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Cuando aprender también es crear: el Club de Robótica que entusiasma a los alumnos del “Indu”

La Escuela de Educación Secundaria Técnica N° 1 inauguró oficialmente su Club de Robótica “Los Industriales”, una propuesta que nació del impulso de docentes y estudiantes. El espacio busca integrar electrónica, programación y las restantes especialidades de la institución.

06 de septiembre de 2026 a las 07:01 a. m.
Cuando aprender también es crear: el Club de Robótica que entusiasma a los alumnos del “Indu”
El profesor Luciano Taruselli junto a los alumnos que forman parte del Club de Robótica, brindaron detalles sobre este nuevo espacio.

La robótica dejó hace tiempo de ser una imagen asociada exclusivamente a películas futuristas o a tecnologías lejanas. En la actualidad, forma parte de distintos ámbitos de la vida cotidiana y plantea nuevos desafíos. En la Escuela de Educación Secundaria Técnica N° 1 esa realidad comenzó a tomar una forma concreta con la inauguración oficial del Club de Robótica “Los Industriales”, un espacio concebido para que los estudiantes puedan experimentar, crear, programar, construir y aprender a partir de sus propios proyectos.

La iniciativa fue impulsada por el ingeniero y profesor Luciano Taruselli, Jefe de Departamento de las Tecnicaturas de Programación y Electrónica, junto al profesor Juan Chávez. El proyecto recibió reconocimiento a nivel provincial y se convirtió en el segundo club de estas características dentro de la Región 13.

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Una idea que nació del entusiasmo

En diálogo con LA OPINION, Taruselli explicó que el origen del club estuvo directamente relacionado con la incorporación de la modalidad de Electrónica y con las posibilidades que esta especialidad ofrece en materia de automatización y robótica.

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“La modalidad electrónica, que es relativamente nueva en el colegio industrial, maneja mucho lo que es la automatización y la robótica”, explicó el docente.

La primera experiencia de los estudiantes en este tipo de propuestas se produjo el año anterior, cuando la escuela participó por primera vez de una instancia vinculada con la robótica. La respuesta de los alumnos fue positiva y ese entusiasmo terminó convirtiéndose en el impulso necesario para avanzar con un proyecto propio.

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“Cuando surgió la posibilidad de que podíamos participar en diferentes instancias, dijimos, bueno, el año pasado fue la primera vez que participamos, nos gustó mucho, y dijimos, como vimos que los chicos se interesaron mucho, veamos a ver si podemos hacer un plus”, relató Taruselli.

A partir de allí comenzó el proceso para formalizar el club y homologarlo dentro del sistema del Ministerio de Educación. El trabajo empezó antes de la presentación oficial y los estudiantes asumieron un papel central.

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El docente ocupa el lugar de guía, pero son los jóvenes quienes llevan adelante buena parte del proceso.

 

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Aprender haciendo

La experiencia que propone “Los Industriales” tiene una característica fundamental: los estudiantes no se limitan a incorporar conocimientos de manera teórica, sino que deben ponerlos en práctica para resolver problemas concretos.

Construir un robot implica analizar, diseñar, probar, equivocarse, modificar y volver a intentar. Cada proyecto abre nuevas preguntas y obliga a buscar soluciones. En ese proceso aparecen conocimientos vinculados con la electrónica, la programación, los sensores, las placas y los materiales, pero también la necesidad de trabajar con paciencia y perseverancia.

 

Tecnología= herramienta

Para Taruselli, el sentido del club excede la construcción de robots. El objetivo también pasa por enseñar a los estudiantes a comprender y utilizar la tecnología de manera activa.

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La electrónica y la programación forman parte cada vez más de objetos y sistemas presentes en la vida cotidiana. El docente puso como ejemplo los dispositivos robóticos utilizados para realizar tareas domésticas, una tecnología que años atrás parecía distante y que hoy resulta mucho más accesible.

“Hoy por hoy, la electrónica y lo que es la programación está cada vez más al alcance de todos”, señaló Taruselli.

Ese avance genera, a su vez, una necesidad: no solamente utilizar la tecnología, sino también contar con personas capaces de diseñarla, programarla y mantenerla.

“Eso implica que hay alguien que programó ese robot, que lo diseñó. Y que también va a haber que tener gente que haga mantenimiento a eso, porque cuando se rompe, ¿quién lo repara?”, planteó el profesor.

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En ese punto aparece uno de los principales valores formativos del club. Los estudiantes no observan la tecnología como algo terminado e inaccesible, sino como un sistema que pueden comprender, modificar y construir.

 

Un robot tiene su propio “cerebro”

Los proyectos realizados por los alumnos permiten comprender la cantidad de conocimientos que intervienen detrás de algo que, a simple vista, puede parecer solamente un pequeño robot con ruedas.

Las placas electrónicas, los sensores y la programación trabajan de manera conjunta. Taruselli explicó que los sensores interactúan con el ambiente, adquieren señales y las transmiten al sistema que toma las decisiones de acuerdo con la programación incorporada.

 

De una idea en papel a un robot

La construcción de los robots comienza mucho antes de que el dispositivo pueda desplazarse sobre una pista o participar de una competencia.

Los estudiantes realizan un análisis previo de trabajos anteriores y, a partir de allí, comienzan a desarrollar sus propias propuestas. El proceso incluye bocetos, modificaciones y pruebas.

El robot cuenta con placas, cables, sensores de objetos y ruedas, y puede ser manejado mediante una aplicación desde un teléfono celular.

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Así, lo que comienza como una idea termina convertido en un objeto concreto que debe responder a determinadas condiciones y reglas.

 

Competir también es aprender

El Club de Robótica no se limita al trabajo dentro del aula. Las competencias forman parte de las experiencias que motivan a los estudiantes y les permiten poner a prueba sus creaciones.

Entre las modalidades mencionadas durante la entrevista aparece una competencia de fútbol robótico, en la que los robots deben desplazarse detrás de una pelota de tenis y buscar marcar goles. Los equipos están integrados por dos personas y los robots son manejados desde el celular.

Otra propuesta es el triatlón, que reúne distintas competencias internas, entre ellas el sumo robótico. Allí dos robots se enfrentan sobre un tatami y el objetivo consiste en sacar al adversario del área.

También existen pruebas relacionadas con el traslado de objetos y otras que incorporan sensores infrarrojos para seguir una línea blanca.

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Cada modalidad plantea sus propias reglas, límites de peso y tamaño y diferentes desafíos. Por eso, la competencia se convierte también en una instancia de aprendizaje: obliga a los estudiantes a pensar estrategias, revisar sus diseños y adaptar los robots a las condiciones establecidas.

 

El desafío de seguir creciendo

El club ya tiene nuevos objetivos por delante. Taruselli explicó que la intención es participar en todas las instancias posibles y adelantó que este mes y en octubre también habrá diferentes competencias de la cual participar

Para los estudiantes, cada una de estas instancias representa una oportunidad para continuar aprendiendo y, quizás, comenzar a imaginar un camino profesional.

 

Un club pensado para todas las especialidades

Aunque “Los Industriales” comenzó con una participación especialmente vinculada con Electrónica y Programación, su concepción apunta a integrar a todas las tecnicaturas de la institución. De esta manera, el club busca convertirse en un espacio transversal, donde los conocimientos de las distintas especialidades puedan encontrarse alrededor de un proyecto común.

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