Desde Uruguay, León XIV convocó a una Iglesia de puertas abiertas, fraterna y cercana a quienes más necesitan
En su segunda jornada de visita apostólica, el Santo Padre presidió una misa en la ciudad de Paysandú, donde recuperó el testimonio del beato Jacinto Vera y llamó a renovar el compromiso evangelizador.

La visita apostólica del papa León XIV a Uruguay tuvo este sábado uno de sus momentos más significativos en la ciudad de Paysandú. En el Parque París Londres, el Pontífice presidió una celebración eucarística en la que convocó a los fieles a vivir una Iglesia cercana, acogedora y comprometida con el prójimo, especialmente con quienes atraviesan situaciones de necesidad.
En su homilía, el Santo Padre puso el acento en la fraternidad como camino para anunciar el Evangelio y recordó que la misión de los cristianos no se limita a proclamar la Palabra, sino que también se expresa en los gestos cotidianos de solidaridad, servicio y acompañamiento.
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Al finalizar su reflexión, dejó una invitación que sintetizó el espíritu de su mensaje: ser puentes que permitan a otros encontrarse con Jesús y construir una comunidad donde tengan lugar los sueños, las esperanzas y las dificultades de cada persona. Una Iglesia que se reúne, comparte y permanece especialmente atenta a quienes necesitan una mano tendida.
El ejemplo del beato Jacinto Vera
Durante esta primera misa celebrada en territorio uruguayo, León XIV evocó la figura del beato Jacinto Vera, primer obispo de Montevideo, cuyo testimonio pastoral permanece como una referencia para la Iglesia de ese país.
El Papa destacó su entrega misionera y su incansable tarea de recorrer el territorio para acercarse a las comunidades, aun cuando los caminos, las distancias y las condiciones climáticas representaban grandes dificultades.
También recordó un episodio particularmente significativo de su vida: durante la Defensa de Paysandú, en 1864, Vera se estableció en la denominada Isla de la Caridad para brindar asistencia a refugiados y heridos de los dos bandos enfrentados. Su presencia allí fue una expresión concreta de misericordia en medio del conflicto.
El Pontífice recuperó especialmente el deseo de aquel pastor de que quienes se encontraban enfrentados pudieran reconocerse como hermanos y volver a estrecharse en un abrazo. Una enseñanza que conserva plena vigencia y que invita a superar las divisiones mediante el encuentro, la reconciliación y la caridad cristiana.

Puentes, palmares y mate
Para acercar su mensaje a la realidad cultural y espiritual de la región, León XIV eligió tres imágenes profundamente representativas de la vida rioplatense: los puentes, los palmares y el mate.
Al referirse al puente internacional General Artigas, que vincula Paysandú con la ciudad entrerriana de Colón, el Papa encontró una imagen de la vocación cristiana. La Iglesia está llamada a acercar a las personas, derribar distancias, generar encuentros y compartir la alegría de la fe.
Los palmares, por su parte, le permitieron reflexionar sobre el valor de la comunidad. Las palmeras crecen juntas y encuentran en esa cercanía una forma de fortaleza. Del mismo modo, los creyentes están llamados a permanecer unidos por una misma raíz: la Palabra de Dios, los sacramentos, la oración y las obras de misericordia.
El tercer símbolo fue el mate, una costumbre que atraviesa generaciones y forma parte de la identidad de los hogares uruguayos y argentinos. León XIV lo presentó como una expresión sencilla, pero profunda, de amistad, hospitalidad, confianza e integración.
Recordó que compartir una ronda de mate supone mucho más que beber una infusión: es abrir un espacio para el diálogo, la compañía y el encuentro. También hizo referencia a esos momentos en los que el mate se toma en soledad, como compañía de la oración y del silencio, instancias en las que las personas ponen ante Dios sus preocupaciones, anhelos y proyectos.
Transmitir la fe y cuidar los vínculos
A partir de estas imágenes, el Santo Padre renovó el llamado a anunciar el Evangelio con creatividad y valentía, procurando que sus enseñanzas continúen dando frutos en la sociedad.
En ese camino, identificó cuatro responsabilidades pastorales fundamentales: ofrecer una formación cristiana sólida a niños y jóvenes, acompañar a las familias, brindar contención y cercanía a los adultos mayores y sostener las obras de caridad.
Asimismo, advirtió sobre la necesidad de cultivar una fe bien formada, capaz de afrontar los desafíos de estos tiempos sin perder de vista las enseñanzas del Evangelio. La fidelidad, explicó, también se manifiesta en las pequeñas responsabilidades de cada jornada, porque quien aprende a ser fiel en lo cotidiano puede responder con compromiso ante las grandes misiones.
Una tierra llamada a vivir en fraternidad
La celebración también contó con las palabras del obispo de Salto, monseñor Arturo Fajardo Bustamante, quien agradeció la presencia del Papa en el norte uruguayo y destacó la historia religiosa, misionera y franciscana de la región.
El prelado recordó la huella de las comunidades religiosas, el trabajo de sacerdotes y laicos y los 150 años de presencia salesiana, con su aporte a la educación y a la acción social.
En su mensaje, reafirmó junto con la diócesis de Tacuarembó el anhelo de construir una sociedad más fraterna, asentada en el esfuerzo de su gente, la búsqueda del bien común y la superación de las divisiones. También puso de relieve la importancia de defender la vida y fortalecer los lazos que permiten crecer como comunidad.
Al concluir la misa, León XIV entregó un cáliz destinado a la celebración eucarística y dedicó un momento de oración ante la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona de Uruguay, confiando a su protección al pueblo que lo recibió.
Así, en el corazón de Paysandú, el mensaje del Pontífice volvió a señalar el horizonte de una Iglesia que no se encierra en sí misma, sino que sale al encuentro, acompaña, escucha y sirve. Una comunidad que encuentra en la oración su fortaleza y en la caridad su manera más concreta de hacer presente el amor de Cristo.



















