El Cybercab de Tesla ya lleva pasajeros: cómo funciona el robotaxi sin volante, sin pedales y sin espejos que debutó en Austin
El vehículo autónomo de dos plazas comenzó a operar en Texas casi dos años después de su presentación, en medio de dudas regulatorias y de la competencia de Waymo.

Tesla dio el salto que Elon Musk prometía desde octubre de 2024: puso en las calles un vehículo autónomo sin volante, sin pedales y sin espejos retrovisores, diseñado para transportar pasajeros sin ninguna intervención humana. El Cybercab ya circula como robotaxi en un área limitada de Austin, Texas, y abre una etapa inédita para la movilidad urbana.
El debut llegó casi dos años después de la presentación del vehículo, realizada con gran pompa en un estudio cinematográfico de Los Ángeles, y en medio de una intensa competencia por el mercado de los robotaxis, donde Waymo —la empresa de conducción autónoma de Google— ya presta servicios en 11 ciudades estadounidenses.
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Un auto que rompe todas las reglas
El Cybercab es un eléctrico de dos plazas concebido exclusivamente para funcionar como taxi autónomo: no tiene volante, ni pedales, ni retrovisores, solo una gran pantalla central y dos asientos. Según los documentos que Tesla presentó ante la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), pesa 1.412 kilogramos, monta un motor eléctrico delantero de 219 CV con tracción delantera y una batería de iones de litio que registró una autonomía combinada de laboratorio de 673 kilómetros, aunque esa cifra no es la definitiva de la etiqueta comercial.
Toda la operación depende del sistema Full Self Driving (FSD) de Tesla, el software de conducción autónoma de la compañía, sin ningún respaldo humano posible a bordo: la configuración es radical incluso comparada con otros robotaxis, que conservan los comandos tradicionales.
Del evento hermético a las calles de Austin
El camino hasta el pasajero fue gradual. Tesla lanzó su servicio de robotaxis en Austin en junio de 2025, pero con unidades del Model Y adaptadas, porque el Cybercab todavía no estaba listo. La producción del nuevo vehículo comenzó este año en la Gigafactory de Texas —con un ritmo inicial que el propio Musk describió como "muy lento"— y antes de transportar público el auto fue sometido a pruebas internas, incluidas las realizadas con empleados de la planta en julio.

El estreno comercial se hizo con un evento privado y hermético, un contraste llamativo con el estilo ruidoso habitual de la compañía. A comienzos de septiembre, Tesla tenía registrados 314 robotaxis en Texas, incluidos 45 Cybercab, según datos del Departamento de Vehículos Motorizados del estado citados por FSD Database. La empresa asegura que su flota autónoma ya acumula más de 611.000 kilómetros sin supervisión.
Dudas regulatorias y un mercado en disputa
El despliegue no está exento de interrogantes. La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras (NHTSA) abrió una investigación sobre el Cybercab, dado que el vehículo no cumpliría con la regulación federal de vehículos motorizados, y medios como Wired señalaron que Tesla ni siquiera habría solicitado la exención regulatoria necesaria para operar sin volante ni pedales. Tras el evento de lanzamiento, las acciones de la compañía registraron su mayor caída porcentual en seis semanas, según Bloomberg, y analistas como Gary Black, cofundador de Future Fund Advisors, calificaron la presentación como "un fracaso" que "dejó preguntas clave sin responder".
La venta directa al público es, además, otra historia. Musk prometió en 2024 que el auto se produciría "antes de 2027" y se vendería por menos de 30.000 dólares, aunque él mismo admitió entonces ser "un poco optimista con los plazos".

El laboratorio de Austin
Para Musk, la conducción autónoma es uno de los pilares del crecimiento y del valor futuro de Tesla, cuya actividad tradicional de fabricación de eléctricos enfrenta una competencia creciente, especialmente de las marcas chinas. El desafío ahora es demostrar que el Cybercab puede ofrecer una experiencia segura, fiable y consistente fuera de los entornos controlados, frente a las situaciones imprevisibles del tráfico urbano.
Por ahora, el futuro del transporte autónomo arranca en una escala modesta: un auto de dos plazas que circula sin conductor por un área limitada de Austin. Si Tesla resuelve las cuestiones técnicas y regulatorias, el Cybercab podría convertirse en el núcleo de una red global de robotaxis. Si no, quedará como el experimento más audaz —y más discutido— de la era de la conducción autónoma.















