Los quesos pergaminenses Don Eugenio, galardonados en la Feria “Caminos y Sabores”

El queso de vaca caserito de pasta semidura obtuvo el primer premio en el concurso Experiencias del sabor. La empresa familiar que comenzó en 1996 con un tambo de 7 vacas hoy tiene 150 y realiza 28 variedades de quesos diferentes. Es el premio al compromiso y a la dedicación de todos los días, aseguró su propietaria, Mireya Suárez.
DE LA REDACCION. Don Eugenio, la marca de una empresa pergaminense de origen familiar que se destaca por la elaboración de sus quesos saborizados y artesanales, con variedades aromáticas, elaborados con leche recién ordeñada en su propio tambo, participó por décimoprimera vez de la última edición de la Feria Caminos y Sabores realizada en La Rural, predio ferial de Buenos Aires.
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Pero ésta no fue una participación más. El matrimonio conformado por Alfredo Trucchia y Mireya Suárez, sus dueños, no ocultan su orgullo porque la ilusión que forjaron cuando finalizaba el Siglo XX dio sus frutos. Hace unos días lograron en dicha feria un importante reconocimiento a la calidad de sus productos al participar del concurso Experiencias del sabor: el queso de vaca caserito de pasta semidura Don Eugenio obtuvo el primer premio.
Los jueces del concurso realizado en Caminos y Sabores son catadores no videntes que degustan los diferentes productos y premian su sabor y calidad: En más de una oportunidad obtuvimos segundos premios, así que para nosotros fue un orgullo haber sido elegidos. A mí me gusta medirme con mis quesos, ir a los concursos, ver dónde estamos parados; pero sirve también incentivar a la gente que trabaja en Don Eugenio porque es el premio al compromiso y a la dedicación de todos los días, cuenta Mireya, quien resalta emocionada que otra sorpresa que me llevé fue cuando publiqué en las redes sociales que habíamos ganado el premio: recibimos muchas felicitaciones y el acompañamiento de mucha gente que no conocemos, seguro son clientes, son quienes consumen nuestros quesos.
Ni bien el matrimonio llegó a Pergamino lo primero que hizo fue felicitar a la gente que trabaja con nosotros porque el premio es de ellos, eso nos alegra mucho porque siempre le decimos que tenemos que trabajar para hacer el mejor queso, para estar contentos de lo que hacemos, cuenta Mireya Suárez.
Agregado de valor
Los quesos artesanales y gourmet Don Eugenio se convirtieron en clásicos del norte bonaerense, sobre todo en nuestra ciudad. Esta pareja de emprendedores que diariamente busca superarse decidió poner a disposición del paladar del público que asiste a Caminos y Sabores una amplia gama de variedades que incluyó caseritos saborizados con orégano, ají, pimienta o provenzal, barritas bañadas en oliva y cubiertas con mezcla de hierbas, quesos sardos, provolines de un kilo, pategrás, gruyere y provoletas. Estos quesos se presentan cerrados al vacío, en hormas de kilo o de 500 gramos.
Así, en Camino de los Quesos, la empresa familiar que lleva el nombre del abuelo de Alfredo revalidó la premisa ancestral: agregar valor. Comenzaron en 1996, cuando convirtieron en tambo un predio de 68 hectáreas ubicado en Acevedo.
El emprendimiento fue creciendo de a poco y a medida que sumaba adeptos y clientes diversificó su producción. Hoy elabora productos basados en pasta blanda como cremoso, port salut, cuartirolo, mozzarella o ricotta, de pasta semidura como pategras clásico y saborizado, holanda, caseritos saborizados, tybo y barra gourmet. Además produce quesos basados en pasta dura como fontina, provoleta parrillera, provolone, provolín, sbrinz, reggiano, romanito y sardo.
Un desafío
En la última feria de Caminos y Sabores se contactó con nosotros una persona que hace las compras para los barcos y cruceros que paran en el Puerto de Buenos Aires. Esos contactos, además del premio, son muy importantes también para nosotros, narra rebosante de alegría Mireya. Y no es para menos, para llegar adonde está posicionada la marca empezaron de cero. Según sus palabras, no es fácil lograr un buen queso y nosotros no tenemos abuelos queseros, empezamos a hacer esto como un desafío familiar, a una reconversión porque mi sueldo de profesora de inglés y el sueldo de mi marido no nos iban a permitir que nuestros cuatro hijos estudiaran.
Agregando valor a su tambo a partir de la fabricación de quesos no sólo lograron formar a sus hijos sino desarrollar un emprendimiento que más tarde les dio un lugar para que también ellos hicieran su aporte. El varón, técnico en producción agropecuaria, volvió al campo para mejorar la producción de leche. Una de las chicas, como licenciada en administración, maneja los detalles del negocio; la otra, como analista en sistemas, se ocupa del procesamiento de los datos y la tercera, diseñadora gráfica, maneja la imagen de la marca: Abrir la cabeza y cambiar paradigmas no es fácil, sostiene Mireya, hablando casi como una socióloga: Uno escucha a la gente de campo que tal cultivo no rinde, pero cuando te descuidás lo están sembrando otra vez; entonces es difícil cambiar de una actividad que se conoce y se hace diariamente a otra, a nosotros nos pasó. Alfredo prestaba servicio de arrollado (hacía unos 6.000 rollos anuales), pero un día pensamos en armar un tambo, suponiendo que tendríamos dinero fresco todos los días. Y le dijimos al papá de Alfredo que nos íbamos a arriesgar: íbamos a vender una sembradora, el equipo de rollo y a las vacas las cambiaríamos de color (Holando), todo por comprar un tambo. En ese año, en 1996, lo armamos.
Siguiendo con la narración, Mireya recuerda una frase del abuelo (italiano) de Alfredo, quien le decía que a la hora de superarse, en el campo, había que agregar valor: Si hacés trigo tenés que poner un molino, hacer la harina y vender el pan. Entonces nosotros nos propusimos hacer leche pero agregándole valor. Fue así que compramos 7 vacas, teníamos dos bajadas y empezamos a hacer masa para muzzarella. Y un día me puse en contacto con el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti), hice cursos, vino personal del Inti a la fábrica a hacer quesos con nosotros, a explicarnos; convocamos a personas que venden insumos, quienes nos aportaron muchos conocimientos y así comenzamos. Y también cometimos errores, recuerda Mireya con una sonrisa que esconde algún secreto.
Entonces, habiendo asegurado la calidad, y frente a la aceptación de una demanda creciente, en 2008 Don Eugenio inauguró una nueva planta en el Parque Industrial local, multiplicando la capacidad productiva.
De esa manera Mireya se apasionó por los quesos, con una dedicación en la que puso el cuerpo y el alma, hasta que un día les ofrecieron un local en la Terminal de Ómnibus de nuestra ciudad: En ese momento descubrimos el secreto de lo que nos decía el abuelo: hacer la comida para las vacas, tener la leche, elaborar los quesos y venderlos. Ahí nos dimos cuenta que nos servía poder vender nuestros quesos directamente al público. Y a la gente también le servía comprar los quesos directo de fábrica, recuerda Mireya lo emblemático del trabajo de Don Eugenio en la ciudad. De ahí surgió la idea de los locales propios. Hoy Don Eugenio tiene cinco comercios en cada avenida de la ciudad; una quesería en Junín y otra en General Arenales.
La calidad de los productos Don Eugenio está garantizada por el empleo de leche recién ordeñada, lo cual acelera los tiempos y evita el uso de aditivos y extendedores. Y otro aspecto importante es la implementación de buenas prácticas de manufactura.
Es una costumbre que las empresas familiares prioricen la calidad por sobre la producción por volumen, creciendo a un paso más lento y firme mientras conquistan el paladar de sus clientes. Pero en este caso, el crecimiento ha sido a paso firme: las 7 vacas de los comienzos hoy ya son 150, lo que les permite realizar 28 variedades de quesos diferentes. Y convertirse en una joven empresa familiar pergaminense con mucho futuro por delante en el fascinante mundo de los quesos.

















