Falleció Carmen Godoy de Escobar, una docente que hizo del servicio a los demás una forma de vida
La exdirectora de la Escuela Técnica Nº 2 dedicó gran parte de su vida a la educación y, tras su jubilación, profundizó su compromiso solidario en instituciones de la comunidad.

La ciudad despide a Carmen Edith Godoy de Escobar, una mujer cuya historia quedó profundamente ligada a la educación, al trabajo comunitario y a la formación de varias generaciones de pergaminenses. Maestra, profesora de inglés, directora de la Escuela Técnica Nº 2 y referente de distintas instituciones solidarias, supo construir una vida silenciosa, lejos de los reconocimientos, pero cercana a quienes más necesitaban una mano.
Nacida en el seno de una familia de fuerte arraigo en la región, llegó a Pergamino cuando tenía apenas cinco años para vivir con sus abuelos maternos y poder asistir a la escuela. Cursó sus estudios en el Colegio Nuestra Señora del Huerto, donde también obtuvo el título de maestra, iniciando un camino que terminaría convirtiéndose en la gran pasión de su vida.
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Mientras estudiaba el magisterio también se formó en la Cultura Inglesa. Esa preparación le abrió las puertas de su primera experiencia docente en Colón y, años más tarde, la llevó a desempeñarse en la Escuela Técnica Nº 2 de Pergamino, institución en la que desarrolló la mayor parte de su carrera y de la que fue directora entre 1982 y 1990.
Quienes compartieron aquellos años la recuerdan como una educadora comprometida, convencida de que la escuela debía ser también una herramienta de inclusión. En una entrevista concedida a LA OPINIÓN en 2007, expresaba una de las mayores satisfacciones que le había dejado la docencia: que antiguos alumnos todavía la saludaran con afecto y gratitud cuando la encontraban por la calle. Ese reconocimiento espontáneo era, para ella, el mejor premio a una vida dedicada a enseñar.
Al jubilarse, lejos de buscar el descanso definitivo, encontró otra manera de seguir sirviendo. Participó en entidades como el Club de Leones, el Club de Servicio y Cáritas, hasta asumir un rol muy activo en el Hogar de Jesús, donde colaboró intensamente para fortalecer la institución y mejorar las condiciones de atención de los adultos mayores.
Precisamente, el cuidado de los ancianos ocupaba un lugar especial en su pensamiento. Consideraba que era uno de los sectores más vulnerables de la sociedad y sostenía que quienes habían recibido mucho de la vida tenían también la responsabilidad de devolver algo a la comunidad. Esa convicción fue el motor de buena parte de su tarea solidaria.
Profundamente creyente, también encontraba en la fe una fuente permanente de fortaleza. Integraba grupos de oración y entendía que la espiritualidad debía reflejarse en acciones concretas de servicio hacia los demás, una idea que sostuvo durante toda su vida.
Carmen Godoy de Escobar, que falleció este lunes 27 a los 89 años de edad, encontró siempre en los suyos el principal sostén de su vida. Fue madre de Camucha, Fernando, Marita y Pelusa, y disfrutó con inmensa felicidad de ver crecer a sus nietos y, posteriormente, a sus bisnietos, quienes constituyeron una de sus mayores alegrías. Quienes la conocieron coinciden en que el afecto por su familia fue una constante que atravesó toda su existencia y que supo transmitir con el ejemplo, la dedicación y una presencia siempre generosa.
Aunque la política estuvo presente en su entorno familiar, siempre prefirió observarla desde el lugar de quien valora la honestidad y el compromiso público. Más que las banderías, destacaba la importancia de la preparación, el trabajo y la conducta ética en quienes asumían responsabilidades institucionales.
En aquella conversación de hace casi dos décadas también dejaba entrever una preocupación que mantenía intacta: el futuro de los jóvenes. Creía que la familia, la educación y la transmisión de valores seguían siendo pilares imprescindibles para construir una sociedad mejor.
Hoy, al conocerse su fallecimiento, Pergamino despide a una mujer que dejó huellas profundas sin necesidad de hacer ruido. La recuerdan sus exalumnos, sus colegas, quienes compartieron con ella el trabajo solidario y todos aquellos que encontraron en Carmen Godoy de Escobar una persona dispuesta a escuchar, acompañar y servir.
Su vida fue el reflejo de una convicción sencilla, pero poderosa: que el verdadero legado no se mide por los cargos ocupados, sino por el bien que una persona logra sembrar en los demás.
Un gesto que resumió toda una vida
Quienes la conocieron siempre destacaron su honestidad, pero existe una anécdota que, probablemente, la define mejor que cualquier descripción.
Hace algunos años, durante el acto por el 75º aniversario de la Escuela Técnica Nº 2, al que asistió su hijo Fernando en representación de su madre, el entonces presidente de la cooperadora escolar, Armando Zapata, recordó un episodio ocurrido durante la construcción del actual edificio.
Según relató, al finalizar la obra había quedado un importante remanente de dinero. Frente a esa situación, Carmen Godoy de Escobar, que por entonces dirigía la institución, fue categórica: ese dinero debía devolverse al Estado provincial.
Zapata contó que, por indicación de la directora, ambos fueron al banco para confeccionar un cheque con el monto sobrante. Luego Zapata viajó a La Plata para entregarlo personalmente. La reacción de los funcionarios provinciales fue de absoluta sorpresa. "No podían creer que alguien fuera a devolver plata", recordó. Incluso debió insistir para que aceptaran el cheque. "Les dije que, si no lo recibían, no podía volver a Pergamino porque la directora me había obligado a devolverlo", relató entre los aplausos del público.
La historia provocó una ovación en el salón y emocionó profundamente a Fernando, que recibió en nombre de su madre los reconocimientos preparados para aquella celebración. "Nunca sentí tanto orgullo de ser su hijo", recordaría después. Al finalizar el acto, decenas de exalumnos, docentes y vecinos se acercaron para pedirle que le transmitiera un saludo a "Carmencita", como muchos aún la llamaban con afecto.
Aquel episodio, sencillo y silencioso, terminó convirtiéndose en una de las imágenes más fieles de su personalidad. En tiempos en que la honestidad suele ponerse en duda, Carmen Godoy de Escobar entendía que administrar lo público era, ante todo, una cuestión de principios. No hacía falta pronunciar grandes discursos: le alcanzaba con hacer lo correcto.
















