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Identidad de género: el respeto a la diversidad se impone como condición de una sana convivencia

07 de octubre de 2018 a las 12:00 a. m.

En el discurso público del país, en la realidad e incluso en la ficción, la diversidad y el respeto a la identidad de género parecen haberse impuesto desde hace tiempo. Sin embargo, lo que abrió un horizonte hacia la equidad, aún encuentra en ciertos rasgos discriminatorios un obstáculo difícil de sortear. Quizás porque a estas cuestiones subyacen otras asociadas a creencias profundas de la propia sociedad que tiene dificultades para aceptar las diferencias en cualquiera de sus matices, vulnerando así el reconocimiento de derechos.

Hace un tiempo, la ley de matrimonio igualitario y la de identidad de género, representaron precedentes que pusieron al país a la vanguardia en materia de inclusión. Sin embargo, a pesar de las batallas ganadas en este terreno, quedan aún muchos derechos por legitimarse y una ardua tarea que realizar para que alguno de ellos encuentre su correlato en la realidad, produciendo un quiebre en discursos que arraigados en creencias conservadoras parecen oponer resistencia.

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En la consideración popular, si bien hay prejuicios que se han roto, queda mucho camino por transitar. Y esto se pone en evidencia cada vez que a la par que aparecen marcos normativos y debates que intentan modificar paradigmas, sobreviven ideas que se expresan en un discurso homofóbico fuertemente discriminatorio que se traduce en insulto y confrontación. Entre los militantes por las causas de la diversidad y quienes se oponen a aceptar la libre elección sexual de las personas, hay un amplio carril por el que transita una importante porción de la sociedad que aún  mantiene cierta indiferencia, lo que profundiza la inequidad que sufren las minorías.

Si bien Pergamino es una ciudad que ha avanzado significativamente en el establecimiento de acciones y políticas públicas basadas en el respeto a la diversidad, tiene también otra realidad signada por la visión de aquellos que, lejos de comprender las decisiones individuales de las personas y estilos de vida, discrimina. Claroscuros de una comunidad llena de matices. Deseosa de evolucionar, al tiempo que arraigada a creencias por las que se filtran actitudes reprochables de intolerancia e incomprensión. En definitiva, contradicciones que es necesario salvar para crear espacios propicios de sana convivencia.

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Por estos días,  lo que sucede con la apertura del cupo laboral trans- para permitir el ingreso al mercado laboral de personas pertenecientes al colectivo Lgtbi- es, al tiempo que una promesa de avance, una muestra  de las discrepancias que hay en el seno mismo de la comunidad en torno a este tema. Por un lado, el Concejo Deliberante dio tratamiento y aprobó por unanimidad la iniciativa impulsada por la Asociación Civil Diversidad Pergaminense y el área municipal de Diversidad para adherir a la ley provincial vigente;  y por el otro, son muchos los testimonios de personas que integran este colectivo social que aseguran ser severamente discriminadas por su condición cuando pretenden acceder  a un empleo en distintos ámbitos, tanto públicos como privados. Algo que evidencia que más allá de cualquier iniciativa oficial, existe en la sociedad una mirada prejuiciosa que lesiona.

Desde el punto de vista legislativo, el Concejo Deliberante dio un paso importante en la tarea de institucionalizar y generar el contexto para que el Departamento Ejecutivo pueda abrir estos espacios y brindar la posibilidad de trabajo. A punto de partida de esta decisión, las autoridades locales tienen en sus manos la posibilidad de viabilizar esta iniciativa en coincidencia con lo que establece la ley provincial.

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Si el Departamento Ejecutivo no opone negativa y habilita el cupo -extraoficialmente se sabe que el Municipio tiene intención de abrir tres por año-, la ciudad habrá avanzado un poco más en la integración de un grupo social que parece invisible para el resto de la comunidad. Y si bien es cierto que la discriminación no terminará por ello, sí es real que se abrirá una puerta que quizás invite a otros a copiar la iniciativa. En la actualidad, las personas trans suelen no tener acceso a trabajo digno. Caen en el mercado informal o en la prostitución, en algunos casos por elección, y en otros como último recurso de subsistencia. Pero hay nuevas generaciones para las cuales se pretende otro destino. Y hay una fuerza que busca crear desde las instituciones el espacio propicio para que eso ocurra.

Ahora bien, lo que sucede con la discriminación en términos laborales, se expresa también en otros  ámbitos como el educativo y el sanitario, donde las instituciones parecen no estar  del todo preparadas para afrontar los dilemas y desafíos que propone la diversidad. En el terreno de la educación, si bien el tema está presente en la capacitación y el debate,  resta fortalecer estrategias que posibiliten, por ejemplo el abordaje apropiado de las infancias trans, cada vez más presente en la geografía de las aulas.

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En el campo de la política sanitaria, salvando honrosas excepciones como el funcionamiento del Consultorio Amigable donde se asiste a pacientes con VIH y otras infecciones de transmisión sexual y se brindan servicios de asesoramiento y atención a personas que no poseen cobertura social y desean iniciar el proceso de cambio de género,  el derecho a la salud es muchas veces violentado a causa de la indiferencia del propio sistema que muestra cierta resistencia para abrirse, ya sea por falta de capacitación o por la voluntad de perpetuar un modelo hegemónico con poco margen para lo diverso.

En reiteradas ocasiones, el relato de quienes están en esta situación de sentirse discriminados por su condición de género han señalado públicamente la necesidad de que los reconozca en derechos que no son distintos a los del resto de la ciudadanía, aunque todavía deban reclamarse.

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Como contracara de los logros alcanzados fruto de una militancia sostenida, persisten actitudes que perpetúan retrocesos. La violencia sigue ejerciéndose y cuando se expresa lo hace sin piedad. En los últimos días a nivel local se conocieron varios episodios claramente homofóbicos que resultan repudiables. Uno se dio en el ámbito deportivo y mereció las sanciones correspondientes; y el otro ocurrió en la vía pública, donde un hombre increpó a una pareja de jóvenes por su elección sexual. Ambos hechos muestran una clara intolerancia y contradice los legítimos avances conseguidos, encendiendo  una señal de alerta que marca lo mucho que resta crecer socialmente para dejar de lado los prejuicios.

Es la lucha legítima en el marco de las instituciones, la que abre un universo de posibilidades capaz de sensibilizar gobiernos y visibilizar problemáticas que de otro modo permanecerían veladas a los ojos de la sociedad empeñada en no ver.

En este contexto a través de debates maduros y conscientes, ejercitar la tolerancia poniendo las diferencias bajo un lente que habilite una mirada más comprensiva e inclusiva es una tarea urgente.

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