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Dengue, Zika y Chicungunya: enfermedades que exigen del saneamiento y el compromiso social

27 de enero de 2016 a las 12:00 a. m.

En las últimas semanas hablar de dengue, Zika y Chicungunya se ha transformado en una cuestión cotidiana. En los tres casos se trata de enfermedades virales potencialmente severas causadas por el mismo vector: el mosquito Aedes Aegypti, un insecto de costumbres domiciliarias que crece en lugares donde se acumula agua. Desde hace tiempo, y a raíz de un minucioso análisis de la realidad regional, el alerta no tardó en llegar, lo que ha exigido a las autoridades sanitarias extremar las medidas de vigilancia epidemiológica y el llamado a la conciencia social, por cuanto por las características de las patologías y la forma de transmisión -a través de un mosquito que pica a una persona infectada y al picar a otra le contagia la enfermedad- es necesario poner en marcha acciones de saneamiento ambiental y de cuidado tanto personal como comunitario orientadas a morigerar los impactos y posibles riesgos.

En rigor son enfermedades que han llegado para quedarse y lejos de que esta situación genere temores en la población, lo que exige es que todos los resortes del sistema sanitario estén aceitados de modo que se eviten muertes. 

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En este contexto, la  Fiebre Chicungunya parece aún un problema lejano, aunque los científicos que estudian esta enfermedad insisten en que no hay que relajar el alerta y alcanzar en tiempo y forma los diagnósticos diferenciales.

Con el dengue, en tanto, ya hay una epidemia en nuestro país y el Zika cada vez más se transforma en una amenaza a la luz de la advertencia que efectuó la Organización Mundial de la Salud respecto de que es un mal que alcanzará a toda América Latina y que en algunos casos  se asocia a malformaciones fetales que se investigan.

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Por estas horas y mientras se multiplican los casos de dengue en distintas provincias del país, confirmando que no se trata ya de un problema propio de provincias y ciudades cercanas a los límites con Paraguay o Brasil, toda la atención del sistema sanitario está en seguir la evolución del cuadro clínico de los pacientes al tiempo que evitar la cadena de contagio.

En este contexto, el movimiento turístico propio de esta época del año y la migración de muchos ciudadanos que viajan a distintas regiones donde se reportan casos de estas enfermedades, incrementa el riesgo y multiplica las posibilidades de que las patologías se propaguen.

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Si bien la Fiebre Chicungunya y el Virus Zika pueden resultar enfermedades “nuevas” para estas latitudes, el dengue es un mal conocido del que se habla hace tiempo y el riesgo de tener una epidemia era inminente. El fenómeno de las inundaciones en determinadas regiones y las condiciones ambientales que favorecen la proliferación del mosquito generaron el contexto propicio para aumentar el volumen de los casos y poner al sistema sanitario nuevamente en jaque.

Hay quienes aseguran que desde el punto de vista del saneamiento ambiental las acciones que se realizaron en la magnitud necesaria y que desde lo sanitario se relajaron los controles luego de años en que si bien se reportaban casos, no tomaban las dimensiones de epidemia y quedaban como aislados con focos en algunas zonas específicas. Hoy hay dengue a lo largo del territorio nacional y los medios de comunicación y reportes oficiales de las autoridades sanitarias dan cuenta de esta realidad. Ni siquiera la Capital Federal escapa a esta circunstancia, lo que demuestra que el dengue está entre nosotros, porque entre nosotros está el mosquito que transmite la enfermedad.

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A la luz de ello, lo que impera es la necesidad urgente de tomar las medidas que resulten necesarias. Algunas de ellas tienen que ver con el cuidado personal, lo que significa evitar las picaduras del mosquito: usar ropa apropiada, que cubra brazos y piernas, utilizar repelente y evitar estar al aire libre en las horas del amanecer o atardecer que es cuando hay mayor cantidad de insectos. A pesar de que la sucesión de casos, las sospechas y la aparición de personas con síntomas compatibles de estas enfermedades virales, suele generar temor, la recomendación de los especialistas es apelar a que la comunidad no pierda la calma. Por el contrario, la clave en escenarios de epidemia es tomar el control de la situación sin entrar en pánico.

Para ello es necesario que el común de la población reciba mensajes unívocos y claros respecto del actual cuadro de situación y su evolución. Al mismo tiempo que sepa que es un agente clave en la prevención de las enfermedades causadas por mosquitos. En este sentido urge que dejando de percibir estos problemas como lejanos, cada uno pueda asumir conductas responsables de autocuidado. También tomar algunas previsiones que tienen que ver con lo comunitario y que apuntan a eliminar todos aquellos elementos que puedan facilitar la proliferación del mosquito.

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Como pasa generalmente con las enfermedades transmitidas por agentes que están vivos en la naturaleza, se transforman en “no erradicables”. Controlarlas es una tarea compartida que deben hacer autoridades y comunidades. Sobre todo sabiendo que cuando por alguna razón estas medidas no se ponen en marcha la virulencia con la que ocurren los casos, la forma en que se multiplican y la capacidad de diseminación que tienen a escala de territorios enteros, ocasiona riesgos que podrían evitarse con acciones articuladas y coordinadas.

A la par de las cuestiones vinculadas a lo asistencial y preventivo, frente a la amenaza, lo que queda por delante es una tarea sostenida de investigación y generación de conocimiento que en el futuro posibiliten el hallazgo de formas de abordar estas enfermedades más allá de la contingencia y urgencia que imponen los brotes. En este sentido Pergamino es un centro de referencia, porque aquí funciona el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas, “Doctor Julio Maiztegui”, una institución que coordina el estudio y seguimiento de estas enfermedades y que cuenta con profesionales que han estudiado estas patologías y que han conseguido armar un trabajo en red que tiene a la ciencia al servicio del conocimiento y de la búsqueda de soluciones que nos acerquen a la posibilidad de controlar aquello que está en la naturaleza y que no abordado apropiadamente se transforma en una amenaza para todos. Con imprevisibles consecuencias.

 

 

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