"Roma no paga traidores": el poder, la humillación pública y la idea de lealtad según Javier Milei
“Roma no paga traidores”. La frase, pronunciada siglos atrás en contextos donde la traición podía costar la vida, fue reutilizada este 25 de mayo por el presidente Javier Milei para explicar, justificar o exaltar su decisión de no saludar públicamente al jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, durante el Tedeum...

“Roma no paga traidores”. La frase, pronunciada siglos atrás en contextos donde la traición podía costar la vida, fue reutilizada este 25 de mayo por el presidente Javier Milei para explicar, justificar o exaltar su decisión de no saludar públicamente al jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, durante el Tedeum en la Catedral Metropolitana.
El gesto fue tan evidente como deliberado. Y la frase que lo acompañó en redes sociales —una cita cargada de dramatismo histórico— coronó un episodio que no fue casual: fue una puesta en escena política con forma de escarmiento. Una escena imperial en el corazón de la democracia republicana.
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El poder como escarmiento público
Lo preocupante no es solo el destrato protocolar, sino el simbolismo autoritario de la frase. La idea de que hay traidores que deben ser castigados, no con argumentos ni debate, sino con humillación pública. ¿Quién decide quién es “traidor”? ¿Con qué parámetros se juzga una traición política? ¿Acaso discrepar, competir o criticar al presidente ahora se traduce en traición?
Los desacuerdos son parte del juego. La crítica, la interna partidaria, el debate público son derechos y recursos legítimos. Convertirlos en traición es abrir la puerta a una forma de entender el poder más propia del cesarismo que de la república. Incluso, se especula que el enojo de Milei es consecuencia de una campaña sucia que enarboló Jorge Macri; la misma que le reclamó Mauricio Macri a Milei. Es decir; se pretende del otro lo que uno no hace.
Milei, Macri y la lógica de la venganza
Jorge Macri, actual jefe de Gobierno porteño, representa al PRO, la fuerza que durante años fue el principal actor opositor al kirchnerismo y que hoy comparte —formalmente— alianza con La Libertad Avanza. La elección porteña fue motivo de fricciones internas, y es cierto que hubo acusaciones cruzadas. Pero esa historia política no justifica lo que presenciamos este sábado.
El presidente Milei no le negó el saludo a un adversario institucional. Le negó el saludo a un socio político debilitado, en un acto público, en una ceremonia religiosa. Y luego festejó el gesto como quien aplica justicia por mano propia. Ese modo de comunicar y de actuar no solo erosiona las formas, sino que instala la lógica del castigo y la purga como forma de liderazgo.
¿La traición es discrepar?
En tiempos donde la libertad de expresión se defiende con palabras pero se restringe con hechos, donde se propone una nueva doctrina de inteligencia interna centrada en la “manipulación de la opinión pública”, este tuit presidencial no puede leerse aislado. Es parte de un clima, de una narrativa y de una forma de ejercer poder: el que no tolera matices, el que castiga públicamente a quienes alguna vez discreparon, y el que confunde obediencia con lealtad.
Si Roma no paga traidores, ¿la Argentina democrática debe pagar solo obsecuencias?











