Mejoraron los márgenes agrícolas, pero producir en campo alquilado sigue dejando números muy ajustados
Después de un primer semestre complicado, julio trajo cierto alivio para las cuentas agrícolas, impulsado por la recuperación de los precios de los granos y una reducción de algunos costos.

Las cuentas del campo mostraron durante julio una recuperación que permitió cortar la tendencia negativa del primer semestre, aunque todavía están lejos de configurar un escenario holgado para el productor.
Un informe elaborado por el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), de la Fundación Mediterránea, determinó que los márgenes netos teóricos de la actividad agrícola mejoraron entre 60 y 83 dólares por hectárea durante julio.
Las mas leidas de Economía y Agro
El Niño vuelve al radar: el INTA recomienda anticiparse para aprovecharlo y no padecerlo

Cuota Hilton: distribuyen más de 28.000 toneladas de carne para exportar a la UE

Proponen habilitar 50.000 hectáreas junto a las rutas nacionales para destinarlas a la producción

Bayer puso el foco en cerrar las brechas de rendimiento con nuevas tecnologías y mejores decisiones agronómicas

El riesgo país tocó su mínimo en ocho años. Y agosto recordó que nada está consolidado

La recuperación estuvo explicada principalmente por dos factores: el aumento de los precios de los granos y una reducción de determinados costos productivos.
Sin embargo, detrás de esa mejora general aparecen realidades muy diferentes según dónde se produzca y, fundamentalmente, si el productor trabaja sobre tierra propia o alquilada.
Para una región como Pergamino, donde el arrendamiento tiene una fuerte incidencia dentro de la estructura agrícola, esa diferencia constituye uno de los aspectos centrales del análisis.
US$411 contra apenas US$43
Los números muestran con claridad la importancia que tiene actualmente el régimen de tenencia de la tierra.
Durante julio, el margen neto teórico para un productor propietario de la zona núcleo alcanzó los US$411 por hectárea.
Para un productor arrendatario de la misma región, en cambio, el resultado fue de solamente US$43 por hectárea.
Es decir que, bajo los supuestos utilizados por el estudio, trabajar sobre tierra alquilada absorbe prácticamente todo el resultado económico que genera la actividad.
La situación es todavía más compleja fuera de la región pampeana.
Un propietario de zona extrapampeana obtuvo un margen estimado de US$83 por hectárea, mientras que para un arrendatario el resultado continuó siendo negativo: -US$148 por hectárea.
Las diferencias obedecen a múltiples factores. Los rindes potenciales, los costos logísticos y la distancia a los puertos juegan un papel importante, pero el valor del arrendamiento termina siendo determinante en muchas explotaciones.
La paradoja del precio de la soja
La mejora de las cotizaciones agrícolas fue el principal motor de la recuperación de julio.
El precio FOB de la soja pasó de US$417 por tonelada en junio a US$452 durante julio, lo que significó un incremento real mensual del 8,6%.
El maíz también mostró una evolución favorable: pasó de US$197 a US$208 por tonelada, con una mejora real del 5,4%.
Esto permitió que los ingresos del establecimiento teórico analizado por el IERAL —con una rotación 50% soja y 50% maíz— aumentaran alrededor de un 7% real respecto del mes anterior.
Pero aparece allí una particularidad para quienes alquilan.
Buena parte de los contratos agrícolas se establece en quintales o toneladas de soja por hectárea. Por lo tanto, cuando aumenta el precio de la oleaginosa mejora el valor de la producción, pero simultáneamente se encarece el alquiler expresado en dólares.
Según el estudio, solamente por este efecto el costo del arrendamiento aumentó alrededor de US$44 por hectárea en zona núcleo y US$22 en las regiones extrapampeanas.
De esta manera, parte del beneficio generado por la recuperación de los granos termina trasladándose al costo de acceso a la tierra.
Algunos costos dieron un respiro
Por fuera del arrendamiento, los costos productivos tuvieron durante julio un comportamiento más favorable.
El informe calcula una reducción cercana al 1,5% mensual, impulsada fundamentalmente por la baja de determinados insumos dolarizados.
También contribuyó, aunque en menor medida, el comportamiento del tipo de cambio.
Durante julio, el dólar oficial aumentó por encima de la evolución estimada de los precios internos. Esto produjo un abaratamiento medido en dólares de algunos componentes que se pagan en pesos, como labores de contratistas, salarios, estructura y ciertos gastos comerciales.
De todos modos, los especialistas advierten que este efecto podría ser transitorio y dependerá de cómo evolucione en los próximos meses la relación entre inflación y tipo de cambio.
La mejora todavía no alcanza
Otro dato permite dimensionar el momento que atraviesa la agricultura.
Aunque julio significó un cambio favorable respecto de junio, los márgenes actuales todavía se encuentran entre US$135 y US$183 por hectárea por debajo del promedio registrado entre 2018 y 2025, dependiendo del tipo de productor y región considerada.
La comparación histórica muestra que los mejores resultados del período reciente se concentraron entre comienzos de 2021 y finales de 2022, cuando los precios internacionales de los commodities agrícolas alcanzaron niveles particularmente elevados.
Desde entonces, la combinación entre cotizaciones internacionales, costos, arrendamientos y presión tributaria fue reduciendo la rentabilidad.
Los impuestos se llevan más de la mitad
La carga tributaria constituye otro de los puntos centrales del informe.
Durante los últimos doce meses, los impuestos absorbieron el 55,4% del excedente económico generado por una hectárea agrícola en zona núcleo.
En las regiones extrapampeanas la proporción fue todavía mayor y alcanzó el 76,4%.
Esto no significa necesariamente que un productor extrapampeano pague más impuestos en términos absolutos. Lo que sucede es que genera un excedente menor debido a rindes inferiores, mayores costos y una incidencia logística mucho más elevada.
Como consecuencia, los mismos tributos representan una proporción mucho mayor del resultado.
Dentro de esa estructura, los Derechos de Exportación (DEX) tienen una incidencia determinante.
En los últimos doce meses explicaron 32,2 puntos porcentuales de la carga tributaria de la zona núcleo y 53,1 puntos en la extrapampeana.
La particularidad de las retenciones es que se aplican sobre el valor del producto y no sobre la rentabilidad efectiva del establecimiento.
Por eso su impacto relativo aumenta considerablemente en aquellos ambientes donde producir resulta más costoso o los rindes son menores.
Qué ocurriría sin retenciones
El IERAL realizó también un ejercicio para determinar cómo cambiarían las cuentas agrícolas si los Derechos de Exportación sobre soja y maíz fueran eliminados.
En ese escenario, el margen del productor propietario de zona núcleo aumentaría US$212 por hectárea.
En las regiones extrapampeanas la mejora sería de aproximadamente US$160 por hectárea.
El estudio incorpora además un elemento interesante: la eliminación de retenciones no significaría que el Estado dejara de percibir todo ese dinero.
Según las estimaciones, por cada US$100 que dejaran de pagarse en Derechos de Exportación, alrededor de US$70 quedarían como mayor margen para el productor y aproximadamente US$30 regresarían al Estado mediante otros impuestos, principalmente Ganancias.
El financiamiento achica todavía más el resultado
Los números anteriores parten de un supuesto importante: que el productor dispone del capital necesario para financiar completamente la campaña.
Pero esa no siempre es la realidad.
Cuando se incorpora el costo financiero, la ecuación vuelve a deteriorarse.
El IERAL simuló un escenario en el cual el productor necesita financiar mediante deuda en pesos el 50% de los insumos utilizados durante el ciclo.
En esas condiciones, los márgenes de julio resultarían entre US$35 y US$54 por hectárea inferiores a los calculados para un establecimiento que se autofinancia.
El dato resulta especialmente significativo para el arrendatario de zona núcleo.
Con un margen inicial estimado en apenas US$43 por hectárea, incorporar financiamiento puede llevar el resultado prácticamente a cero.
Una señal favorable, pero todavía insuficiente
La fotografía que deja julio tiene, entonces, dos caras.
Por un lado, la recuperación de las cotizaciones agrícolas y cierta reducción de costos permitieron mejorar los números después de varios meses difíciles.
Para la zona núcleo, además, las perspectivas productivas aparecen acompañadas por buenas reservas de humedad y expectativas favorables para la próxima campaña gruesa.
Pero la rentabilidad continúa dependiendo de una combinación cada vez más ajustada de variables.
Precio, rendimiento, alquiler, insumos, logística, impuestos y financiamiento pueden transformar rápidamente un resultado positivo en uno prácticamente neutro.
En una región de alta productividad como Pergamino, la diferencia entre producir sobre campo propio o alquilado vuelve a quedar en primer plano: US$411 contra US$43 por hectárea.
La mejora de julio constituye una buena noticia, pero los números muestran que todavía existe poco margen para equivocarse. Y que producir mucho, incluso en las mejores tierras agrícolas del país, no necesariamente significa obtener una rentabilidad acorde con el riesgo y el capital que demanda cada campaña.
























