A 95 años de su nacimiento, el legado de Maiztegui sigue vivo en el corazón de la ciencia y la salud pública
Este martes se cumplen 95 años del nacimiento de Julio Maiztegui, el médico e investigador argentino que encontró respuestas para la Fiebre Hemorrágica. En Pergamino, el Instituto que lleva su nombre lo recordará con un sencillo acto interno, pero el verdadero homenaje está en su labor diaria.

Cada 25 de agosto, el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas “Dr. Julio I. Maiztegui” tiene una tradición: recordar el nacimiento de quien le dio nombre y, fundamentalmente, reconocer una obra que trascendió su tiempo.
Este martes, cuando se cumplan 95 años del natalicio de Maiztegui, el personal del Instituto realizará un breve acto al mediodía, en el espacio exterior destinado a recordarlo. Habrá una ofrenda floral, se entonará el Himno Nacional y se compartirán palabras alusivas.
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El encuentro tendrá carácter interno y contará con la presencia de representantes de distintos sectores de la salud pública y privada de Pergamino. Será sencillo, pero cargado de significado.
“Siempre hemos tenido la tradición institucional de festejar su nacimiento, su obra, su legado”, explicaron desde el Instituto Maiztegui. Y señalaron que la fecha representa “un momento para recordarlo, homenajearlo y, además, reforzar aún más nuestro compromiso con la continuidad de toda su obra”.
Porque para quienes trabajan allí, Maiztegui no es solamente el nombre de una institución. Es una manera de entender la ciencia, la investigación y el servicio a la comunidad.
Un legado que atraviesa generaciones
Hay trabajadores del Instituto que nunca conocieron personalmente a Maiztegui. Sin embargo, su presencia continúa siendo parte de la identidad institucional.
Desde el Instituto explicaron que existe “un convencimiento muy importante de que hay un sentido” en el trabajo que se realiza diariamente: que el conocimiento, la tecnología y la investigación tengan finalmente un impacto concreto sobre la salud de la población.
Esa concepción atraviesa generaciones y se transmite a quienes se incorporan a la institución. Es una cultura basada en el trabajo, la seriedad, el compromiso y la convicción de que la ciencia debe convertirse en respuestas concretas.
“Cada uno conoce qué es lo que está haciendo” y entiende que su tarea “tiene un impacto positivo, concreto”, señalaron desde el Instituto.
Por eso, el homenaje de este martes no estará solamente en las palabras que se pronuncien frente al recordatorio de Maiztegui. También estará en mostrar lo que actualmente sucede dentro de la institución que lleva su nombre.

La vacuna que mantiene vigente aquella obra
Uno de los hechos más significativos que atraviesa este aniversario es la producción de la vacuna Candid#1 contra la fiebre hemorrágica argentina, también conocida como “mal de los rastrojos”.
Durante 2026, el Instituto alcanzó la producción del lote número 50 de esta vacuna, un hito que refleja más de dos décadas de trabajo sostenido y que permite garantizar la continuidad de una herramienta fundamental para la prevención de una enfermedad estrechamente vinculada con la región.
Cada lote implica una compleja cadena de producción. Se inicia con el cultivo celular y la obtención del componente viral y continúa con la formulación, el llenado de los viales y su liofilización, además de la producción de agua de calidad farmacéutica utilizada como diluyente.
Todo el proceso se realiza bajo condiciones controladas y acompañado por estrictos controles de calidad que permiten garantizar la seguridad, calidad y eficacia del producto.
La capacidad de producción ronda las 300.000 dosis por lote y se trabaja de manera planificada con el área de inmunizaciones del Ministerio de Salud de la Nación para responder a las necesidades de cada campaña.
La Candid#1 integra el Calendario Nacional de Vacunación y continúa siendo aplicada en el país.
“Para nosotros es la manera mejor de homenajearlo: mostrar que gran parte de lo que él impulsó está activo, tiene estos resultados”, explicaron desde el Instituto.
Más de $2.400 millones de inversión
Detrás de cada dosis de vacuna, de cada diagnóstico y de cada investigación existe una estructura que requiere inversión permanente.
De acuerdo con la información proporcionada por el Instituto, durante 2025 y 2026 la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS) Malbrán destinó más de $2.400 millones al Instituto Maiztegui.
El objetivo fue fortalecer las capacidades productivas, científicas, tecnológicas y diagnósticas y garantizar la continuidad de las actividades.
Desde la institución remarcaron que durante este período no hubo recortes, reducción de las áreas que la integran ni despidos de personal. Por el contrario, se sostuvieron y potenciaron las distintas líneas de trabajo.
Los recursos permitieron avanzar en infraestructura, equipamiento, mantenimiento, insumos y actualización tecnológica.
Entre las inversiones más importantes se encuentra la incorporación de una nueva máquina llenadora y encasquilladora para el área de producción de vacunas, con un costo superior a los $500 millones.
Se trata de un equipamiento fabricado especialmente para las necesidades del Instituto y destinado a modernizar una etapa fundamental del proceso productivo. La máquina que se utilizaba anteriormente lleva alrededor de 30 años de funcionamiento y continúa activa, pero la actualización resulta necesaria para sostener las capacidades productivas hacia el futuro.
Una infraestructura que debe funcionar las 24 horas
En un instituto de estas características, la inversión no se limita a los grandes equipos.
También se destinaron recursos para garantizar la disponibilidad de agua de calidad farmacéutica, mantener los sistemas de ósmosis, incorporar filtros para los sistemas de climatización y ventilación y actualizar y ampliar el sistema SCADA, que permite monitorear variables esenciales como temperatura, humedad y presión.
Se realizaron además trabajos de mantenimiento en la planta compresora de aire, reparaciones y calibraciones de equipamiento científico y tareas sobre tres motogeneradores diésel fundamentales para garantizar la continuidad de las actividades ante eventuales interrupciones del suministro eléctrico.
Durante 2026 se sumaron recursos para la reparación de un termociclador de PCR en tiempo real, la incorporación de una balanza digital para el laboratorio de producción, el mantenimiento del sistema de ósmosis y la adquisición de filtros para el liofilizador.
También se atendieron necesidades relacionadas con los circuitos de refrigeración, el almacenamiento de agua, los grupos electrógenos, el bioterio y distintos servicios y equipamientos indispensables para el funcionamiento cotidiano.
Cada una de esas inversiones puede parecer menor frente a las cifras generales, pero resulta esencial para que una institución científica y productiva pueda mantener operativas todas sus áreas.

Plasma inmune: otra tarea esencial contra la Fiebre Hemorrágica
La actividad del Instituto tampoco termina en la producción de la vacuna.
Otra de las capacidades que se mantiene vigente es la obtención de plasma inmune para el tratamiento de la fiebre hemorrágica argentina.
El Instituto dispone de una unidad móvil equipada para realizar plasmaféresis y cuenta con profesionales especializados que se trasladan periódicamente a localidades del área endémica para facilitar la donación.
La estrategia resulta especialmente importante porque muchos potenciales donantes viven en zonas rurales. Acercar el equipo y los profesionales permite facilitar la donación y contribuir a mantener la disponibilidad de este tratamiento.
Posteriormente, el Instituto realiza las correspondientes titulaciones para determinar la cantidad de anticuerpos presentes en el plasma. Al igual que sucede con la vacuna, el producto debe cumplir con estrictos controles y requisitos de calidad.
Las provincias de la región endémica también participan actualmente en este proceso, pero el Maiztegui continúa aportando equipamiento, profesionales y capacidad tecnológica.
Un referente nacional e internacional
La fiebre hemorrágica argentina fue el punto de partida de una institución que con el paso de los años amplió notablemente sus áreas de trabajo.
Actualmente, el Instituto es referente para las fiebres hemorrágicas virales transmitidas por roedores y también para los arbovirus, tanto en el ámbito nacional como internacional.
Como Laboratorio Nacional de Referencia frente a enfermedades virales emergentes y reemergentes de relevancia sanitaria, coordina además una Red Nacional de Laboratorios.
En ese marco, sostiene las tareas de diagnóstico y vigilancia de dengue y otros arbovirus, para las cuales se destinan recursos destinados a reactivos e insumos.
También se fortaleció el sistema de traslado de muestras y reactivos entre los laboratorios que referencian al Instituto, garantizando una respuesta oportuna y en condiciones adecuadas de bioseguridad.
“Los desafíos continúan y son cada vez más amplios”, explicaron desde la institución, recordando que la experiencia de la pandemia puso nuevamente en evidencia la importancia de contar con capacidades científicas y tecnológicas propias.
Mirar hacia adelante sin perder la esencia
El desafío del Instituto no es solamente conservar las capacidades que construyó durante décadas. También es generar nuevas.
Actualmente participa en un consorcio integrado por distintas instituciones que trabaja en tecnologías vinculadas al ARN mensajero.
En particular, se avanza en el desarrollo y la incorporación de tecnología relacionada con lípidos, componentes fundamentales para la formulación de nanopartículas utilizadas en productos basados en ARN mensajero.
Es una nueva línea que demanda inversión, equipamiento, capacitación y formación de profesionales. Pero también representa una muestra de que el conocimiento acumulado puede utilizarse para abrir nuevos caminos. La ciencia, en este caso, no se detiene en lo conseguido.

El mejor homenaje es que la obra continúe
A 95 años del nacimiento de Julio Maiztegui, el Instituto volverá a recordarlo como lo hace cada año. Pero este aniversario tiene además una particularidad: permite poner en perspectiva cuánto de aquella obra permanece vigente.
La vacuna Candid#1 continúa produciéndose. El plasma inmune sigue siendo obtenido para el tratamiento de la enfermedad. El diagnóstico y la vigilancia de virus continúan activos. La institución participa en nuevas investigaciones y desarrolla capacidades vinculadas con tecnologías de vanguardia. Y todo eso ocurre en Pergamino
El legado de Maiztegui, entonces, no está solamente en los libros de historia de la medicina argentina ni en el nombre del Instituto. Está en cada profesional que trabaja allí, en cada proceso que se sostiene, en cada muestra analizada, en cada dosis producida y en cada nueva tecnología que comienza a desarrollarse.
Desde el Instituto sostienen que existe un sentido detrás de cada actividad: generar un impacto concreto en la salud pública.
Ese convencimiento es, probablemente, la mejor manera de explicar por qué 95 años después de su nacimiento Maiztegui continúa presente. Porque el homenaje no termina este martes frente a un ramo de flores.
El verdadero homenaje ocurre todos los días, puertas adentro del Instituto que lleva su nombre, cuando el conocimiento se transforma en una respuesta para la población y aquella vieja premisa de Maiztegui vuelve a hacerse presente: la ciencia tiene sentido cuando puede convertirse en salud para todos.






























