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Ernesto “Petaca” Mollo: el oficio periodístico ejercido desde la agudeza y el humor político

Nutrió su vocación de formación y experiencia. Fue hacedor de un modo de contar la trastienda de la actividad política. Su seudónimo, “Chiquito Florida”, fue su marca de identidad.

27 de julio de 2026 a las 03:26 p. m.
Ernesto “Petaca” Mollo: el oficio periodístico  ejercido desde la agudeza y el humor político
Ernesto José María Mollo, simplemente "Petaca".

Ernesto José María Mollo, conocido como “Petaca”, es un periodista de la vieja escuela. Se define como parte de esa generación “intermedia”, que comenzó a trabajar cuando no había celulares ni Internet y hoy lo hace atravesada por los desafíos de la sofisticación tecnológica.

Acepta trazar su perfil con agrado, acostumbrado al ejercicio que le proponen la conversación y la palabra. 

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Tiene 63 años. Nació en Pergamino y vivió su infancia y adolescencia en calle Florida -por entonces Uriburu- y Moreno. Allí compartía la vecindad con Gustavo Pérez Ruiz, a quien lo une una amistad entrañable. “Soy el padrino de su hijo Nicolás”, menciona.

Habla con gratitud de sus padres: Ernesto José, que tiene 94 años; y Noemí Cuartango, fallecida en 2016. “El, fue empleado de Correos y fotógrafo profesional; y ella, trabajó en el Registro Civil, donde llegó a ocupar la jefatura”.

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“Soy el mayor de tres hermanos: Cecilia, que es fiscal, vive en Buenos Aires y está casada con Ricardo Oliver; y Fernando, que también vive allá, trabaja en Rentas, y está casado con Karina Rizzone”, señala y comenta que es tío de: Mateo (21), Iara (30) y Mora (21).

 “Petaca” está casado con María del Huerto “Tuky” Couretot. “Ella vivía en el edificio Monarca, yo trabajaba en LA OPINION, y me veía por la ventana cuando iba al kiosco. Ella militaba en el Frepaso y, a través de algunos amigos en común, nos conocimos. En 1997 nos casamos, y al año siguiente llegó Guido, que tiene 28 años y estudia Derecho en Buenos Aires”, comenta narrando el modo en que conformó su familia.

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Conserva buenos recuerdos de cada etapa de la vida. Inició la primaria en la Escuela N° 1 y luego fue a la Escuela N° 2.  El secundario lo hizo en el Colegio Nacional y al egresar, ingresó a trabajar en el Correo.

La vocación y sus inicios

Siendo muy joven incursionó en el teatro con Jorge Sharry y compartió esa experiencia, entre otros, con Claudia Aiello y Neme Carenzo.

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Desde siempre sintió inclinación por la comunicación y la expresión libre en cualquiera de sus formas. Siguiendo el impulso de su vocación, pidió el traslado al Correo Central para poder estar en Capital y estudiar periodismo en TEA.  “Vivía en un departamento ubicado en calle República de la India, en el barrio de Palermo. Estábamos Horacio ‘el negro’ Avendaño, Alejandro Manzoni. Y éramos vecinos de Claudio Jacquelín”, relata y menciona que fue gracias a él que tuvo la posibilidad de hacer su paso por el Diario La Nación. “Estaba Claudio Escribano, fue muy interesante la experiencia en el diario”.

Estando en Buenos Aires volvió a acercarse al teatro y se inscribió en la escuela de Raúl Serrano. “Allá estaban Fernando Crespi e hicimos una obra con Ruly Defrancesco, me dediqué bastante al teatro en esa época”.

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La vuelta a Pergamino

Reconoce que su intención era poder quedarse en Capital. “Quería trabajar en alguna radio, pero era complicado, así que por distintas razones decidí regresar a Pergamino”.

“Seguí trabajando un tiempo en el correo, hasta que ofrecieron un retiro voluntario que tomé y empecé a abrirme camino en la profesión”, cuenta. Para entonces ya había ingresado al Semanario Lunes, un lugar en el que hizo “mucha experiencia periodística”.

“Estando todavía en Buenos Aires, había hecho algunas cosas. Grababa notas sobre educación y se las enviaba a Jorge Sharry que tenía la ‘Página joven’ en LA OPINION, hablo de una época en la que en el diario todavía se trabajaba con plomo”, recuerda.

El hacedor del humor político

En el Semanario Lunes comenzó a escribir información general y más tarde, por sugerencia de Claudia Aiello -su gran amiga en la profesión y en la vida-, gestó una columna de humor político a la que le puso rigurosidad informativa y cierta ironía. “En ese tiempo Antonio Gasalla hacía ‘El Palacio de la Risa’ y encontré inspiración en esa idea. Fue así que nació una columna que firmaba con un seudónimo ‘Chiquito Florida’, ‘chiquito’ por mi estatura y ‘Florida’ por la calle del Palacio Municipal”.

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Ese personaje ganó rápidamente identidad en la política local y su columna era esperada por dirigentes y lectores. “Detrás de ese seudónimo estaba yo”, afirma recreando miles de anécdotas. “Incluso mi mujer cuando me conoció estaba convencida de que mi apellido era Florida”, confiesa entre risas.

Aunque en la ciudad había algunos otros espacios que intentaban acercarse al lector con ese lenguaje, la columna de ‘Chiquito Florida’ abrió un camino y se transformó en un género en sí mismo.

“Tuvo mucha aceptación, empecé a contar la trastienda de la política, algo similar, salvando las diferencias, a lo que habían sido las Charlas de Quincho de Ámbito Financiero”, recrea.

 Su llegada a LA OPINION

Tiempo después ingresó a trabajar en LA OPINION. Lo hizo junto a Mauricio Bártoli. “Claudia Aiello se había ido a Buenos Aires a trabajar con Rosa Tulio y Haide Andriolo había dejado el diario. El jefe de redacción era Álvaro Kegay y había un equipo importante de periodistas, entre los que estaban ‘Toto’ Baduy, Ricardo Piraccini, ‘Pancho’ Bonet y otros. El gerente era José Picone”, señala. Y continúa: “Empecé haciendo policiales, y después estuve en la sección política, cubría el Concejo Deliberante y algunos temas del Ejecutivo. Y de la mano del humor, nació Cambalache Político”.

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Las anécdotas que guarda de las horas de redacción son infinitas. “Solo existían los medios tradicionales, no había redes sociales. Todo lo que se escribía era fruto de ir a los lugares donde sucedían los hechos”, describe este hombre que trabajó en LA OPINION hasta 2004, siendo testigo y protagonista de enormes transformaciones.

La gastronomía, su otra pasión

Trabajando aún en LA OPINION comenzó a formarse en otra de sus pasiones: la gastronomía. “A mí me gusta mucho cocinar y un día me dije: ‘Si quiero dedicarme a esto, tengo que estudiar’ y así fue que comencé a viajar a Buenos Aires para hacer la carrera en el Instituto Argentino de Gastronomía”.

De la mano de esa formación, montó un emprendimiento gastronómico: Petaca’s. “Al principio funcionó en calle San Martín y luego, lo mudé al barrio San Martín, en un espacio en la casa de mis viejos. Me fue muy bien, después cerré, porque me demandaba demasiado tiempo”.

El Semanario El Tiempo

Cuando dejó el negocio, se incorporó al Semanario El Tiempo. “En verdad nunca estuve del todo lejos del periodismo. En los ratos libres del negocio, escribía algunas notas que me encargaba Rody Piraccini, que era jefe de redacción. Nancy Rivero me había llamado varias veces e incluso Pedro Rivero me había tentado para ocupar la jefatura de redacción cuando yo todavía estaba en LA OPINION. Siempre supe que tenía las puertas abiertas de ese medio y finalmente me incorporé en 2007, escribía una columna similar a la de ‘Chiquito Florida’ y después, durante 14 años, estuve en la sección política. Me fui en 2022 cuando se vendió. Fue una muy buena etapa, le dimos al Semanario la impronta de un diario y armamos un buen grupo”, destaca rescatando siempre los vínculos que estrechó a través de su profesión.

“También estuve en Canal 2, trabajé con Gricelda Incerti, alguien con quién compartí mucho. Incursioné en casi todos los medios de Pergamino, por supuesto, entendiendo que cada uno tiene su línea editorial”, menciona.

“Cuando me fui de El Tiempo ingresé en Radio Más, allí tuve un programa que se llamaba ‘Sala de Prensa’. Fue un buen paso por la radio”, añade.

El presente

En la actualidad está estudiando la carrera multimedial y nutriéndose de nuevas herramientas. 

“Armé un proyecto propio, Pergamino conectado, un diario digital y una radio por streaming. Tengo un canal en Youtube Radio La Aldea, y en la grilla estoy armando un programa ‘Pergamino en primera persona’ que estoy por lanzar”, comenta entusiasmado con esos proyectos. A la par de esas iniciativas, colabora con el Colegio de Abogados en la comunicación de las actividades de los consultorios gratuitos.

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En su tiempo libre, sigue cocinando, ahora para amigos y de una manera “más bohemia”. También comparte la mesa “La Resistencia”, armada por Carlos Bonet y disfruta de compartir esos espacios de café que desde siempre nutrieron su oficio de realidad. “En el periodismo y en la vida, tengo muy buenos amigos”, afirma y recuerda las peñas compartidas con Pablo Guerrero, Gabriel Cairat, Carlos Bonet, y el recordado ‘Pepe’ Scarpanich.

Un buen balance

Cuando la pregunta lo invita a mirar hacia atrás y ver su recorrido, reflexiona sobre distintas aristas de la profesión. “El policial me enseñó mucho, pero también fue desgastante porque había que ir a diario a las comisarías y a los juzgados. Escribiendo sobre política también aprendí”, expresa. Y abunda: “Viví épocas muy diferentes a las actuales de la política, tuve amigos, aunque siempre traté de separar el afecto al momento de escribir o decir algo de alguien”.

Su memoria y su trayectoria podrían llevar la conversación a un inventario infinito de anécdotas sobre campañas, internas, elecciones, debates, discusiones. Sin embargo, se detiene en lo que le ha enseñado su oficio: “Aprendí que la política tiene códigos que muchas veces la gente no llega a comprender, pero que es necesaria porque es la herramienta para que la gente viva mejor”.

“Y el periodismo también es necesario, sobre todo en esta época. En Pergamino creo que debería haber un poco más de libertad para hacer y decir”, opina. 

En lo personal, afirma que siempre ejerció de la misma manera, sabiendo lo que había que decir y lo que no, respetando el “off the record”.

“Reconozco que me censuro un poco, tengo ciertos límites. Veo que hoy hay gente que va un más allá, no digo que esté mal, pero entiendo que algunas fronteras no conviene pasarlas y eso no es condescendencia, sino respeto en el mejor sentido de la palabra”, reflexiona, sobre el final. Y cuando lo dice, esa apreciación habla muy claramente de una actitud que lo ha acompañado desde siempre en el periodismo y en la vida.

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