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Caminos rurales: ocho de cada diez productores bonaerenses advierten por su mal estado

Un relevamiento de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), realizado con la colaboración de Aapresid, CREA y la Sociedad Rural Argentina, expuso una problemática estructural para el interior productivo.

24 de agosto de 2026 a las 04:08 p. m.
Caminos rurales: ocho de cada diez productores bonaerenses advierten por su mal estado
Hablar de caminos rurales es hablar simultáneamente de producción, logística, educación, salud y arraigo.

Los caminos rurales vuelven a quedar en el centro de una discusión que atraviesa desde hace años al interior productivo bonaerense. Esta vez, un relevamiento de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) puso números a una percepción que productores, contratistas y habitantes de las zonas rurales expresan recurrentemente: ocho de cada diez consultados consideran que la red por la que deben transitar cotidianamente se encuentra en malas condiciones.

El estudio se concentró en el sudeste de la provincia de Buenos Aires y la Cuenca del Salado y contó con la colaboración de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), el Movimiento CREA y la Sociedad Rural Argentina.

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Según los resultados, el 79% calificó los caminos rurales como “malos” o “muy malos”, mientras que el 75% afirmó que esas vías no pueden transitarse normalmente durante todo el año.

Pero quizás el dato que mejor dimensiona la gravedad del problema aparece cuando se pregunta por sus consecuencias: el 68% aseguró haber sufrido pérdidas económicas concretas como consecuencia de demoras o directamente por la imposibilidad de retirar la producción de los establecimientos.

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Un problema que se convierte en costo

El estado de los caminos rurales muchas veces aparece asociado exclusivamente con la posibilidad de llegar o salir de un campo. Sin embargo, el relevamiento demuestra que sus consecuencias van mucho más allá.

El 59% de los productores consultados calculó que las malas condiciones incrementan sus costos logísticos en más de un 10%.

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Circular por caminos deteriorados implica mayores gastos de flete, reparaciones, desgaste de vehículos y neumáticos y también un incremento en el consumo de combustible.

El estudio señala que, sobre caminos de tierra en malas condiciones, ese consumo puede aumentar entre 20% y 30%.

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En consecuencia, el camino rural termina convirtiéndose en otro componente del costo de producción.

Y no se trata de una infraestructura marginal.

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Argentina cuenta con aproximadamente 500.000 kilómetros de caminos rurales, que representan nada menos que el 82% de toda la red vial del país.

Por ellos debe salir buena parte de los granos, carnes y leche que posteriormente abastecen el mercado interno o llegan hasta los puertos para su exportación.

Pero por esos mismos caminos también circulan diariamente docentes, alumnos, trabajadores rurales, profesionales, ambulancias, transportistas y familias que viven fuera de los centros urbanos.

Por eso, hablar de caminos rurales es hablar simultáneamente de producción, logística, educación, salud y arraigo.

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Pozos, deformaciones y falta de señalización

El trabajo de UADE también indagó sobre los principales problemas que encuentran quienes circulan habitualmente por estas vías.

El 68% denunció una presencia importante de pozos sobre las calzadas de tierra.

A su vez, el 82% identificó deformaciones: un 27% señaló que aparecen con bastante frecuencia y otro 55% indicó que las encuentra ocasionalmente.

La señalización constituye otra deuda significativa.

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También el 82% de los consultados sostuvo que es inexistente o se encuentra deteriorada, una situación que el informe relaciona con deficiencias en el mantenimiento y actualización de elementos necesarios para garantizar condiciones mínimas de seguridad vial.

El panorama que describe la encuesta encuentra coincidencias con otros relevamientos realizados recientemente sobre la red bonaerense.

CARBAP había advertido que alrededor del 63% de los caminos rurales de la provincia presenta algún grado de inconveniente. De acuerdo con aquella medición, un 18% estaba en malas condiciones y otro 45% solamente alcanzaba una calificación regular.

Una infraestructura estratégica

La dimensión económica del problema adquiere otra magnitud cuando se observa qué circula anualmente por la red rural bonaerense.

Estimaciones difundidas por CARBAP indican que por estos caminos se transportan cada año más de 45 millones de toneladas de granos, unos 2.500 millones de litros de leche y más de nueve millones de cabezas de ganado.

Es decir que una parte considerable de la producción bonaerense necesariamente debe recorrer primero kilómetros de tierra antes de alcanzar una ruta pavimentada.

En una región agrícola como Pergamino y el norte bonaerense, esta realidad resulta particularmente conocida.

La eficiencia lograda dentro de los establecimientos mediante genética, maquinaria, agricultura de precisión y nuevas tecnologías puede encontrar, apenas fuera de la tranquera, una infraestructura que en determinadas circunstancias termina condicionando esa competitividad.

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Una cosechadora puede trabajar con niveles extraordinarios de productividad, pero si posteriormente el camión no puede ingresar al lote o salir hacia una ruta pavimentada, toda esa eficiencia encuentra un límite.

La preocupación aumenta frente a El Niño

El relevamiento adquiere todavía mayor actualidad por las perspectivas climáticas para los próximos meses.

Como viene informando LA OPINIÓN Campo, los modelos internacionales anticipan un fortalecimiento significativo de El Niño, fenómeno que históricamente suele estar asociado con precipitaciones superiores a las normales en buena parte del centro y este de Argentina.

La situación ya encendió las alarmas entre las entidades rurales.

El presidente de CARBAP, Pablo Ginestet, advirtió recientemente que Buenos Aires enfrenta este escenario con aproximadamente 120.000 kilómetros de caminos rurales y una infraestructura que presenta importantes déficits de mantenimiento.

La preocupación no se limita a los caminos. También alcanza a canales, alcantarillas y obras hidráulicas necesarias para permitir que el agua escurra rápidamente después de precipitaciones importantes.

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El temor es que una sucesión de lluvias abundantes encuentre a determinadas regiones con caminos ya deteriorados y termine agravando problemas de transitabilidad justo cuando comienza a desarrollarse una nueva campaña agrícola.

Cuando el camino deja de ser solamente del productor

Existe además una cuestión que muchas veces queda relegada cuando se analiza esta problemática.

El camino rural no es únicamente una infraestructura productiva.

Cuando deja de ser transitable, un alumno puede no llegar a la escuela, una ambulancia puede encontrar dificultades para acceder a una vivienda y una familia puede quedar temporalmente aislada.

Las inundaciones registradas durante los últimos años en diferentes regiones bonaerenses volvieron a mostrar esta dimensión social del problema.

Por eso las entidades agropecuarias vienen reclamando que la conservación de la red deje de depender exclusivamente de intervenciones posteriores a cada emergencia y se transforme en una política sostenida.

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Construcción de alteos, limpieza de cunetas, mantenimiento de alcantarillas, perfilado adecuado, estabilización de sectores críticos y planificación del escurrimiento forman parte de un trabajo que necesita continuidad para que los caminos puedan soportar períodos de precipitaciones intensas.

Los productores están dispuestos a participar

El relevamiento de UADE deja, sin embargo, un dato que abre una posibilidad para avanzar sobre soluciones.

Siete de cada diez productores consultados manifestaron estar dispuestos a colaborar con los gobiernos municipales y provinciales para mejorar los caminos rurales.

La respuesta resulta significativa porque muestra que, más allá del reclamo, existe predisposición para participar de esquemas conjuntos de gestión.

En distintos distritos bonaerenses funcionan o se analizan modelos con intervención de productores, municipios, consorcios y entidades rurales, buscando establecer prioridades y garantizar que los recursos destinados a la red vial tengan continuidad.

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El debate también se vincula inevitablemente con las tasas que los propietarios rurales pagan en los distintos municipios y con el reclamo permanente de que una proporción adecuada de esos recursos vuelva efectivamente a los caminos.

El desafío consiste en encontrar modelos capaces de trascender administraciones y coyunturas climáticas.

Porque reconstruir un camino después de que quedó destruido suele resultar considerablemente más costoso que mantenerlo correctamente.

La primera ruta de la producción

El estado de los caminos rurales suele adquirir visibilidad después de una tormenta, cuando aparecen imágenes de camiones encajados, vehículos que no pueden circular o establecimientos que quedan aislados.

Pero el problema existe mucho antes de que llegue la lluvia.

Los números del relevamiento de UADE vuelven a ponerlo en evidencia: 79% los considera malos o muy malos, 75% dice que no puede utilizarlos normalmente durante todo el año y 68% ya sufrió pérdidas económicas por esa situación.

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Con una campaña gruesa que comienza a ponerse en marcha y perspectivas de precipitaciones abundantes para los próximos meses, el diagnóstico adquiere todavía mayor importancia.

Para una potencia agropecuaria como la provincia de Buenos Aires, disponer de buenos caminos rurales no constituye solamente una comodidad para quienes viven o producen en el campo.

Son la primera ruta que recorre la producción argentina. Y cuando esa primera ruta falla, las consecuencias terminan llegando mucho más lejos que hasta la tranquera.

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