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Patricio D'Ottavio nadó alrededor de Manhattan y cumplió un nuevo sueño

Completó los 45,9 kilómetros de la travesía “20 Puentes de Nueva York”, que rodea la isla de Manhattan. El desafío, que integra la Triple Corona de aguas abiertas, se convirtió en un nuevo capítulo de su trayectoria. “Cumplí 55 años y me autoregalé este mimo deportivo”, expresó.

14 de agosto de 2026 a las 04:20 p. m.
Patricio D'Ottavio nadó alrededor de Manhattan y cumplió un nuevo sueño
Patricio D'Ottavio rodeó Manhattan en ocho horas y completó otro gran desafío internacional (LAUTARO MARRA)

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Patricio D'Ottavio continúa encontrando desafíos que mantienen intacta su pasión por la natación de aguas abiertas. El miércoles 5 de agosto, este referente de la natación pergaminense concretó una de las travesías más emblemáticas de la especialidad: completó los 45,9 kilómetros de los “20 Puentes de Nueva York”, la circunnavegación de la isla de Manhattan, en 8 horas y 33 segundos.

La prueba, conocida también como “20 Bridges Swim Around Manhattan”, consiste en rodear completamente Manhattan, pasando por debajo de 20 puentes a través de los ríos East, Harlem y Hudson. El recorrido oficial tiene una extensión de 28,5 millas, equivalentes a 45,9 kilómetros, y forma parte de la Triple Corona de aguas abiertas junto con el Canal de la Mancha y el Canal de Catalina.

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Para “Pato” D'Ottavio, el logro representa otro capítulo de una trayectoria que incluye algunas de las travesías más importantes del mundo. En 1997 cruzó el Río de la Plata, en 1998 afrontó el Estrecho de Gibraltar y en 2000 concretó el cruce del Canal de la Mancha. El 21 de febrero de este año, además, regresó después de 28 años a la Santa Fe-Coronda, donde completó los aproximadamente 56 kilómetros en 8h. 39m. 32s. y terminó quinto entre 21 participantes aficionados. Ahora, volvió a afrontar una prueba de dimensión internacional y lo hizo, además, en el año en que cumplió 55 años.

 Un desafío planificado

La idea de nadar alrededor de Manhattan no apareció de un día para otro. D'Ottavio llevaba años siguiendo la prueba y buscando la posibilidad de organizar el viaje. “Hacía años que lo iba siguiendo, tratando de organizarme para poder participar por lo desafiante que es este nado alrededor de la Gran Manzana”, explicó durante la entrevista que brindó en el programa Fuera de Página, de LA OPINION Play y FM 105.1.

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La prueba tiene una historia que se remonta a comienzos del siglo XX. La circunnavegación de Manhattan se registra desde 1915 y, con el paso del tiempo, se transformó en uno de los grandes desafíos de la natación de aguas abiertas.

En la actualidad no se trata simplemente de lanzarse al agua y completar un circuito. La organización asigna ventanas determinadas de acuerdo con las condiciones climáticas y las mareas, y cada nadador cuenta con una embarcación de apoyo, piloto, observador y kayakista. También debe incorporar a una persona de confianza. En el caso de D’Ottavio, ese lugar fue ocupado por Lautaro Marra, argentino radicado en Estados Unidos, quien formó parte de la embarcación guía durante toda la travesía.

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 Desde la Estatua de la Libertad

El desafío comenzó a las 13:00 a la altura de la Estatua de la Libertad. D'Ottavio compartió la largada con otro nadador estadounidense, 15 años menor que él, y desde el comienzo cada uno tomó su propia estrategia para completar el recorrido.

El agua tenía una temperatura cercana a los 20 grados, era salada y presentaba un movimiento permanente debido a las mareas, las corrientes y el intenso tránsito de embarcaciones. Lejos de la tranquilidad que puede ofrecer una pileta, el recorrido lo obligó a adaptarse constantemente a las condiciones del agua.

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Los primeros kilómetros transcurrieron por el East River. Allí apareció uno de los grandes símbolos de la prueba: el puente de Brooklyn, el primero de los 20 que debía atravesar. Luego llegaron el Manhattan, Williamsburg y Queensboro, antes de ingresar al tramo del Harlem. “Los puentes los vas viendo, los vas tratando de contar”, relató D'Ottavio. Cada uno se transformaba en una referencia concreta para saber cuánto faltaba, aunque la distancia entre ellos variaba y obligaba a mantener la concentración durante horas.

En la zona del Harlem apareció uno de los momentos más exigentes. Al cambiar la influencia de la marea, el agua quedó en contra y D'Ottavio debió modificar su estrategia para avanzar pegado a la costa opuesta a Manhattan, aprovechando las características de la corriente.

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Después llegó el Hudson y el último de los 20 puentes, el George Washington, que une Manhattan con Nueva Jersey. Pero alcanzar ese punto no significaba estar cerca del final: todavía quedaban varias horas de nado hasta completar la vuelta.

 Ocho horas en un escenario único

Una de las particularidades que D'Ottavio destacó fue el entorno. A diferencia de otras maratones de aguas abiertas que se desarrollan en espacios naturales, en Manhattan el nadador está permanentemente acompañado por la ciudad. “Hacia el lado de Manhattan es impresionante el movimiento de autos, los rascacielos; hacia el otro lado también. En ningún momento es una soledad como puede pasar en una Hernandarias-Paraná o en una Santa Fe-Coronda”, explicó.

Durante las horas de nado, los puentes, los edificios, los senderos junto a la costa y las embarcaciones formaron parte de un paisaje que convirtió al desafío en una experiencia diferente. La última parte tampoco resultó sencilla. El día estuvo nublado y, sobre el Hudson, aparecieron lluvia y viento en contra. La travesía comenzó con luz de día, pero terminó alrededor de las 21:00, cuando ya había oscurecido y las condiciones meteorológicas habían cambiado. Aun así, D'Ottavio llegó al final sin inconvenientes físicos. Cerró la jornada con una satisfacción especial: había cumplido un objetivo que durante años había seguido desde lejos.

 Un duelo inesperado

La jornada tuvo además un condimento competitivo. Antes de la largada, D'Ottavio recibió un dato que funcionó como una motivación adicional: el otro nadador era 15 años más joven y, según le habían anticipado, tenía mejores antecedentes. “No, este nadador es más rápido, es más fuerte que vos, es más joven”, recordó que le dijeron antes de comenzar.

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La respuesta fue tomárselo como una “zanahoria” deportiva. Y la experiencia terminó con una pequeña satisfacción adicional para el pergaminense: completó el recorrido en 8h. 00m. 33s., mientras que el estadounidense llegó más de 20 minutos después. Más allá de esa circunstancia, D'Ottavio remarcó el espíritu de confraternidad que existe en este tipo de desafíos. Al terminar, ambos nadadores se encontraron con sus familias y equipos, se saludaron y compartieron fotografías. “Es la confraternidad del deporte”, resumió.

 La Triple Corona, un desafío que queda abierto

Los “20 Puentes de Manhattan” son una de las tres pruebas que conforman la denominada Triple Corona de aguas abiertas. Las otras dos son el Canal de la Mancha, que D'Ottavio cruzó en 2000, y el Canal de Catalina, entre la isla Santa Catalina y la costa de California. Sin embargo, aclaró que por ahora no lo tiene como un objetivo inmediato el Canal de Catalina. “Como gustar, podría gustarme, pero es difícil coordinar”, reconoció. Y agregó que actualmente su prioridad pasa por seguir nadando y disfrutar de la actividad.

Ese cambio de perspectiva también marca una diferencia con respecto a sus años de alto rendimiento. Antes, los entrenamientos, los tiempos y las marcas ocupaban buena parte de su vida. Hoy, la natación convive con el trabajo y la familia y funciona, según sus propias palabras, como “un cable a tierra”.

 Un autoregalo a los 55 años

El desafío de Manhattan llegó pocos meses después de su regreso a la Santa Fe-Coronda y en un año particularmente significativo para D'Ottavio. “Este año cumplí los 55 años, es una forma de auto regalarme estos mimos deportivos”, expresó.

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La frase resume el presente de un nadador que ya no persigue el circuito mundial ni la exigencia competitiva de otras épocas, pero que mantiene intacta la disciplina de entrenar diariamente y el deseo de afrontar desafíos que lo obliguen a seguir preparándose. En febrero volvió a “la más linda del mundo” después de 28 años. En agosto rodeó Manhattan, pasó debajo de 20 puentes y nadó durante ocho horas en tres ríos que, lejos de ser tranquilos, le exigieron adaptarse a mareas, corrientes, viento, lluvia y tránsito marítimo.

A los 55 años, Patricio D'Ottavio sigue encontrando razones para meterse al agua. Y después de completar uno de los grandes desafíos de la natación mundial, lo resume con una frase que refleja su manera actual de entender el deporte: “El objetivo hoy es nadar todos los días por cuestiones de salud mental, física y disfrutar”.

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