Claroscuros del puntero puestos a la luz pública
El haber encarcelado a la militante social jujeña Milagro Sala abrió la puerta a un tema mucho más amplio que su situación, que tampoco eludiremos, referida a la utilidad y necesidad de la existencia, en estos días, del clásico puntero, alimentado por el Estado para mantener un sector de vecinos comprometidos con un político.
En principio y más allá de que los kirchneristas hicieron marchas a favor de Salas y los legisladores radicales apoyaron a Gerardo Morales, las razones por la que fue detenida no resultan válidas toda vez que está presa por una protesta de acampe. El gobernador actual, siempre enfrentado a Salas, dice tener denuncias fuertes contra la dirigente, cuya obra de viviendas está a la vista, pero esto se debe dirimir en la Justicia y no a manera de vendetta personal, transformando en mártir a una dirigente social con una prisión floja de papeles.
Las mas leidas de Opinión
Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
La naturalización de la pobreza en los actos de gobierno
La compleja situación económica y la falta de unidad
Uso de redes en los más chicos: sin posturas radicales, nutrirse de saber para acompañarlos
Salir de la intolerancia, la trampa de este vertiginoso Siglo XXI
La situación se ha ventilado en todos los medios de comunicación, unos defendiendo a la dirigente, otros con durísimos ataques. Y el tema termina por transformarse en un dolor de cabeza para Cambiemos, teniendo a Milagro Salas presa por razones políticas, porque el problema de la Tupac Amaru debe solucionarse como decía Perón con tiempo y sin sangre. Pero Morales, a quien le han apedreado la casa más de una vez, tiene, como se dice vulgarmente, la sangre en el ojo.
Hechas estas necesarias aclaraciones y ya en el plano general, los punteros de quienes muchos hablan pero en realidad no conocen en profundidad de qué se trata, es una versión a la que recurrió la política para que intermedie entre las autoridades y los sectores de menores recursos, así los planes sociales se distribuían en los barrios a través de una figura cuyo poder crecía en el sector. A cambio, cuando había una movilización, el puntero debía llevar a los actos a todos los que referían beneficio de su mano. Obviamente que esta situación terminó prestándose a todo tipo de corruptelas (sacarles a todos los beneficiarios alguna porción del plan para mantener la organización), no entregar planes a quienes no les respondían en el plano político. También ha habido abusos de poder de estos personajes que, amparados en lo que les da el Estado, hacen y deshacen a su gusto. Pero con el paso del tiempo se fue ampliando este clientelismo a entidades como sindicatos, Madres de Plaza de Mayo o la Tupac Amaru por mencionar algunas, para que por su intermedio se construyeran viviendas, universidades, comedores. Muchas de estas aventuras salían bien y otras mal. Porque los fondos los pone el Estado pero lo administran terceros privados. Es una tercerización por parte del Estado, que es muy cara en lo económico y lo político. El mayor rédito se lo lleva el agente tercerizador, que capitaliza para sí la voluntad de quien recibió de su mano (aunque el dador es en realidad el Estado) la casa, la bolsa de comida, etcétera. Al fin, el Estado no necesita a estas personas desde el punto de vista de la ejecución mucho menos hoy en día con la agilidad de las comunicaciones y la sistematización de datos-, pero al Gobierno de turno siempre les son funcionales por la presunción (no siempre cumplida) de un caudal de votos que cada uno tiene en cartera y destina al mejor postor.
Comprobado queda que no hay necesidad de intermediación operativa con el exitoso sistema que instauró el kirchnerismo con la Asignación Universal por Hijo (AUH), por el que cada mujer o jefe de familia se inscribe en Anses para recibir el beneficio y si procede, cobra en el Correo o el Banco Provincia. No hay intermediarios y ningún beneficiario le debe el favor a ningún puntero. Además, el Estado cuenta con una base de datos certificada de las necesidades a cubrir, y las cubre de manera directa, evitando los efectos no deseados del puntero y ahorrándose unos cuantos pesos que quedarían en el camino. Este programa fue un salto cualitativo muy importante porque demostró que en estas épocas, el puntero no es necesario e incluso termina por resultar contraproducente. Esta misma base de datos se utilizó para que el precio de la garrafa social se aplicara directamente al universo incluido en la asistencia del Estado y no fuera aprovechado por los vivos que nunca faltan, que se llevaban las escasas garrafas disponibles, a este precio para sus suntuosas casaquintas de la zona rural.
Por ese esquema de intercambio de beneficios y favores (con calidad de obediencia debida), ninguna organización tenía la capacidad de movilización de la Tupac Amaru, que en minutos reunía un amplísimo sector para cualquier protesta, acto o viaje a Plaza de Mayo. Milagro Sala es, es realidad, un producto que el Estado generó y que terminó teniendo más apoyo (y más poder) que el gobernador de Jujuy, Eduardo Fellner, que también era del Frente para la Victoria. Así y todo, en las elecciones generales ganó Cambiemos en Jujuy, porque el padrón de la organización resultó menor a los votos sacados por el oficialismo. Este es un indicativo que muchos se sumaban a la Tupac para poder recibir beneficios, pero no coincidían con la conducción. ¿Es Milagro Sala culpable? No solamente, porque en realidad la responsabilidad es del Gobierno nacional que prefirió delegar su rol primario de asistencia al ciudadano en una dirigente y una organización.
Es así como no todas las rendiciones de cuentas por planes de viviendas han sido bien hechas, hay dinero que ha quedado en el camino, claramente y también es cierto que hay programas habitacionales que están a la vista de todos porque se realizaron. Nos referimos a la vivienda social, la de aquellos sectores que no pueden pagar un crédito, ni siquiera como el Procrear. Esta también fue una buena experiencia, se inscribían las familias en el Anses y se sorteaban. Sin intermediarios; del Estado al soberano, como debe ser.
La realidad es que no podemos poner la responsabilidad de los errores en el puntero, es el Gobierno el que debe distribuir las ayudas sociales de manera transparente y a través de funcionarios a los que se les pueda reclamar penalmente si cometen errores o abusos, no a particulares que, porque son del palo, son los encargados de entregar beneficios en un barrio, al que terminan manejando a fuerza de chequera. Lo que termina, en muchos casos, por irritar a los vecinos, que se sienten prisioneros de ese puntero, que ofrece pero exige.
Todos los partidos políticos han tenido sus punteros, sin embargo la modernidad va marcando nuevos tiempos y lo cierto es que a un dirigente se lo vota si mejora la vida de la gente o se le da la espalda si está peor. Los punteros han demostrado no ser la clave de triunfos y derrotas, debieran hacerse cargo los candidatos de hacer las cosas bien cuando les toca gobernar y dejar de inventar a personajes que luego se transforman en parte del problema y no de la solución.













