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María Crescencia, una vida que sigue floreciendo en Pergamino: habrá misa por su natalicio

Este lunes, como en cada 17 de agosto, a las 18:00, la Capilla del Colegio Nuestra Señora del Huerto será escenario de una celebración eucarística para conmemorar el 129° aniversario del nacimiento de la beata María Crescencia Pérez.

16 de agosto de 2026 a las 08:23 a. m.
María Crescencia, una vida que sigue floreciendo en Pergamino: habrá misa por su natalicio
La beata María Crescencia despierta la fe entre los pergaminenses.

Hay fechas que para una comunidad religiosa no pasan como una más en el calendario. Cada 17 de agosto, Pergamino vuelve su mirada hacia una mujer cuya historia quedó profundamente ligada a esta ciudad: María Crescencia Pérez, la beata que eligió el camino de la entrega, la oración y el servicio.

Este lunes al cumplirse 129 años de su nacimiento, la Capilla del Colegio Nuestra Señora del Huerto será nuevamente punto de encuentro para quienes mantienen viva su memoria. A las 18 se celebrará una misa especial en la que se pondrán en valor las virtudes de la beata y se rezará especialmente por su pronta canonización.

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Será una celebración para recordar, pero también para agradecer. Para quienes se acercan a Crescencia desde la fe, su historia no pertenece solamente al pasado: su figura continúa siendo una presencia espiritual para muchos pergaminenses que encuentran en ella un ejemplo de humildad, servicio y confianza en Dios.

La celebración se realizará en el lugar donde descansan sus restos, en la capilla del Colegio Nuestra Señora del Huerto, una institución que ocupa un sitio central en la historia de la beata.

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 De Pergamino a una vocación de servicio

María Angélica Pérez nació el 17 de agosto de 1897 en San Martín, provincia de Buenos Aires. Su historia con Pergamino comenzó cuando era todavía una niña: en 1905 su familia se radicó en esta ciudad y, dos años después, María Angélica ingresó junto con una de sus hermanas al Hogar de Jesús, institución educativa que estaba a cargo de las Hermanas del Huerto.

Allí permaneció como pupila hasta fines de 1915. Para entonces, su vocación religiosa ya había tomado forma. El 31 de diciembre de ese año dejó el Hogar y viajó a Buenos Aires para ingresar al noviciado de las Hermanas del Huerto, en la Casa Provincial ubicada en Villa Devoto.

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En 1916 recibió el hábito religioso y comenzó a llamarse Hermana María Crescencia, en honor al santo mártir Crescencio. Dos años después realizó su primera Profesión Religiosa.

Su vida consagrada estuvo marcada por una constante disposición al servicio. En el Colegio del Huerto de Buenos Aires enseñó catecismo y labores a niñas pupilas y externas. Más adelante, en 1924, fue destinada al Sanatorio Marítimo de Mar del Plata, donde se dedicó al cuidado y educación de niñas que padecían tuberculosis.

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 Una vida entregada a los enfermos

El contacto cotidiano con el dolor y la enfermedad atravesó buena parte de su vida religiosa. En 1928, debido a su delicado estado de salud, sus superiores decidieron enviarla a Vallenar, en el norte de Chile, buscando un clima más favorable.

Lejos de apartarse de su misión, continuó allí su tarea junto a las Hermanas de la comunidad, acompañando a los enfermos internados en el hospital Nicolás Naranjo.

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Fue en Vallenar donde falleció el 20 de mayo de 1932, serenamente y en concepto de santidad, luego de padecer una grave enfermedad.

Su historia, sin embargo, no terminó allí. Con el paso de los años, la devoción hacia la Hermana Crescencia fue creciendo y su nombre comenzó a trascender las fronteras de las comunidades vinculadas a las Hermanas del Huerto.

Hoy, sus restos descansan en la capilla del Colegio Nuestra Señora del Huerto de Pergamino. Ese espacio se convirtió en uno de los lugares donde, año tras año, los fieles vuelven a encontrarse con su memoria y a encomendar sus intenciones a su intercesión.

 El camino hacia los altares

El proceso de beatificación comenzó el 27 de febrero de 1986, durante el episcopado de monseñor Domingo Salvador Castagna, entonces obispo de San Nicolás. En 1989, la causa fue presentada en Roma.

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En 2004, el papa Juan Pablo II reconoció las virtudes heroicas de la Hermana Crescencia, paso que permitió que fuera declarada venerable.

Luego llegó un momento decisivo: en 2011, la Santa Sede reconoció un milagro atribuido a su intercesión. A partir de ese reconocimiento, el papa Benedicto XVI firmó el decreto que permitió avanzar hacia su beatificación.

La ceremonia se realizó el 17 de noviembre de 2012 en el Circuito El Panorámico de Pergamino, en una celebración multitudinaria presidida por el cardenal Angelo Amato, entonces prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

 

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