Por Una Sonrisa: 10 años tendiendo puentes allí donde más se necesita
La organización comunitaria pergaminense cumple una década y lo celebrará con un evento el próximo sábado. Además continúa con la campaña de alimentos no perecederos y también recibe ropa y calzado, especialmente para niños y adolescentes.

Hay necesidades que no siempre se ven desde el centro de la ciudad. Están en los barrios más alejados, en familias que encuentran cada vez más dificultades para garantizar algo tan básico como una comida, en chicos que esperan una merienda y también en quienes necesitan un abrigo o un par de zapatillas.
A esos lugares llega Por Una Sonrisa Pergamino, una organización comunitaria que por estos días cumplirá una década de vida trabajando de manera solidaria con familias y especialmente con las infancias.
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Festejo
Para celebra estos primeros días año de vida, el sábado próximo, la cancha del club Racing será el lugar de una jornada solidaria que organizará Por una Sonrisa Pergamino. La cita será a partir de las 18:00. Ese día habrá feria, artistas que amenizarán la jornada y kermes. La entrada, como no podía ser de otra manera será un alimento no perecedero.

La labor voluntaria
Detrás de cada campaña hay una historia mucho más extensa. Hay mujeres que ponen su tiempo, voluntarios que se suman, vecinos que acercan un paquete de galletitas o una bolsa de ropa y una organización que intenta llegar precisamente a aquellos lugares donde la ayuda muchas veces tarda más en aparecer.
Natalia Bonfanti, integrante de Por Una Sonrisa, al igual que sus compañeras, conoce de cerca esa realidad. La organización nació vinculada al trabajo con ropa y con el tiempo fue ampliando sus acciones hacia celebraciones para las infancias, campañas de Navidad y Reyes, meriendas y acompañamiento en distintos barrios. Pero las necesidades fueron cambiando, hoy el alimento ocupa un lugar central en las campañas.
Por eso la convocatoria continúa abierta tanto para particulares como para comercios y empresas. Un alimento no perecedero, una merienda, facturas que puedan aprovecharse o cualquier aporte material puede transformarse en una ayuda concreta.
La organización también mantiene la colecta de indumentaria y calzado, con especial necesidad de ropa para niños de entre 4 y 12, 13 y 14 años, edades en las que actualmente cuentan con menos disponibilidad.
Trabajo silencioso
Por Una Sonrisa comenzó hace una década. Sus primeras actividades se desarrollaron en el garaje de la casa de algunas de sus fundadoras y luego encontraron espacios para funcionar en el Club Centenario y en la Asociación de Fomento Cueto.
La organización no tiene fines de lucro y sus integrantes trabajan de manera ad honorem. Tampoco manejan donaciones de dinero: la ayuda que reciben es fundamentalmente material y tiene como destino las familias a las que acompañan.
“Tratamos de que esa ayuda venga en condiciones, porque sabemos que la gente que recibe también tiene el mismo derecho a recibir cosas en buen estado”, sostiene Bonfanti.
Cada donación es seleccionada, acondicionada y organizada. El objetivo, explica, es repartir lo que se necesita y no simplemente lo que sobra. Y esa diferencia marca buena parte de la filosofía del grupo.
Detrás de cada niño hay una familia, una mamá, un papá o un abuelo. Por eso el trabajo fue ampliándose y hoy la organización intenta acompañar necesidades que exceden ampliamente la entrega de ropa o alimentos.
Llegar donde la ayuda no siempre llega
Uno de los rasgos que caracteriza el trabajo de Por Una Sonrisa es la decisión de acercarse a barrios donde muchas veces las familias tienen dificultades incluso para trasladarse hacia los lugares donde se realizan actividades solidarias.
“Hay barrios que la gente ni de Pergamino conoce. Intentamos estar ahí”, cuenta Natalia.
La organización intenta identificar esos sectores y llegar con lo que consigue. En algunos casos se vinculan barrios cercanos para que puedan participar más familias y, cuando los recursos alcanzan, organizan meriendas y actividades recreativas.
Durante los fines de semana, las voluntarias se acercan a los barrios, juegan con los chicos, comparten una merienda y entregan aquello que previamente pudieron reunir.
También entendieron que las necesidades no siempre son las que se imaginaban.
Durante años, el Día del Niño estuvo asociado a la búsqueda de juguetes. Sin embargo, una experiencia terminó modificando esa mirada. “Cuando llegamos, nos dimos cuenta de que los chicos nos esperaban más para merendar que para recibir el juguete”, recuerda Bonfanti.
Desde entonces, comenzaron a priorizar los juegos, el encuentro y la merienda. Los juguetes que reciben pueden ser destinados a jardines e instituciones educativas que cuentan con espacios adecuados para que los chicos puedan utilizarlos.
Solidaridad también es compartir tiempo
La tarea no se limita a conseguir alimentos o ropa. El grupo también cuenta con una red de voluntarios que nació a partir de las campañas de difusión y que actualmente reúne a unas 50 personas.
A veces la ayuda consiste en conseguir un paquete de galletitas. Otras veces alguien ofrece pintarles la cara a los chicos, cortarles el pelo, acompañar una actividad o simplemente dedicar algunas horas.
“Hay mucha necesidad de ser escuchado, de compartir, de saber que vas a llegar y alguien te va a contar algo porque necesita hablar con alguien”, plantea Natalia.
Y allí aparece otra dimensión de la solidaridad: la presencia. “Nosotros quizás no le podemos cambiar la vida a esa gente, pero sí darle una hora de felicidad. Esa es una misión cumplida”, expresa.
Un termómetro de la realidad social
El trabajo territorial también les permite tener una mirada particular sobre la situación social de Pergamino. Natalia asegura que existen sectores donde la ayuda está más organizada y otros en los que las necesidades permanecen menos visibles.
“Hoy la ayuda no alcanza”, sostiene.
Desde su experiencia, advierte además que las necesidades vinculadas con la alimentación se profundizaron. En la entrevista menciona especialmente la interrupción de las cajas de alimentos que recibían estudiantes de escuelas bonaerenses y el impacto que esa situación tiene sobre las familias. “Ya no es urgente, es desesperante”, afirma.
Por eso la colecta realizada durante la Expo Rural no fue pensada como una acción aislada. La intención es que la campaña continúe y que quienes quieran colaborar sepan que pueden hacerlo durante todo el año.
Cómo colaborar
Quienes quieran acercar alimentos no perecederos, ropa o calzado pueden contactarse con Por Una Sonrisa a través de sus redes sociales, @xunasonrisapergamino, donde se encuentran los medios de contacto y los lugares habilitados para recibir donaciones.
Mirar, detenerse y ayudar
Para quienes integran Por Una Sonrisa, la solidaridad también comienza por prestar atención a aquello que sucede alrededor.
Natalia cuenta que cada vez es más frecuente encontrar personas buscando alimentos o elementos que puedan reutilizarse entre los residuos. Frente a esas situaciones, propone una acción sencilla: separar aquello que todavía puede servir y dejarlo al costado, en una bolsa cerrada y visible con rótulo, en lugar de arrojarlo dentro del contenedor.
“Siempre hace falta mirar. Hay que detenerse y mirar. Si uno mira, saca todas las conclusiones”, reflexiona.

























