Sífilis: los casos crecieron 80 % y la Argentina registró el año pasado la cifra más alta de su historia
Una infección curable con una sola inyección vuelve a expandirse. Qué es, cómo se transmite, por qué suele pasar inadvertida y cuándo hay que testearse.

La sífilis atraviesa en la Argentina un crecimiento sostenido que los organismos sanitarios siguen con preocupación. Durante 2025 se notificaron 46.779 casos, la cifra más alta desde que existe vigilancia epidemiológica nacional, y los registros de este año confirman que la curva no se detuvo.
Según el Boletín Epidemiológico Nacional del Ministerio de Salud, en lo que va de 2026 se acumularon 31.338 casos en población general, frente a una media de 17.336 para el mismo período entre 2022 y 2025. La diferencia representa un aumento del 80,8 %.
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La dimensión del crecimiento
Los números permiten dimensionar una tendencia que lleva años. En 2019 se habían notificado 25.225 casos. El registro de 2025 implica un incremento del 75,6 % respecto de 2022 y marca el punto más alto de una curva que empezó a acelerarse hace más de una década.
El Boletín Epidemiológico advierte además que en las últimas semanas relevadas el evento se encuentra por encima de lo esperado, en un contexto de crecimiento sostenido del conjunto de las infecciones de transmisión sexual.
El perfil epidemiológico muestra una concentración clara: el 76 % de los casos de 2025 correspondió a personas de 15 a 39 años, con un pico en el grupo de 20 a 24, que registró una tasa de 290,6 casos cada 100.000 habitantes.
Desde el Ministerio de Salud atribuyen el crecimiento tanto a un aumento real de los contagios como a mejoras en la detección y la notificación, particularmente por la incorporación de pruebas rápidas y campañas focalizadas. Especialistas consultados en distintas coberturas señalan, de todos modos, que las cifras conocidas serían “la punta del iceberg”, dado que no todos los casos llegan al sistema de vigilancia.
El dato más grave: la sífilis congénita
Hay un indicador que concentra la preocupación de los equipos de salud, porque es el que tiene consecuencias más severas y el que resulta enteramente evitable.
En lo que va del año se contabilizaron 7.044 diagnósticos en embarazadas, un 27,4 % más que la media de 5.529 para el período 2022-2025. Los casos de sífilis congénita —bebés que nacen con la infección transmitida durante el embarazo— pasaron de una media de 524 a 565, un aumento del 7,8 %.
La sífilis congénita puede provocar aborto espontáneo, parto prematuro, bajo peso al nacer, malformaciones y muerte perinatal. Su prevención depende de un procedimiento sencillo: el testeo durante los controles del embarazo y el tratamiento oportuno de la gestante y su pareja.
Qué es una ITS
Las infecciones de transmisión sexual son aquellas que se transmiten principalmente durante relaciones sexuales vaginales, anales u orales sin protección. Algunas, como la sífilis, pueden transmitirse también de madre a hijo durante el embarazo o el parto.
Un rasgo que comparten varias de ellas, y que explica buena parte de su circulación, es que con frecuencia no producen síntomas evidentes. Una persona puede tener una ITS, transmitirla y no saberlo.
Qué es la sífilis
La sífilis es una infección causada por una bacteria llamada Treponema pallidum. Se transmite por contacto directo con las lesiones que produce, que suelen ubicarse en genitales, ano, recto, boca o labios, durante relaciones sexuales sin preservativo.
No se transmite por compartir objetos, utensilios, inodoros ni por el contacto cotidiano.
Es importante remarcar un punto: la sífilis tiene cura. El tratamiento es simple, efectivo y está disponible de manera gratuita en el sistema público. El problema no es terapéutico sino de diagnóstico, porque la infección suele avanzar sin que la persona lo advierta.
Las etapas y sus señales
La sífilis se desarrolla en fases, con períodos de síntomas y períodos silenciosos. Por eso se la conoce históricamente como “la gran imitadora”.
Sífilis primaria. Entre 10 y 90 días después del contagio —habitualmente alrededor de tres semanas— aparece una úlcera llamada chancro. Es generalmente única, de base endurecida, y tiene una característica decisiva: es indolora. Puede ubicarse en zonas poco visibles, como el interior de la vagina, el recto o la boca. La lesión cicatriza sola en tres a ocho semanas, lo que suele interpretarse como que el problema se resolvió. No es así: la infección continúa.
Sífilis secundaria. Semanas o meses después pueden aparecer erupciones en la piel —característicamente en las palmas de las manos y las plantas de los pies—, lesiones en mucosas, fiebre, malestar general, dolor de garganta, caída del cabello e inflamación de ganglios. Estos síntomas también remiten de manera espontánea.
Sífilis latente. Es un período sin síntomas en el que la infección persiste en el organismo. Se divide en latente temprana, aproximadamente durante el primer año desde el contagio, y latente tardía, más allá de ese plazo o de duración desconocida. Esa distinción importa porque determina la cantidad de dosis del tratamiento. En esta etapa, la infección solo se detecta mediante análisis de sangre.
Sífilis terciaria. Si no se trata, años después puede comprometer el sistema cardiovascular, el sistema nervioso central, los huesos y otros órganos, con daños que pueden resultar irreversibles.
Cómo se diagnostica
El diagnóstico se realiza mediante análisis de sangre. Las pruebas más utilizadas son la VDRL y la RPR, denominadas no treponémicas, que además sirven para el seguimiento posterior al tratamiento. Se complementan con pruebas treponémicas, que confirman el diagnóstico.
Existe un detalle que conviene conocer: durante la fase primaria, cuando está presente el chancro, los análisis pueden dar negativos. Es lo que se denomina período de ventana, y se debe a que los anticuerpos tardan entre diez y quince días en aparecer tras la lesión. Por eso, ante una úlcera genital, corresponde consultar aunque el resultado inicial sea negativo.
También están disponibles las pruebas rápidas, que entregan resultado en minutos y se aplican en centros de salud y campañas de testeo.
El tratamiento
El fármaco de elección es la penicilina. Para la sífilis primaria, secundaria y latente temprana, el esquema consiste en una única dosis de penicilina G benzatínica de 2,4 millones de unidades, por vía intramuscular.
En la sífilis latente tardía o de duración desconocida se aplican tres dosis, una por semana durante tres semanas. Cuando hay compromiso del sistema nervioso, ocular u ótico, el tratamiento se realiza por vía intravenosa, con internación, durante diez a catorce días.
Para las personas con alergia a la penicilina existen alternativas, aunque no son aplicables durante el embarazo: en ese caso se recurre a un procedimiento de desensibilización supervisado.
Dos indicaciones que los protocolos subrayan. La primera: la pareja o las parejas sexuales también deben testearse y tratarse, aunque no presenten síntomas, porque de lo contrario se produce la reinfección. La segunda: hay que evitar las relaciones sexuales hasta completar el tratamiento y verificar la respuesta mediante el seguimiento serológico.
Haber tenido sífilis y haberse curado no genera inmunidad: una persona puede volver a infectarse.
La prevención
El uso correcto del preservativo en todas las relaciones sexuales —vaginales, anales y orales— es la medida más efectiva. Conviene aclarar que el preservativo reduce de manera sustancial el riesgo pero no lo elimina por completo, porque la transmisión puede producirse por contacto con lesiones ubicadas fuera del área cubierta.
A eso se suma el testeo periódico, especialmente ante cambios de pareja sexual, y el control serológico durante el embarazo, que forma parte del protocolo de atención prenatal.
Los testeos son gratuitos y confidenciales en los centros de salud públicos, igual que el tratamiento.
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