norte de la ciudad se inauguró el barrio UOM, un complejo habitacional integrado por 240 viviendas. La llegada de numerosas familias y la presencia de una importante cantidad de niños generaron nuevas necesidades comunitarias, entre ellas la creación de un espacio destinado a la catequesis.
Así surgió un centro de catequesis bajo la advocación de la Virgen Niña. En 1985, el primer grupo recibió el sacramento de la Comunión en las instalaciones de la Parroquia San Roque, comunidad a la que pertenece la capilla.
Por aquellos años, la parroquia se encontraba a cargo de la congregación scalabriniana. Poco después, a fines de 1986, el grupo de colaboradores de la Virgen Niña recibió una imagen llegada desde Milán, gracias a las gestiones realizadas por el padre Juan Baggio.
Como todavía no existía un espacio físico seguro y adecuado para conservarla, la imagen permaneció inicialmente en la Parroquia San Roque.
De una pequeña gruta al templo del barrio
Con el correr de los años, el compromiso de los colaboradores fue creciendo y la comunidad comenzó a soñar con tener un lugar propio para la Virgen.
La comisión de trabajo de Virgen Niña adquirió un terreno y allí construyó, en una primera etapa, una pequeña gruta. En ese espacio se colocó un cuadro con la imagen de la Virgen, donado por la artista pergaminense Norma Bertone.
La gruta fue bendecida por monseñor Castagna, quien visitó el lugar en distintas oportunidades mientras se encontraba al frente de la Diócesis de San Nicolás de los Arroyos.
El sueño de contar con una capilla comenzó a tomar forma concreta en 1996, cuando el padre Jesús Aparicio, junto a monseñor Mario Maulión, inició las gestiones para obtener un subsidio de Adveniat. Después de varias tramitaciones, los recursos fueron conseguidos y la comisión de colaboradores decidió emprender la construcción del templo.
Fueron años de esfuerzo, trabajo y compromiso comunitario hasta que llegó una fecha que quedó grabada en la historia de la comunidad: el 6 de septiembre de 1998.
Ese día, la capilla fue bendecida y declarada como tal por monseñor Mario Maulión. Bajo las órdenes del padre Danilo Vaccari, se concretó entonces el traslado de la imagen de la Virgen Niña desde la Parroquia San Roque hasta su nuevo hogar.
Desde entonces, la capilla de Siria al 1500 se convirtió en mucho más que un templo. Es un punto de encuentro para la comunidad, un espacio para la catequesis, la oración y la celebración de los sacramentos, pero también un lugar profundamente ligado a la vida cotidiana de los vecinos.
























