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Por una obra inconclusa advierten sobre riesgo de inundación en el barrio José Hernández

Información a la que accedió LA OPINION advierte sobre una situación preocupante en la obra de Desagües Pluviales-Ramal Norte: los nuevos ramales incorporan más agua al Chu-Chú, pero todavía no fue realizado el empalme que permitiría derivar parte de ese caudal hacia el conducto de calle Lugones.

23 de agosto de 2026 a las 07:00 a. m.
Por una obra inconclusa advierten sobre riesgo de inundación en el barrio José Hernández
El empalme de Lugones es una pieza necesaria para que el sistema pueda funcionar integralmente como fue diseñado.

Una situación potencialmente riesgosa se plantea alrededor de una de las obras hidráulicas más importantes ejecutadas durante los últimos años en Pergamino. Información técnica a la que tuvo acceso LA OPINION advierte que el proyecto de Desagües Pluviales-Ramal Norte, contratado por la Provincia de Buenos Aires, tiene actualmente un punto crítico: se incorporaron nuevos ramales que aumentan la cantidad de agua que llega al arroyo Chu-Chú, pero todavía falta concretar una conexión indispensable para incrementar, en la misma proporción, su capacidad de evacuación.

El problema se localiza en el sector donde debería concretarse el empalme entre el tramo ejecutado por Tecma S.A. y el conducto existente de calle Lugones, junto con la construcción de una cámara partidora destinada a distribuir los caudales.

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Ese trabajo resulta fundamental para que el sistema funcione tal como fue proyectado. Sin embargo, el empalme no está realizado.

La consecuencia es sencilla de explicar aunque técnicamente resulte mucho más compleja: actualmente ingresa más agua al sistema, pero no se encuentra habilitada toda la capacidad prevista para evacuarla.

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De allí surge la advertencia sobre la existencia de un “cuello de botella” y el eventual riesgo que podría representar para sectores del barrio José Hernández ante lluvias de magnitud.

La situación adquiere mayor relevancia porque el objetivo original del proyecto es exactamente el contrario: aumentar la capacidad de escurrimiento y disminuir el riesgo hídrico en una extensa superficie de Pergamino.

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El denominado “Desagües Pluviales – Colector Ramal Norte y entubamiento del arroyo Chu-Chú” forma parte del Proyecto Ejecutivo de Obras de Defensa y Desagües Pluviales de la Ciudad de Pergamino, elaborado por la Dirección Provincial de Hidráulica.

Cuando comenzó a ejecutarse, fue considerada una de las intervenciones de desagües más importantes realizadas dentro del casco urbano pergaminense.

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El proyecto contempla el entubamiento del arroyo Chu-Chú desde Carpani Costa hacia aguas arriba y la incorporación de diferentes ramales.

Entre ellos se encuentra el construido sobre avenida Hipólito Yrigoyen, entre Lorenzo Moreno e Isaac Annan, además del ramal de avenida Marcelino Ugarte, entre Lorenzo Moreno y Custodio Duarte, y una prolongación vinculada con la ruta nacional Nº 188, desde la zona del Cruce de Caminos hasta aproximadamente una cuadra después de bulevard Drago.

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Esas intervenciones permiten captar y conducir una cantidad mayor de agua hacia el sistema. Y precisamente allí aparece el problema actual.

 Más agua que antes

La incorporación de los ramales Yrigoyen y Ugarte, sumada a las restantes intervenciones, provoca que durante una precipitación ingrese al arroyo Chu-Chú un volumen de agua superior al que recibía antes de ejecutarse esas obras. Eso estaba contemplado en el proyecto.

Para administrar ese incremento, el sistema prevé dividir el caudal antes de que toda esa masa de agua continúe por un único curso.

Una parte debe evacuarse mediante el conducto de calle Giménez Colodrero, que ya está construido y posee una sección aproximada de 5,20 metros de ancho por 1,80 de alto.

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Otra parte debería derivarse hacia el conducto de calle Lugones, que también está construido y presenta dimensiones similares.

Finalmente, solamente una fracción menor continuaría, desde Carpani Costa, por el curso natural del Chu-Chú.

La existencia de esos dos grandes conductos es anterior a la situación actual y forma parte de la planificación hidráulica de la cuenca. De hecho, cuando comenzó la construcción del Colector Norte, LA OPINION informó que el ramal de Lugones se integraría con el ya existente sobre Giménez Colodrero, ambos con celdas de 5,20 por 1,80 metros, precisamente para aumentar considerablemente la capacidad de evacuación hacia el arroyo Pergamino.

 El empalme que falta

Para que ese esquema funcione es necesaria una obra que, hasta ahora, no se concretó.

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Se debe conectar el tramo ejecutado por Tecma con el conducto de Lugones y construir en ese punto una cámara partidora, cuya función es distribuir hidráulicamente el agua entre las distintas vías de evacuación.

Mientras ese empalme permanezca pendiente, el conducto de Lugones no puede recibir la proporción de caudal para la cual fue contemplado dentro del esquema.

Así se llega a la situación actual: los ramales Yrigoyen y Ugarte ya fueron ejecutados y tienen capacidad para incorporar más agua al sistema, pero la infraestructura destinada a distribuir ese incremento de caudal todavía no está completamente conectada.

El sistema quedó, en términos prácticos, con mayor capacidad de captación pero sin toda la capacidad de evacuación prevista en el proyecto.

La información técnica conocida por este Diario califica esa situación como un “cuello de botella”.

Y advierte que, ante un evento de precipitaciones suficientemente importante, podría generarse una acumulación de agua superior a la capacidad disponible en ese punto.

El José Hernández, nuevamente bajo la mirada

La preocupación se concentra particularmente sobre el barrio José Hernández, uno de los sectores que históricamente estuvo dentro de la planificación de las obras destinadas a mejorar el comportamiento hidráulico de la cuenca del Chu-Chú.

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No resulta un dato menor.

Cuando se anunció y posteriormente comenzó a ejecutarse el Colector Norte, uno de los principales argumentos utilizados para justificar la inversión fue justamente que permitiría mejorar la situación hídrica de los barrios José Hernández, Desiderio de la Fuente, Villa Progreso, La Amalia, Viajantes y Jorge Newbery.

El proyecto fue diseñado para intervenir sobre una cuenca del arroyo Chu-Chú estimada en alrededor de 1.400 hectáreas, aumentando la capacidad de conducción y generando nuevas vías para transportar el agua hacia el arroyo Pergamino.

Por eso la obra pendiente adquiere una importancia que excede largamente a un simple detalle constructivo.

El empalme de Lugones es una pieza necesaria para que el sistema pueda funcionar integralmente como fue diseñado.

 Una obra atravesada por problemas

La advertencia aparece, además, después de una extensa sucesión de inconvenientes que afectaron la continuidad de los trabajos.

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La obra fue contratada por la Dirección Provincial de Obras Hidráulicas de la Provincia de Buenos Aires y adjudicada a una Unión Transitoria de Empresas integrada por Beton S.A., Tecma S.A. y Racabal S.A.

LA OPINIÓN reveló oportunamente que los trabajos habían quedado paralizados por falta de pago de la Provincia y que la deuda acumulada con la UTE superaba ampliamente los 1.000 millones de pesos.

La paralización tuvo un impacto especialmente visible sobre avenida Yrigoyen, donde las excavaciones realizadas para construir el ramal habían afectado seriamente la calzada.

La situación generó una fuerte controversia política e institucional porque el Municipio terminó asumiendo con recursos propios trabajos destinados a recuperar la transitabilidad de la avenida.

 Ya no se trata solamente del pavimento

Hasta ahora, buena parte de la discusión pública alrededor de la paralización estuvo concentrada en las consecuencias visibles de la obra: calles intervenidas, dificultades para circular, plazos incumplidos, deuda con las constructoras y la necesidad de que el Municipio actuara sobre Yrigoyen.

La información conocida ahora lleva la discusión hacia un terreno mucho más sensible.

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Ya no se trata solamente de terminar una calle o reparar el pavimento. Se trata de completar una pieza hidráulica necesaria para que una obra concebida para disminuir el riesgo de inundaciones funcione de acuerdo con el diseño previsto.

Los ramales construidos modificaron la forma en que el agua de lluvia es captada y conducida dentro de esa cuenca de la ciudad.

Eso supone una mejora cuando todo el sistema trabaja integralmente. Pero también obliga a que las distintas etapas sean completadas y conectadas de acuerdo con el proyecto hidráulico.

La cuestión central, por lo tanto, es conocer ahora cuándo prevé la Provincia que se ejecute el empalme con el conducto de Lugones y la correspondiente cámara partidora, y qué medidas están contempladas mientras esa conexión permanezca pendiente.

Especialmente porque Pergamino conoce como pocas ciudades las consecuencias que puede tener una infraestructura hidráulica insuficiente frente a precipitaciones extraordinarias.

El Colector Norte fue proyectado durante años, reclamado por vecinos y entidades y finalmente presentado como una pieza fundamental del sistema de defensa hídrica de Pergamino.

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Hoy, una parte sustancial está construida, pero hay una conexión que todavía falta.

Y en una obra hidráulica de esta magnitud, un tramo inconcluso no necesariamente significa que el sistema funcione parcialmente: puede significar que el agua llegue hasta un lugar y no encuentre disponible toda la capacidad que el propio proyecto había previsto para evacuarla.

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