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Día del Director: una reflexión sobre el desafío de conducir una escuela en 2026

En el Día del Director y la Directora, una reflexión desde la Escuela Primaria 16 destaca el trabajo cotidiano, los desafíos y la importancia de conducir en equipo.

28 de septiembre de 2026 a las 10:18 a. m.
Día del Director: una reflexión sobre el desafío de conducir una escuela en 2026
La directora de la Escuela Primaria 16, María Elisa Duna. — Foto: LA OPINION

En el Día del Director y la Directora, que se conmemora este lunes 28 de septiembre, la titular de la Escuela Primaria 16 “General José de San Martín”, María Elisa Duna, compartió una reflexión sobre la tarea cotidiana de quienes conducen una institución educativa, sus responsabilidades, desafíos y la necesidad de construir equipos que acompañen.

La jornada invita a detenerse en una función que muchas veces queda asociada exclusivamente con la organización administrativa, la toma de decisiones y la resolución de los problemas que surgen en la escuela. Sin embargo, detrás de cada determinación existe una persona que debe escuchar, acompañar, mediar, establecer límites, responder ante las familias y sostener la tarea pedagógica.

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Duna propone mirar al director y la directora de escuela desde una perspectiva diferente: no desde la figura idealizada de quien siempre tiene respuestas, sino desde la realidad cotidiana de quienes deben conducir instituciones atravesadas por múltiples situaciones simultáneas.

“Hoy no quiero hablar del director ideal. Quiero hablar del director/a real”, plantea la reflexión, que describe una jornada en la que cualquier planificación puede modificarse varias veces antes de que termine el primer momento de la mañana.

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Un mensaje urgente, una familia que espera, un docente que necesita conversar, un estudiante que atraviesa una situación compleja, una reunión pendiente o una documentación que debe presentarse son algunas de las situaciones que pueden irrumpir en la agenda de quienes tienen a su cargo la conducción de una escuela.

Una función atravesada por desafíos

Ser director o directora en 2026 implica, según la reflexión, “habitar muchas escuelas al mismo tiempo”. Está la escuela que enseña, la que contiene, la que establece normas, la que escucha y la que debe responder ante situaciones que muchas veces comenzaron fuera de la institución, pero ingresan cada mañana junto con estudiantes y adultos.

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También está la escuela de las reglas y la de los imprevistos. En el centro de todas esas dimensiones se encuentra el equipo directivo, llamado a tomar decisiones y a responder por ellas aun cuando no existan soluciones perfectas.

La conducción escolar supone, además, convivir con miradas diferentes. Una intervención puede ser considerada excesiva, mientras que la falta de una respuesta inmediata puede ser cuestionada por quienes esperaban otra reacción. Establecer un límite puede generar críticas y contemplar una situación particular puede ser interpretado como una excepción.

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“Dirigir también es aprender a vivir bajo la mirada de los demás”, señala la reflexión.

Esa exposición cotidiana también tiene un costo. Hay decisiones que deben resolverse en pocos minutos, pero continúan siendo analizadas durante horas. Existen conversaciones que siguen presentes mucho después de cerrar la puerta de la Dirección y situaciones en las que no existe una respuesta ideal, sino la responsabilidad de elegir aquella que se considere más justa.

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Quienes contienen también necesitan apoyo

Uno de los aspectos centrales de la reflexión está relacionado con una dimensión que, muchas veces, queda relegada: quienes tienen la responsabilidad de contener a otros también necesitan ser contenidos.

Un director o una directora no deja de ser persona al asumir un cargo. También puede cansarse, dudar, sentirse en soledad frente a una decisión, cometer errores y necesitar que alguien le recuerde que no todas las responsabilidades deben recaer sobre sus propios hombros.

Desde esa mirada, la conducción de una escuela no debería descansar en una única persona. Para que una institución pueda afrontar sus desafíos, necesita equipos capaces de expresar opiniones, discutir alternativas y colaborar en la construcción de respuestas.

Docentes, secretarios, bibliotecarios, orientadores, auxiliares y todos los trabajadores de la comunidad educativa forman parte de una misma estructura. Cada función tiene su importancia y cada integrante puede contribuir a que las decisiones y las responsabilidades sean compartidas.

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También las familias cumplen un papel fundamental. El diálogo y la posibilidad de acercarse a la escuela para conversar antes de juzgar o condenar una decisión forman parte de una convivencia institucional que requiere participación de todos.

Del mismo modo, la reflexión plantea que los estudiantes también deben ser considerados protagonistas de la vida escolar, entendiendo que participar implica derechos, pero también responsabilidades.

Construir equipos para conducir

Trabajar en equipo no significa pensar de la misma manera. Por el contrario, supone aceptar que pueden existir diferencias sin que cada desacuerdo se transforme necesariamente en una confrontación.

Discutir una idea sin descalificar a quien la propone, compartir responsabilidades, pedir ayuda, reconocer errores y volver a empezar aparecen como aprendizajes necesarios para cualquier comunidad educativa.

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En esa construcción, el ejercicio de la autoridad también adquiere otro significado. La conducción no se limita a conseguir que todos obedezcan, sino a generar las condiciones para que diferentes integrantes de la comunidad quieran asumir responsabilidades en torno a un proyecto común.

La reflexión sintetiza esa idea al señalar que ningún cargo hace grande a una persona y que es la manera de ejercerlo la que puede contribuir a engrandecer una institución.

Los nuevos desafíos de la escuela

La escuela de 2026 enfrenta, además, transformaciones que obligan a revisar prácticas y formas de enseñar, aprender y comunicarse.

La inteligencia artificial ya forma parte de los debates educativos y modifica las maneras en que se accede a la información, se producen contenidos y se desarrollan determinadas tareas. Al mismo tiempo, las redes sociales permiten que un conflicto surgido dentro del aula pueda trasladarse rápidamente a una pantalla y regresar al ámbito escolar con una dimensión mayor.

Las nuevas formas de comunicación aceleran las demandas y las respuestas, mientras que las infancias y adolescencias llegan a las instituciones atravesadas por realidades familiares y sociales diversas.

Ante ese escenario, dirigir una escuela no puede reducirse a administrar recursos, organizar horarios o resolver cuestiones burocráticas. También implica pensar pedagógicamente, definir qué cambios son necesarios y qué aspectos de la institución deben preservarse.

La incorporación de tecnología representa uno de los desafíos de la educación contemporánea, pero no debería desplazar el encuentro humano que constituye una de las bases de la escuela.

La reflexión propone, en ese sentido, no perder de vista algo esencial: las instituciones educativas trabajan con personas y no solamente con matrículas, porcentajes o expedientes.

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Detrás de una inasistencia puede existir una historia que requiere ser conocida. Una conducta que genera dificultades puede esconder una situación que todavía no fue escuchada. Un docente agotado puede estar atravesando años de exigencias y responsabilidades que no siempre resultan visibles.

Y detrás de la puerta de la Dirección también hay una persona.

Autoridad, escucha y presencia

El trabajo de un director o una directora incluye numerosas tareas que no siempre son visibles: decir que no, mediar entre distintas posiciones, explicar decisiones, firmar documentación, escuchar reclamos, responder consultas y tomar determinaciones.

La jornada termina, pero muchas veces las preocupaciones vinculadas con la escuela continúan. Al día siguiente, la tarea vuelve a comenzar con nuevas situaciones y nuevos desafíos.

Por eso, la reflexión sostiene que no se necesitan directores perfectos, sino directores presentes. Personas capaces de ejercer autoridad sin autoritarismo, de escuchar sin renunciar a decidir y de reconocer que pueden no tener todas las respuestas.

También se destaca la importancia de formar equipos que puedan funcionar aun cuando quien ocupa la conducción no esté presente. Una institución sólida no depende exclusivamente de una persona, sino de la capacidad colectiva para sostener objetivos, acuerdos y responsabilidades.

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La conducción escolar, desde esta perspectiva, consiste en lograr que muchas personas puedan sentirse responsables de una misma escuela.

Un reconocimiento que sea colectivo

En el Día del Director y la Directora, la reflexión invita a evitar la idea de que quienes ocupan cargos directivos deben convertirse en héroes capaces de resolverlo todo.

El verdadero reconocimiento, plantea, debería estar relacionado con la construcción de escuelas donde las responsabilidades puedan compartirse, las críticas puedan convertirse en oportunidades de diálogo y nadie tenga que sostener en soledad aquello que corresponde afrontar entre muchos.

El mensaje también recupera el valor de las decisiones acertadas, pero reconoce aquellas que debieron ser revisadas. Pone en valor la capacidad de escuchar críticas y continuar trabajando, de sostener a otros incluso en momentos en los que el propio equipo directivo también necesita apoyo y de defender la enseñanza en medio de las múltiples urgencias de la vida escolar.

Abrir las puertas de la escuela cada mañana implica aceptar que no es posible controlar todo lo que ocurrirá durante la jornada. Sin embargo, también supone asumir la responsabilidad de estar, acompañar y tomar decisiones cuando sea necesario.

La reflexión concluye con una idea que resume buena parte del sentido de esta fecha: dirigir una escuela no significa tener todas las respuestas, sino contribuir a que nadie tenga que buscarlas en soledad.

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Este 28 de septiembre, el Día del Director y la Directora ofrece así una oportunidad para reconocer una tarea que combina conducción, responsabilidad pedagógica, escucha, organización y acompañamiento, pero que también necesita de una comunidad educativa dispuesta a compartir esfuerzos.

Porque una escuela se construye entre muchos y, en esa construcción cotidiana, también se sostiene a quienes tienen la responsabilidad de conducirla.

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