Davos, la primera vidriera de la era Macri al mundo
La actividad de Mauricio Macri en Davos tiene múltiples lecturas, empezando por el acompañamiento de Sergio Massa y sus efectos en el peronismo, tema que merece análisis aparte. El de hoy apuntará a la cumbre en sí misma y los efectos que pretende traer.
La presencia de tantos jefes de Estado, diplomáticos y empresarios le permitió reu-nirse con más referentes del poder político y económico de lo que hubiera podido hacer en cualquier otra gira presidencial. Ese es el sentido de participar en este tipo de cumbres, por eso siempre es bueno asistir. En este caso, el resultado puede ser evaluado como positivo más allá de las eventuales futuras concreciones- porque el objetivo principal era capitalizar lazos que nos ayuden a reconvertir tantos años acumulando la mayoría de las desventajas del aislamiento internacional. Esto trasciende las ideologías y las recetas económicas. Es más, cualquier acuerdo comercial o político que pueda devenir deberá ser avalado por el Congreso y será entonces cuando oficialismo y oposición deberán convenir los síes y los noes. Pero para que estas posibilidades existan para la Argentina, lo primero es lo primero: estar, presentarse, dar a conocer actualidad y perspectivas del país, en fin, hacer las gestiones conducentes a traer nuevas oportunidades productivas y de empleo.
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No obstante esta tarea, a la que se llama habitualmente lobby y que por lo general se realiza tras bambalinas, en paralelo al encuentro formal y de la mano de los sectores pertinentes, como veremos, lo que sobresale de esta visita argentina a Davos es el encuentro de Mauricio Macri con el vicepresidente Joe Biden y el comienzo del deshielo con los Estados Unidos.
La relación de la Argentina con la principal potencia planetaria, que ha logrado resistir el desafío económico de China y las incursiones violentas del fundamentalismo sostenido en su liderazgo tecnológico, había quedado rota tras el default de 2001 y el coqueteo del kirch-nerismo con Venezuela e Irán. A tal punto llegaron la frialdad y los gestos de distanciamiento con EE.UU. que Barack Obama jamás recibió a Cristina en sus ocho años de gestión.
El desafío de Macri, quien eligió a su adversario reciente Sergio Massa como acompañante estelar y fue la mejor señal de una nueva realidad argentina, es estructurar con los Estados Unidos un vínculo más sólido, más responsable y sin los modismos bananeros que tuvo el que lideró Carlos Menem en la década del 90. El mundo moderno exige a países en vías de desarrollo como la Argentina una posición alejada de cualquier tipo de alineamientos automáticos, serviles y funcionales. La ecuación de las relaciones es ahora gana-gana: ambas partes tienen que resultar favorecidas y a un costo-beneficio razonable. Y un encuentro cordial con el vicepresidente de Estados Unidos en este momento en particular cumple con esa premisa ya que podrá facilitar sin dudas una resolución exitosa de la compleja negociación con los fondos buitre y liberar la llegada de algunos créditos necesarios para recomponer la infraestructura deficitaria del país. ¿O acaso cómo se podría salir de la crisis energética y la obsolencia de los servicios si no es con inversión extranjera? Ya sabemos que solos no podemos, de lo contrario se hubiese hecho, en lugar, por ejemplo, de importar gas de Bolivia.
El otro costado de este tipo de encuentros mundiales es el que protagoniza el sector privado, que también necesita inyectar capitales para acrecentar su capacidad productiva o de explotación de recursos naturales, lo que redundará en la generación de más puestos laborales. Es de mente acotada pensar que sólo se trata de empresarios que son ungidos para tener la oportunidad de hacer más dinero.
Quienes esta vez viajaron con Macri e hicieron su lobby son empresarios que pertenecen a sectores estratégicos, como el energético, siderúrgico, financiero y real estate (inversión en construcción e inmobiliaria). La ocasión resultó propicia para reposicionarse en el mapa económico mundial pero, sobre todo, aceitar el diálogo con el presidente Macri. Para el Gobierno, la participación de cada uno puede ser decisiva en su contacto con inversores debido a que la ola de despidos comienza a extenderse al sector privado y el desempleo se instala en la agenda política.
Los directivos que acompañaron a Macri tienen un gran peso específico: Mario Blejer (Banco Hipotecario), Carlos y Marcos Bulgheroni (Bridas), Martín Eurnekian (Corporación América), Enrique Pescarmona (Impsa), Eduardo Elsztain (Irsa), Sebastián Bagó (Organización Bagó), Marcelo Mindlin (Pampa Energía, la compañía energética más grande del país) y Rodrigo Teijeiro (RecargaPay).
Aparte de las reuniones protagonizadas por estos embajadores comerciales de estos, la agenda de 35 reuniones que mantuvo Macri también incluyó algunas con empresarios y banqueros de distintos puntos del globo; en este caso no para cerrar algún negocio sino para mostrarles el nuevo rumbo político y económico que está tomando la Argentina. Era sumamente necesario dar de primera mano las garantías de seguridad jurídica para que los inversores ávidos de economías emergentes posaran su mirada en nuestro país. Hasta diciembre Argentina era una opción vedada por muchas razones, pero principalmente por la más ilógica de todas: una empresa extranjera no podía girar a su matriz sus márgenes de ganancia por la vigencia del cepo. Era importante ir para decir que ya no más de ello. Y tal vez por este motivo es que Cristina Kirchner jamás le encontró el sentido de participar: ¿qué iba a decir sobre las oportunidades en Argentina? ¿Cómo atraer cepo mediante? Eso, además del matiz ideológico que siempre le quiso imprimir el kirchnerismo a este tipo de foros, cuando en realidad se trata de vidrieras para lograr lo que cada presidente necesita para su país, como lo hizo en su momento el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, cuando se convirtió en toda una sensación.
Si bien el propio presidente se encargó de llevar el nuevo mensaje argentino a los líderes del mundo, haber tenido en la comitiva un grupo de ejecutivos del ámbito corporativo que oficiaran como voceros del cambio de clima y de rumbo que está experimentando el país, resultó ser un plus muy valioso. Una señal de lo positivo que resultó el viaje la dio Mario Blejer, quien fuera asesor de Daniel Scioli y representante del Banco Hipotecario. El asiste a Davos desde hace ya 15 años y respecto de esta edición dijo: Nunca antes tuve tantas invitaciones para hablar. Y mencionó que habló con los responsables de importantes empresas como Unilever, Price, Itaú y McGrawHill.
Algunos efectos del encuentro ya se empiezan a vislumbrar: Macri anunció inversiones por 20.000 millones de dólares para este año en infraestructura; se trata de aportes extranjeros para puertos, gas y energía. Y dijo en fluido inglés al medio de noticias financieras Bloomberg: Necesitamos empresas importantes del mundo para financiar y construir carreteras, puertos, vías navegables, proyectos energéticos y trenes. Somos un país enorme que sólo depende de camiones hoy.
Este anuncio de ayer se suma a los anteriores respecto de inversiones de Coca Cola, Total, Shell, Dow Chemical, y la exBritish Petroleum Vaca Muerta.
La participación de ejecutivos de empresas de primer nivel en esta edición 2016 de Davos, contrasta con la estrategia y el estilo de rondas de negocios que imperó durante el kirchnerismo. Allá por 2012, el entonces secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, organizó dos giras a Angola para las cuales, en conjunto, los empresarios locales ocuparon cerca de 800 plazas. Luego siguió la visita al inexplorado mercado de Azerbaiján, a la que se sumaron otros 500 ejecutivos. Más adelante, logró subir al avión a unos 260 para ir a Vietnam. En cada viaje hubo numerosos asados y muchas promesas, a través de continuos comunicados de prensa, pero muy pocos resultados concretos. Según comentó en un reportaje el gerente de una cámara de electrónica que participó de esas giras, la realidad es que, en ese entonces, muchos viajaban básicamente para intentar quedar bien con Moreno para lograr cosas muy básicas, como que les aprueben una operación de importación. Si lograban vender algo en la gira mejor, pero no era el objetivo prioritario. La idea era subir gente, sin importar las credenciales de las compañías. Eso quedó demostrado, por ejemplo, cuando quebró la empresa fantasma que supuestamente iba a exportar cosechadoras a Angola.
Si bien el foro de Davos no es una misión comercial, estas dos postales bien diferenciadas sirven para entender la manera en que un gobierno y otro decidieron encarar la política de relacionamiento comercial con otros países.
No será instantáneo el cambio de realidad, demandará tiempo advertir en la sociedad la incidencia de las inversiones que se han anunciado. Resta controlar el proceso inflacionario, lo que tampoco será mágico. No es magia sino un camino largo que sólo se comienza a transitar dando estos primeros pasos que, pareciera, no nos cambian la vida a los ciudadanos de a pie, pero que nos depositarán, seguramente, en un lugar mejor.















