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El Niño vuelve al radar: el INTA recomienda anticiparse para aprovecharlo y no padecerlo

Las perspectivas climáticas comienzan a mostrar señales de un posible evento El Niño hacia los próximos meses. Desde el INTA advierten que un escenario con lluvias superiores a lo normal puede transformarse en una oportunidad productiva.

20 de agosto de 2026 a las 03:08 p. m.
El Niño vuelve al radar: el INTA  recomienda anticiparse para aprovecharlo y no padecerlo
Una primavera particularmente lluviosa podría reducir las ventanas disponibles para sembrar, fertilizar o realizar aplicaciones.

La campaña agrícola 2026/27 empieza a tomar forma y, además de los precios, costos y márgenes que condicionan las decisiones de los productores, aparece un protagonista que puede resultar determinante: el clima.

Las perspectivas de una posible transición hacia condiciones asociadas a El Niño obligan a mirar la próxima campaña gruesa con una lógica diferente. Después de varios ciclos en los que la falta de agua ocupó buena parte de las preocupaciones productivas, ahora el desafío puede pasar por administrar correctamente una mayor disponibilidad hídrica.

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Desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) plantean que anticiparse resulta fundamental. La posibilidad de contar con precipitaciones superiores a los registros normales puede representar una ventaja considerable para los cultivos, pero de ninguna manera garantiza por sí sola buenos resultados.

La clave estará en transformar esa mayor oferta de agua en rendimiento, ajustando las decisiones agronómicas a cada ambiente y evitando que los excesos terminen convirtiendo una oportunidad en un problema.

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 Más agua, pero también nuevos riesgos

El fenómeno El Niño se encuentra asociado, en buena parte de la región agrícola argentina, con una mayor probabilidad de lluvias por encima de los valores habituales.

Para la producción agropecuaria, especialmente después de campañas afectadas por déficits hídricos, el dato puede resultar alentador.

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Sin embargo, desde el INTA remarcan que la planificación debe contemplar las dos caras del escenario. Una campaña húmeda puede potenciar los rendimientos, pero también favorecer anegamientos, pérdida de nutrientes, mayor presión de enfermedades, dificultades para realizar labores y problemas de transitabilidad dentro de los establecimientos.

Por eso, más que pensar simplemente en "un año con mucha lluvia", el productor necesita analizar cómo responde cada lote frente a un escenario de mayor disponibilidad hídrica.

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La capacidad de infiltración de los suelos, el relieve, la presencia de sectores bajos, el estado de los canales y vías de escurrimiento y los antecedentes de cada ambiente pasan a ser variables centrales.

 El punto de partida es conocer el lote

Una de las recomendaciones fundamentales es realizar un diagnóstico preciso antes de tomar decisiones.

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Conocer la cantidad de agua almacenada en el perfil permite definir estrategias de siembra y ajustar las expectativas de rendimiento. Pero ese análisis debe complementarse con información sobre fertilidad, estructura del suelo y comportamiento histórico de cada ambiente.

En una campaña que podría disponer de abundante agua, la nutrición adquiere todavía mayor importancia.

Un cultivo con potencial para producir más también tendrá mayores requerimientos nutricionales. Por eso, los análisis de suelo aparecen como una herramienta indispensable para determinar qué nutrientes están disponibles y cuáles será necesario incorporar.

La estrategia de fertilización debería acompañar el potencial productivo esperado, evitando tanto deficiencias que limiten los rendimientos como aplicaciones que no tengan una respuesta económica suficiente.

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 La elección de los materiales

Otro aspecto decisivo será la genética.

En maíz, soja y otros cultivos estivales, la selección de materiales debería contemplar no solamente su potencial de rendimiento, sino también su comportamiento frente a enfermedades y las características específicas de cada ambiente.

Cuando aumentan las precipitaciones y se prolongan los períodos de humedad, también pueden modificarse las condiciones sanitarias dentro de los lotes.

Una mayor humedad relativa y períodos más prolongados de mojado foliar pueden favorecer el desarrollo de determinadas enfermedades. En consecuencia, el monitoreo deberá intensificarse durante todo el ciclo.

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La elección de híbridos y variedades con buen comportamiento sanitario puede transformarse en una herramienta preventiva importante.

 El maíz, ante una oportunidad

Para la zona núcleo, el escenario adquiere particular importancia por el peso que tiene el maíz dentro de los planteos agrícolas.

El cereal posee una elevada capacidad para transformar agua en producción, especialmente cuando dispone de humedad suficiente durante sus períodos críticos.

Después de campañas en las que la disponibilidad hídrica condicionó fechas de siembra y rindes, comenzar el ciclo con perfiles recargados puede mejorar considerablemente las perspectivas.

Pero el desafío estará en definir correctamente las fechas de implantación.

Los maíces tempranos podrían aprovechar las buenas reservas acumuladas durante el invierno, mientras que los planteos tardíos deberán considerar cómo evoluciona el régimen de precipitaciones durante la primavera y el comienzo del verano.

La decisión deberá tomarse lote por lote, evitando recetas generales.

 Soja: cuidar el potencial sanitario

La soja también puede beneficiarse de un escenario húmedo, especialmente en ambientes que habitualmente sufren restricciones de agua durante los meses de verano.

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Pero allí vuelve a aparecer el componente sanitario.

Mayor humedad y temperaturas favorables pueden incrementar la presencia de enfermedades de fin de ciclo y otros problemas que requieren seguimiento permanente.

Por eso, el INTA insiste en una agricultura basada en información y monitoreo. La disponibilidad de herramientas de pronóstico, imágenes satelitales, mapas de ambientes y registros históricos permite actualmente tomar decisiones con un nivel de precisión muy superior al de años atrás.

El clima continúa siendo una variable que el productor no puede controlar, pero sí puede mejorar considerablemente la manera en que se prepara para enfrentarlo.

 Atención a los excesos

En Pergamino y buena parte del norte bonaerense existe además un aspecto que nunca puede quedar fuera del análisis: el riesgo de excesos hídricos.

Los suelos de alta productividad de la región tienen una enorme capacidad para responder cuando disponen de agua, pero lluvias abundantes y concentradas pueden generar complicaciones en sectores bajos y ambientes con problemas de escurrimiento.

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Por eso, antes del comienzo de la gruesa cobra importancia revisar canales internos, alcantarillas y sistemas de drenaje, además de identificar aquellos lotes que históricamente presentan dificultades frente a precipitaciones intensas.

También deberá considerarse la capacidad de ingreso de la maquinaria.

Una primavera particularmente lluviosa podría reducir las ventanas disponibles para sembrar, fertilizar o realizar aplicaciones. Tener previamente organizada la logística puede marcar diferencias cuando los días aptos para trabajar son escasos.

 Convertir el pronóstico en una herramienta

La recomendación central del INTA apunta, en definitiva, a no esperar que el fenómeno climático esté instalado para comenzar a tomar decisiones.

Los pronósticos estacionales no permiten conocer exactamente cuánto lloverá en un determinado campo ni en qué fecha ocurrirá una precipitación. Sí ofrecen información sobre probabilidades y tendencias que puede incorporarse a la planificación.

Ese cambio de enfoque resulta fundamental.

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El pronóstico deja de ser solamente un dato meteorológico para transformarse en una herramienta de gestión.

Definir ambientes, analizar suelos, revisar reservas de agua, elegir correctamente los materiales, ajustar la nutrición, intensificar el monitoreo sanitario y organizar con anticipación la logística son decisiones que permiten reducir riesgos.

Y también aprovechar oportunidades.

Porque si finalmente El Niño se consolida y las lluvias acompañan durante los períodos críticos, la región núcleo podría encontrarse frente a una campaña con un elevado techo productivo.

El agua, tantas veces convertida en la principal limitante de los cultivos, podría esta vez estar disponible en abundancia.

El desafío será administrarla.

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La próxima campaña empieza, entonces, mucho antes de que las sembradoras ingresen a los lotes. Empieza ahora, interpretando los pronósticos, evaluando cada ambiente y diseñando una estrategia capaz de adaptarse a diferentes escenarios.

Porque frente a un clima que puede cambiar rápidamente, la mejor herramienta sigue siendo la misma: anticiparse para tomar mejores decisiones.

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