Daniel Badia renovó la cruz de la Merced y volvió a iluminarla después de 20 años
El pintor e instalador especializado en trabajos en altura subió cuatro veces hasta la estructura ubicada a casi 60 metros para pintarla, revisar su estado y colocar dos nuevos reflectores que recuperaron su presencia nocturna.

Daniel Badia dejó su huella en la historia reciente de la Iglesia Nuestra Señora de la Merced al concretar una tarea que durante años había resultado difícil de resolver: ascendió hasta la cruz de hierro de la torre central, ubicada a casi 60 metros de altura, para realizar tareas de mantenimiento, pintura y renovación de la iluminación.
La intervención permitió recuperar la presencia nocturna de uno de los símbolos arquitectónicos más reconocibles de Pergamino. La cruz volvió a destacarse desde distintos puntos de la ciudad luego de permanecer durante años sin una iluminación adecuada.
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Badia contó los detalles de la experiencia durante una entrevista realizada en el ciclo de streaming “Reporte La Opinión”, conducido por los periodistas Alfonso Godoy y Federico Delloso. Allí repasó cómo surgió la posibilidad de realizar el trabajo, cuáles fueron las dificultades que encontró durante el ascenso y qué medidas de seguridad utilizó para completar una tarea que, por sus características, requiere conocimientos y equipamiento especializado.
El vínculo comenzó hace más de un año, cuando el pintor conversó con el párroco Carlos Miri a partir de la asistencia de su hija María Emilia a la Iglesia Merced. Al conocer la actividad profesional que desarrolla Badia, el sacerdote le planteó la posibilidad de intervenir sobre la cruz y evaluar si podía concretarse el trabajo.
La propuesta encontró rápidamente una respuesta positiva. Badia explicó que no dudó en aceptar porque la altura forma parte de su actividad profesional desde que era adolescente y porque contaba con la capacitación, los elementos de protección y la experiencia necesarios para afrontar una tarea de estas características.
Iglesia Merced en altura
El trabajo comenzó formalmente el 24 de diciembre del año pasado. Para completar la intervención, Badia tuvo que subir cuatro veces hasta la estructura superior de la torre. La primera ascensión tuvo como objetivo realizar un relevamiento y comprobar las condiciones de acceso, de los escalones y de la propia cruz.
El acceso no resulta sencillo. Desde el sector donde se encuentran los mecanismos de los relojes parte una escalera de hormigón y luego continúa otra estructura metálica interna. A partir de allí se atraviesan diferentes sectores hasta llegar a una abertura hacia el exterior y, finalmente, a una escalera marinera que permite alcanzar la cruz.
La estructura de hierro tiene aproximadamente 3,90 metros de altura, casi tres metros de ancho y un peso estimado en 1.800 kilos. Antes de comenzar con las tareas de pintura, Badia verificó que permaneciera firme y comprobó que no presentara movimientos peligrosos.
Durante esa primera inspección también detectó signos de deterioro provocados por el paso del tiempo. La pintura había desaparecido en diferentes sectores y el hierro comenzaba a presentar signos de oxidación, por lo que decidió realizar una intervención completa sobre la estructura.
El proceso incluyó dos manos de pintura. Primero utilizó pincel y posteriormente aplicó pintura en aerosol para completar la terminación. El producto utilizado fue una pintura de características especiales, destinada a proteger el hierro frente a las condiciones a las que queda expuesto por su ubicación.
Cruz de la Merced iluminada
Una vez finalizada la pintura, llegó el momento de recuperar la iluminación. La instalación anterior llevaba varios años sin funcionar correctamente y la cruz prácticamente había desaparecido de la escena nocturna de Pergamino.
La solución consistió en colocar dos reflectores en la base de la estructura, orientados hacia la cruz. Badia explicó que inicialmente se habían evaluado otras alternativas, incluso la utilización de una grúa, aunque la altura y las características de la construcción hacían compleja esa posibilidad.
Los nuevos equipos fueron adquiridos con la colaboración de la Cooperativa Eléctrica y permitieron reemplazar una instalación antigua por un sistema de mayor rendimiento. El cableado también fue renovado y se incorporó una protección eléctrica para mejorar las condiciones de funcionamiento.
La nueva iluminación fue encendida durante Semana Santa y volvió a convertir a la cruz en un punto visible desde distintos sectores de la ciudad. La inauguración se produjo durante el domingo de Pascuas, cuando la estructura volvió a quedar iluminada después de años de permanecer a oscuras.
Según relató Badia, la cruz había sido colocada cuando se inauguró la torre de la iglesia y durante décadas solamente había recibido intervenciones puntuales vinculadas con la iluminación. La última referencia de mantenimiento mencionada durante la entrevista corresponde a 2006.
El resultado permitió recuperar una imagen característica de Pergamino. Durante la noche, la cruz iluminada sobresale sobre la torre de la Iglesia Merced y puede distinguirse desde puntos alejados del centro de la ciudad.
Seguridad en la altura
La intervención también puso en evidencia las características del oficio que desarrolla Badia. Su relación con los trabajos en altura comenzó cuando tenía 13 años, a fines de la década de 1970, cuando realizó sus primeros trabajos relacionados con antenas y receptores de televisión.
Desde entonces fue acumulando experiencia en torres, antenas, instalaciones de telecomunicaciones, balizamientos y otras estructuras elevadas. En su trayectoria llegó a trabajar en torres de gran altura, incluyendo estructuras de aproximadamente 150 y 210 metros.
Para Badia, la seguridad constituye una condición indispensable. Durante el ascenso a la cruz utilizó arnés anticaídas, elementos de amarre, botines especiales, casco, guantes y otros equipos destinados a reducir los riesgos propios de la actividad.
También explicó que el trabajo en altura exige contar con capacitación y controles específicos. En su caso, dispone de estudios psicofísicos y psicotécnicos, seguro y equipamiento profesional, además de cursos vinculados con seguridad y prevención.
Su método de trabajo contempla además la utilización de sogas, poleas, malacates y sistemas de comunicación cuando interviene junto con otras personas. Según explicó, no se trata simplemente de animarse a subir, sino de conocer los riesgos, utilizar correctamente los equipos y respetar los procedimientos de seguridad.
Durante la intervención en la Iglesia Merced contó con la colaboración de otras personas en diferentes etapas. Carlos Corroquer lo acompañó en parte del trabajo y otros colaboradores participaron en tareas vinculadas con los accesos, la instalación y las condiciones necesarias para desarrollar la tarea.
Una trayectoria singular
La historia profesional de Badia comenzó cuando un conocido le propuso, siendo todavía adolescente, subir a una antena para reparar un dispositivo que permitía recibir señales de televisión. Aquella experiencia inicial terminó convirtiéndose en un oficio que desarrolló durante décadas.
Con el paso del tiempo realizó trabajos en distintos puntos de la región y para empresas que requieren personal especializado para intervenir sobre estructuras donde no resulta posible acceder de manera convencional.
El avance tecnológico modificó parte de esa actividad. La aparición de nuevas tecnologías de comunicación y sistemas satelitales redujo algunas tareas que anteriormente tenían una demanda importante, especialmente las vinculadas con determinadas instalaciones de microondas y telecomunicaciones.
Badia encontró entonces otros espacios dentro de su oficio, entre ellos la pintura y el mantenimiento en altura. Su experiencia y la documentación necesaria para trabajar con empresas le permiten continuar realizando tareas que requieren conocimientos específicos y equipamiento profesional.
La intervención en la cruz de la Merced representa, en ese sentido, una síntesis de buena parte de su trayectoria: altura, pintura, mantenimiento, instalación y seguridad reunidos en una misma tarea.
Un aporte a Pergamino
Para Badia, el trabajo realizado en la Iglesia Merced tuvo además un componente diferente al de sus habituales tareas profesionales. No se trató solamente de un servicio contratado, sino de una colaboración con una institución de la ciudad con la que mantiene un vínculo personal.
El propio pintor definió esa posibilidad como una forma de aportar a la comunidad. Su satisfacción, según explicó durante la entrevista, estuvo vinculada con haber encontrado una solución para un problema que durante años no había podido resolverse fácilmente.
La intervención también dejó planteada la necesidad de realizar futuros controles sobre la estructura de la torre. Durante el relevamiento, Badia observó algunos sectores del hormigón de las escaleras donde comenzaron a aparecer signos de deterioro y partes de hierro quedaron expuestas.
Si bien consideró que los escalones mantienen una estructura firme, señaló la conveniencia de que sean revisados por profesionales y que se realicen trabajos de reparación preventiva para evitar que el deterioro avance.
De esta manera, la renovación de la cruz no solamente recuperó su aspecto y su iluminación. También permitió observar de cerca una estructura que permanece expuesta a la intemperie y que, por su antigüedad y altura, requiere controles periódicos.
Con la cruz nuevamente iluminada, la Iglesia Nuestra Señora de la Merced recuperó una imagen que forma parte del paisaje urbano pergaminense. Y detrás de esa postal nocturna quedó la tarea silenciosa de un trabajador acostumbrado a las alturas que decidió ofrecer su experiencia para devolverle visibilidad a uno de los símbolos de la ciudad.






















