La narcocriminalidad en el centro del debate electoral, algo que va más allá de Santa Fe
El narcotráfico tiene en Argentina como epicentro a la provincia de Santa Fe, más específicamente a la ciudad de Rosario, pero la problemática no es privativa solo de ese lugar. Por el contrario, hay muchos lugares que experimentan las consecuencias directas e indirectas de ese flagelo, que corroe a la sociedad que comienza a vivir una guerra en tiempo real, sin tener a su alcance los instrumentos para combatir aquello que la aniquila en su esencia. De este modo se naturalizan situaciones, sin que quienes sí tienen la responsabilidad de instrumentar políticas efectivas, tomen reales cartas en el asunto.
La droga y el crimen organizado están causando estragos en personas y familias, pero también generan enormes negocios que encuentran complicidades en distintos estamentos del propio poder. Eso los vuelve problemas de muy difícil solución que exigen de pericia y coraje. Algo que no siempre pareciera abundar en el terreno de la política que se transforma en actor principal, ya que o lo combate o se transforma en cómplice por acción u omisión.
Las mas leidas de Opinión
Salir de la intolerancia, la trampa de este vertiginoso Siglo XXI
Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
Matemática, a marzo
El plan es durar y que le explote al que sigue
Donación y trasplante de órganos: cuando la validez de una política pública se impone por su propio peso
En tiempos electorales, esta temática ocupó la centralidad del debate en la provincia de Santa Fe, donde se realizaron las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias el pasado domingo. No hubo intervención de los candidatos oficialistas y opositores que no tuviera esta cuestión en su eje medular. Por esta razón es que los resultados de este proceso electoral primario aparecen como un termómetro que expresa lo que le sucede a la sociedad respecto de esta cuestión.
El peronismo hizo en Santa Fe una de sus peores elecciones y la derrota fue histórica. Lo que puede leerse como un claro mensaje de la ciudadanía y un castigo a la dirigencia fruto del hartazgo de sentir que quienes gobiernan no encuentran caminos reales de solución frente a aquello que les está arrebatando la vida. Ya no es solo la inseguridad, sino la compleja trama del narcomenudeo inserta en todos los rincones de la ciudad de Rosario y sus alrededores, con sus códigos y sus sangrientas consecuencias, lo que todo el tiempo pone en juego la vida. Y en las urnas la sociedad dijo basta.
Sin embargo, aunque votó mayoritariamente a los candidatos de la oposición en las Paso, también a esos líderes la ciudadanía les dio un mensaje. No alcanza con discursos grandilocuentes que prometen soluciones en slogans de campaña que tienen un fuerte impacto en el marketing. Entre las opciones y a pesar de todo lo que se dijo durante el proceso electoral, una parte mayoritariamente de la sociedad santafesiona optó por cierto grado de experiencia en la gestión de la seguridad. Este no resulta un dato menor al análisis y exige a todo el abanico opositor desandar el camino de las duras acusaciones pronunciadas y tomar una posición clara que de cara a las elecciones generales no se traduzca solo en el intento de "no perder el caudal de votos conseguidos en las Paso" sino de proponerle a la sociedad un programa real para dar batalla al narcotráfico y erradicar la narcocriminalidad del territorio santafesino.
Oficialismo y oposición tienen una enorme tarea en Santa Fe. Quienes gobiernan deberían leer este primer testeo electoral como un parámetro para delinear políticas capaces de robustecer el sistema de seguridad y atacar fuertemente la narcocriminalidad sin más demoras.
La fuerza opositora, en tanto, está llamada a conciliar posturas que hasta aquí le han planteado a la ciudadanía caminos antagónicos para dar solución a un problema común. El candidato que resultó ganador en la interna, Maximiliano Pullaro, fue ex ministro de Seguridad de la Provincia, y eso de algún modo fue ponderado por el electorado. Su contrincante, la periodista Carolina Losada lo acusó de tener complicidades con el narcotráfico en la Provincia y aseveró que a ambos los separa "una grieta moral".
De cara al camino que resta transitar hasta las elecciones generales y al enorme desafío que deberán asumir si finalmente se transforman en oficialismo en la Provincia el interrogante que surge es cómo se salvarán esas distancias. No alcanza ya con meros discursos, tampoco con golpes de efecto para seducir a una ciudadanía cansada de lidiar con la inoperancia y la impotencia del poder frente a los narcos.
Oficialismo y oposición deberán revisar sus propios mensajes, pero más allá de ello, deberán indagar en sus propias convicciones respecto de esta problemática que se cobra vidas todos los días. Las peleas entre bandas se han transformado en la moneda corriente, como también el amedrentamiento a empresarios, medios de comunicación, comerciantes y a la propia ciudadanía que vive amenazada y ve con espanto como el narcomenudeo capta a los más jóvenes y los transforma en "soldados de la droga" por dinero o por recursos para mantener su propia adicción al consumo de sustancias.
El problema es lo suficientemente grave y sus consecuencias sangrientas como para agotar el debate y la propuesta a promesas de campaña electoral. Se requiere de madurez política y de una alta cuota de responsabilidad para asumir el desafío de desterrar de la sociedad santafesina el principal mal que la aqueja. Y quienes asuman hacerlo deberán saber que el flagelo no se reduce a su propia geografía, que lo que sucede en la provincia de Santa Fe es un espejo de lo que ocurre en otros lugares y que las acciones y los dichos están siendo mirados con suma atención e interés por buena parte de una sociedad argentina harta de los resortes del poder que han permitido la introducción del narcotráfico en sus territorios. Y que con cansancio, pero también con esperanza, deposita en sus representantes la facultad de transformar, de una vez por todas, la historia. Rosario y Santa Fe, son la punta del iceberg sobre este tema en Argentina y el conjunto de la dirigencia política debe ser clara ante la narcocriminalidad: o la combate y la arranca de cuajo de sus sociedades o se transforma en cómplice con el altísimo costo que eso tiene. No hay más dilaciones posibles.













