Miguel Angel Jalaf: una vida marcada por oportunidades y una pasión hecha oficio
Es relator deportivo y desde hace más de cuatro décadas se dedica a las transmisiones de fútbol. Antes de incursionar en el periodismo deportivo, fue bombero voluntario, basquetbolista, colectivero, metalúrgico, encargado de una estación de servicio y chofer.

Hay personas que recorren distintos caminos hasta anclar en aquel que tiene que ver con su verdadera pasión. En la vida de Miguel Angel Jalaf, conocido por su voz como comentarista y relator deportivo, su condición de periodista apareció como una consecuencia natural de un recorrido previo y no como el punto de partida de su historia. Antes, fue bombero voluntario, basquetbolista, colectivero, trabajador metalúrgico, encargado de estación de servicio, chofer. Y siempre, un ser predispuesto a tomar desafíos y asumirlos con responsabilidad.
De Escobar a Pergamino
Nació en Belén de Escobar. Allí vivió durante 15 años, junto a sus padres, Segundo Abrahan (Jorge) y Josefa Magdalena Palermo (Pepa). Tuvo dos hermanos José Francisco y Emma Isabel.
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"Mi papá era de Pergamino. Hizo el servicio militar en Campo de Mayo y conoció a mi mamá. Se casaron y se establecieron en Escobar. Él era albañil y ella, ama de casa". Realizó sus estudios primarios en la Escuela Nº 38 y luego, el secundario en el Colegio General Belgrano, donde obtuvo el título de bachiller.
La llegada a Pergamino estuvo vinculada a un cambio inesperado en la vida familiar: "Mi abuelo era encargado de la Cooperativa de Cereales Rivadavia. Después lo pasaron a administrar los silos, en Siria y las vías. Cuando enfermó, vinimos para asistirlo y, al fallecer, a mi padre le ofrecieron ocupar ese puesto, así que nos mudamos a Pergamino".
Admite que el cambio no resultó sencillo: "No conocía a nadie. Mis amigos estaban en Escobar. Al principio, todos los viernes tomaba el último tren, iba a verlos, me quedaba con ellos y regresaba el domingo en el último servicio".
“Fui ganando un sentido de pertenencia de la mano de relaciones que fui estableciendo, pero extrañaba. En Escobar yo había sido Bombero Voluntario y sentía mucha nostalgia de aquello. Tuve el orgullo de ser parte de la primera escuela de cadetes que hubo en la Argentina", relata.
“Acá lo mío fue el deporte, un amigo me llevó a jugar al básquet en el Club Ameghino, y tiempo después, recalé en el Club Douglas, una institución que se transformó en mi segunda casa”, destaca.
La segunda que mata
En Douglas integró un plantel de básquet que recuerda con especial cariño: "Cuando ‘Chocho’ Comité fue a dirigir, me convocó para integrarme a la segunda división con jugadores nicoleños. Me necesitaba como quinto integrante del equipo. Jugábamos el campeonato local y los fines de semana salíamos de gira. A ese equipo lo llamaban ‘la segunda que mata’ porque nadie nos podía ganar”, recrea, destacando esa experiencia.
El servicio y una experiencia inesperada
Cuando le tocó el servicio militar, su destino era el regimiento de Granaderos, pero algo cambió los planes: "Yo no pisaba bien y por esa razón no podía ser granadero. Me ofrecieron otro destino. Siempre había soñado con conocer el sur, así que elegí ir a Junín de los Andes."
Aquella decisión terminó convirtiéndose en una de las experiencias más recordadas de su juventud: "Ser un poco caradura me ayudó. Cuando preguntaron quién sabía tocar instrumentos musicales levanté la mano, aunque nunca había tocado ninguno. Así me incorporé a la banda de música y empecé a tocar en todos los actos, esa fue mi experiencia como músico”, rescata y cuenta que con la orquesta participó de cumpleaños, casamientos y eventos sociales en distintas comunidades.
"Fuimos a la Fiesta de la Nieve e incluso conocí Chile gracias a esa banda”, agrega.
El trabajo como forma de vida
Al regresar del servicio, comenzó una larga trayectoria laboral que lo llevó por distintos oficios. Sus primeras experiencias “de pibe” fueron como cadete repartiendo diarios en la empresa Piraccini; o productos alimenticios para De Mayo. “Más tarde empecé a trabajar como chofer del señor Villanueva, y luego me subí al colectivo ‘de los rojos’ y fui colectivero”.
“Fue precisamente manejando el colectivo que conocí a la mujer con la que comparto mi vida hace 55 años”, cuenta. Y la conversación se introduce en el terreno de la vida privada.
Su vida con Mabel
“El colectivo pasaba por la puerta de su casa, ella- Mabel Nasser- trabajaba en Raies, así que tomaba el colectivo de ida y de vuelta. Nos conocimos, comenzamos nuestra relación y al poquito tiempo de estar de novios, nos casamos, un 24 de junio”, comenta Miguel.
Tienen dos hijos: Silvana Andrea y Claudio Germán. "Silvana es maestra jardinera y de maternal. Su hija, Alfonsina, es profesora de Educación Física e instructora de pilates; y ella nos dio nuestro bisnieto, Giovanni, que nos cambió la vida. Claudio trabaja en YPF Gas, está casado con Mercedes y tienen tres hijos: Ian, profesor de Historia; Juan Cruz, que estudia en el Industrial; y Joel", precisa resaltando que su familia ha sido y es su principal sostén.
Cambios y nuevos comienzos
Retomando el relato de su historia laboral, comenta que cuando dejó el colectivo, ingresó a Somisa, allí trabajó en laminación de chapa en caliente y tras ganar un concurso, pasó a Aduanas.
“Al principio viajaba a diario a San Nicolás, y luego, durante dos años, nos mudamos a Conesa, para acortar las distancias. Con el proceso militar se hizo muy complicado seguir trabajando en la planta, así que decidí dejar y me incorporé a Ropaco, gracias a la oportunidad que me dio el señor Pagotto. El necesitaba organizar un pañol de herramientas y yo sabía hacer ese trabajo. Cuando lo terminé, me propuso que siguiera, así que fui encargado de compras de materiales y personal”.
Trabajó allí hasta 1980. “Llegaron momentos difíciles, las fábricas cerraban un mes y en esos lapsos había que rebuscárselas. Empecé a trabajar como playero en la estación de servicio de Ameghino y Paraguay, y lo que era un empleo transitorio, se transformó en mi trabajo durante muchos años. Fui encargado de la estación hasta 2003", relata.
Después llegaron otras actividades: comisiones, transporte escolar, y viajes de compras. “Hoy sigo viajando, no tanto como antes, ya no hago viajes de compras, sino para clientes particulares”, refiere.
Una oportunidad y un nuevo rumbo
De la mano de su conocimiento deportivo, en paralelo con su nutrida historia laboral, Miguel fue escribiendo otro capítulo de su vida: el periodismo deportivo. "Dos amigos, ‘el Laucha’ Méndez y Rubén Ghiotti me convocaron para hacer una revista de Douglas. Yo pasaba a máquina las notas", relata. “Más tarde fue el semanario Proyección y, cuando esa experiencia terminó, recibí la propuesta de hacer la cobertura del básquet para las crónicas de La Opinión”, comenta y señala que fue "Chichino” quien lo llamó.
"Cubría los partidos, llegaba a mi casa, escribía las notas a máquina y se las llevaba al diario. Ricardo Piraccini era quien me corregía los errores", recuerda. No pasó demasiado tiempo hasta que aparecieron nuevos desafíos. "Carlos Bonet me llamó para cubrir el fútbol de los domingos". Y de su mano también, las coberturas para Radio Mon. Mientras Douglas comenzaba a disputar los torneos regionales, Miguel descubría una pasión, junto a Carlos Bonet, Omar Pacini y Carlos Del Valle que participaban de aquellas transmisiones.
A otras radios del país
El ascenso de Douglas al Nacional B le trajo nuevas posibilidades: “Carlos Trincavelli me recomendó y fui corresponsal para Radio Belgrano. Fue una experiencia breve, pero enseguida llegó Radio Rivadavia, emisora de la que fui corresponsal mientras el rojinegro se mantuvo en la categoría. Para Rivadavia también hice coberturas de partidos del fútbol profesional en Buenos Aires, y en ellas compartí vestuarios con Marcelo Tinelli, Enrique Zacco y tuve contacto con Juan Carlos Morales, Horacio García Blanco y también con José María Muñoz, que me impulsaba a que me radicara en Buenos Aires para seguir mi carrera, pero yo tenía mi familia en Pergamino y un buen trabajo".
Una voz que acompaña a Douglas
Con el tiempo, llegó Radio Latina. "Relataba José Luis Picarelli, estaba Rubén Daletto y me sumé con ellos. Cuando Norberto Degirolamo se fue de Radio Mon, y Picarelli pasó a esa emisora, empecé a relatar y junto a Román Castelli, conformamos el equipo deportivo de Latina”.
“Cuando Juan Cusumano dejó la emisora y ‘el pato’ García tomó la conducción, todo el equipo continuó con él. Hicimos de todo: partidos de la Selección, Eliminatorias, Copa Libertadores".
Tras el fallecimiento de Román Castelli y del ‘Pato García’, la tarea pasó a Radio Show, espacio desde el que sigue relatando la campaña de Douglas. “También realicé algunas transmisiones para DirecTV”, menciona y comenta que tiene el programa “Frecuencia Fogonera” junto a Carlos López y Hugo Marina.
“Ya son 42 años siguiendo al club”, destaca, agradecido, y admite que nunca planificó ser relator. "Lo descubrí porque apareció. Me ayudó conocer el deporte y también mi manera de ser". Sin embargo, reconoce que esa pasión también tuvo un costo: "Me perdí cumpleaños de mis hijos y muchas reuniones familiares. Pero tuve y tengo la fortuna de tener una familia que acompaña", resalta, y, aunque sigue sintiendo la misma emoción del primer día cada vez que comienza un partido e inicia una nueva transmisión, asegura que ya le está poniendo el punto final al relato deportivo.
“Tengo 78 años y considero que he cumplido una etapa”, afirma. "Extraño mucho a Román Castelli y al ‘Pato’ García. Éramos muy compinches. Esas ausencias se sienten ", expresa, honrando el recuerdo de quienes tanto tuvieron que ver con su oficio.
Y cuando la charla toma el tono sereno del balance, Miguel se muestra satisfecho. Tantos oficios, tantos kilómetros recorridos y tantas historias, lo transformaron en quien es: un tipo honesto y eso lo hace sentir simplemente, agradecido a la vida.


















