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Donación y trasplante de órganos: cuando la validez de una política pública se impone por su propio peso

03 de febrero de 2024 a las 12:00 a. m.

En el inicio del año 2024, las estadísticas difundidas por el Instituto Nacional Central Unico Coordinador de Ablación e Implante (Incucai) respecto del comportamiento que tuvo la donación de órganos durante 2023 es la ratificación de la conciencia ciudadana respecto de la importancia de la donación de órganos, al tiempo que del funcionamiento ejemplar de una política pública que durante los últimos meses se había puesto en discusión en el contexto del debate electoral.

El organismo informó que, durante 2023, 4.264 pacientes en lista de espera recibieron un trasplante, de los cuales 2.143 fueron de órganos y 2.121 de córneas. Asimismo, destacó que los trasplantes fueron posibles gracias a la concreción de más de 1.700 procesos de donación.

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De las 2.143 personas que recibieron un trasplante de órganos, 1.821 lo recibieron de donantes fallecidos y 322 de donantes vivos. En total se realizaron 1.534 trasplantes renales, 425 hepáticos, 107 cardíacos, 27 pulmonares, 26 renopancreáticos, 16 hepatorrenales, 3 pancreáticos, 2 cardiorrenales, 1 cardiopulmonar, 1 hepatointestinal, 1 intestinal y 2.121 trasplantes de córneas. Cabe destacar además que entre los pacientes que recibieron un trasplante el año pasado, 331 fueron pediátricos.

Desde el Incucai subrayaron que la realización de estos trasplantes fue posible gracias a la concreción de 1.763 procesos de donación: 816 procesos de donación con diagnóstico de muerte encefálica y 947 con parada cardiorrespiratoria, realizados en todo el territorio nacional: Provincia de Buenos Aires (543), Ciudad Autónoma de Buenos Aires (150), Misiones (120), Corrientes (114), Santa Fe (112), Córdoba (110), Mendoza (104), Neuquén (74), Entre Ríos (69), Tucumán (57), Santiago del Estero (56), Jujuy (52), Río Negro (41), San Juan (27), Salta (26), Catamarca (23), San Luis (21), Chaco (18), La Rioja (12), Chubut (11), La Pampa (8), Tierra del Fuego (7), Formosa (5), y Santa Cruz (3). De estas cifras se deduce que la tasa a nivel nacional en 2023 fue de 17,5 Donantes de Órganos por Millón de Habitantes (Dpmh). 

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Otro dato saliente que se desprende de los datos difundidos por el Incucai es el que refiere que durante 2023 se alcanzó un récord de trasplantes de médula ósea realizados con donantes no familiares. A través de la intervención y gestión del Registro Nacional de Donantes de Células Progenitoras Hematopoyéticas para la búsqueda de donantes y la procuración, el año pasado se realizaron en total 182 trasplantes de médula ósea, 42 más que los concretados en 2022. Del total de trasplantes realizados, 52 fueron con donantes argentinos y 130 con donantes de Alemania, Estados Unidos, Chile, Israel, Polonia, Inglaterra, Turquía, España, Brasil, Suiza, Italia, Holanda, Eslovenia, Gales, Canadá, Arabia, Australia, Luxemburgo, Grecia, Portugal y Singapur.

Los donantes voluntarios de nuestro país permitieron que puedan trasplantarse 104 pacientes argentinos y de Estados Unidos, España, Italia, Alemania, Uruguay, Brasil, Portugal, Reino Unido, España, Francia y Grecia.

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Las estadísticas por sí solas tienen impacto y cobran mayor relevancia aún si se considera que detrás de los números subyace una trama de solidaridades, conciencia social, pericia médica y fundamentalmente transparencia. Detrás de cada operativo de procuración, ablación e implante de órganos hay vidas y una silenciosa tarea que ponen en marcha los equipos de salud y que se sostienen sobre los pilares de lo que constituye una política pública en su máxima expresión.

La donación de órganos no reconoce clases sociales, no se rige por las reglas del mercado ni está sujeta a los avatares de la política. No puede estarlo, aunque se haya intentado colocarla entre las variables de modificación de las cuestiones estructurales del país cuando se pensó en implementar cambios que prometían el cierre del Incucai, y la desarticulación de un sistema que funciona. A la vista están los resultados que no tienen que ver con uno u otro gobierno. Tienen que ver con la política sanitaria bien entendida y sostenida independientemente de cualquier color partidario.

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La donación voluntaria de órganos y el sistema de procuración, ablación e implante que rige en Argentina es de las políticas públicas en materia sanitaria que demostrado no solo más eficacia en términos de la posibilidad cierta de salvar vidas, sino que mayor consenso ha logrado en la población. Y si esto ha sucedido en un contexto en el que mucho de lo que proviene de lo público es por lo menos cuestionado es porque está sostenida en la transparencia. Los fantasmas en torno al tráfico ilegal de órganos quedan reservado a la leyenda urbana y a relatos más propios de la ficción fantástica que a las posibilidades ciertas de la ciencia de llevar adelante procedimientos de tan alta complejidad por fuera de la legalidad. 

No hay en el país lugar para cuestionar lo que sí funciona. Y los registros correspondientes al año 2023, que no difieren demasiado de lo que venía sucediendo en períodos anteriores, como consecuencia de la legitimidad que tiene una política pública que compromete a la sociedad con su prójimo y que exige del sistema de salud y sus actores una responsabilidad supina.

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Las estadísticas y lo que representan en términos reales, son la contracara de la disparatada propuesta ideológica de "abrir un mercado de órganos" considerando a este como "un mercado más".

En Argentina, la venta de órganos está prohibida y, gracias a una ley sancionada en 2018, toda persona mayor de 18 años es posible donante de órganos o tejidos, salvo que haya dejado constancia expresa de lo contrario. Además, existe una lista de espera única en todo el país para cada tipo de órgano, controlada y fiscalizada por el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai), y la distribución y asignación de órganos y tejidos se realiza mediante un sistema informático basado en criterios médicos preestablecidos que tienen en cuenta, principalmente, la gravedad del paciente, la compatibilidad entre donante y receptor y el tiempo en lista de espera.

Las cosas caen por su propio peso, y a la vista está el resultado de las acciones cuando se despojan de la ideología que posiciona a uno en contra de otros, y por el contrario los acerca para construir un camino común. La donación voluntaria de órganos y todo lo que implica es una muestra cabal de eso.

Resulta casi inimaginable que un sistema que funciona con esta dinámica pueda manejarse con las lógicas del mercado, pero no por una cuestión ideológica sino porque supone un complejo engranaje que en el país está dotado de un atributo que es sustancial: la transparencia.

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