Leticia Di Trento, la diseñadora que aprendió el oficio en el taller de su padre
Jugaba a coserles ropa a sus muñecas en el taller textil de su padre. Hoy diseña Minnakazzira y vende a locales de todo el país. La historia de un oficio aprendido como juego, en el episodio 18 de IMPRONTA.

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Leticia Di Trento aprendió a coser en el taller textil de su padre y hoy diseña Minnakazzira, una marca de Pergamino que vende al por mayor a locales de todo el país. Fue la invitada del episodio 18 de IMPRONTA.
El superpoder que no es talento
La charla empezó por un costado que no era el textil. La noche anterior Argentina había dado vuelta un dos a cero ante Egipto y se había clasificado a los cuartos de final del Mundial 2026, y de ahí salió la pregunta que ordenó el episodio: qué tiene el emprendedor que le permite seguir cuando el resultado ya parece cerrado. El talento es una cosa, viene dado. El superpoder es otra, se construye.
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No es un tema nuevo del ciclo. Juana Urteaga, de La Juana, había dejado en su paso por IMPRONTA una advertencia en la misma dirección: "Dejen de romantizar al emprendedor. No es que uno pone un negocio y mañana es feliz, cambió el auto y se fue de vacaciones".
Leticia llevó la idea a su terreno sin esfuerzo.
"El que tiene ojos para ver, que vea. Lo que pasó ayer no fue simplemente ganar un partido de fútbol, nos dejó una metáfora. ¿Cuántas veces estuviste dos a cero abajo y tiraste la toalla y dijiste 'hasta acá llegué'?".
Y enseguida el origen de su propia respuesta: "¿Cuántas veces yo lo vi a mi viejo cayendo una y otra vez y volviéndose a levantar? Si te enseñaron eso en tu casa, ahí está el superpoder. Mi viejo tiene setenta y pico de años y nunca tiraron la toalla".
Hizo, sin embargo, una salvedad que vale más que la moraleja: "No quiero que nos quedemos con que podés revertir el partido y vamos por la victoria. Obvio que la victoria es el objetivo, pero no nos olvidemos del camino. Recolectemos todo eso que fuimos aprendiendo, que es un montón".
Sobre la capacidad de contagiar ese ánimo, algo que en el fútbol se ve y en una empresa no tanto: "A veces, sin darse cuenta, desde lo que uno hace puede motivar o puede contagiar. Que otros tengan ganas de tomar tu ejemplo. En el local me encanta organizar eventos motivacionales, cosas que no tienen que ver ni con la moda ni con el comercio, sino con lo que nos importa a todos. A mí me ha contagiado mi entorno, desde mi cuna, desde mis raíces".
La nena que les cosía ropa a las muñecas
Antes de la marca está el oficio, y antes del oficio está la casa.
"Leti es una nena que jugaba a coserles ropita a sus muñecas y que creció en un ámbito textil, aprendiendo ese oficio como un juego desde chica". Y agregó: "Es un oficio que amé y que después desarrollé como diseñadora".
De ahí en más, formación en capas: producción de moda, asesoría de imagen y, más cerca en el tiempo, redes y marketing de moda. "Y así me fui desarrollando".
De dónde sale el nombre
Minnakazzira no nació de un plan comercial sino de un personaje.
"Nació como una marca más bohemia, más hippie chic, más étnica. Fue un nombre de mujer que yo fui creando en aquel momento desde el taller de mi viejo, tratando de buscarle esa personalidad a la mujer que yo quería vestir. Quedó porque me gustaba cómo sonaba. Es el nombre de una mujer auténtica".
La marca es además el punto de partida de una familia. "La primera familia que formamos con mi marido fue Minnakazzira, porque así nació todo". Y la fórmula de esa sociedad, dicha por ella: "Mi platonismo y su parte de terreno lo hicieron posible".
Marca propia y no empleo
La decisión de no trabajar para otros tiene una escena de origen.
"Yo vi a mi viejo renegar mucho con terceros, pasarla muy mal, aunque siempre levantándose. Desde chiquita dije que iba a tener una marca propia. Obviamente no fue fácil, hay un proceso larguísimo atrás de esto".
Ese proceso lo describe como un ejercicio, no como una épica: "Tiene que ver con el aprendizaje, con frustrarse y volver, frustrarse y volver. No dejar las cosas a medio camino por una frustración o porque en la primera de cambio no vendí. Es fundamental para poder dar el siguiente paso y también para mantenerse".
Y sobre el miedo: "Siempre me gustó moverme de la zona de confort. No sé si me gustaba, pero me obligaba. Esto es un desafío, me da miedo. Bueno, andá y hacelo con miedo, es lo que toca. Cinco, cuatro, tres, dos, uno, para adelante".
El diferencial no es la prenda
Los roles dentro de la empresa están repartidos y son familiares. Su marido, Andrés Fiorino, conduce la venta mayorista con su grupo de vendedores; una de sus hijas lleva la parte virtual; la menor estudia comercio exterior y se sumará más adelante.
"Yo soy la creativa, la productora. Ellos son los vendedores. Ellos venden lo que yo diseño, lo que yo elijo".
Lo que se vende, según ella, no es exactamente ropa: "Lo que queremos transmitir a través de nuestras colecciones no es la sofisticación rebuscada, sino la elegancia con libertad de movimiento, para las mujeres que están activas del día a día. Esa es la mujer Minnakazzira".
Y el diferencial concreto: "Nuestro diferencial es un conjunto de servicios en lo que hace a la atención al cliente. Ofrecemos un montón de servicios diferentes que no ofrecen las demás marcas, y tampoco dejamos de lado la parte física".
Ahí aparece el dato más específico del modelo comercial: hay locales de otras ciudades del país que compran por videollamada. No una transmisión en vivo abierta, sino una videollamada puntual en la que se van mostrando las prendas, una por una. "Son necesarias las dos cosas. La persona necesita verte la cara, saber quién sos, ver el producto. Y a las personas quizá más actuales, más de hoy, les basta con la videollamada, con la foto, con el catálogo".
"Ni a favor ni en contra"
La conversación derivó hacia el cambio en el hábito de consumo, un tema que en una ciudad con locales a la calle no es abstracto. La respuesta fue una posición, no una queja.
"Ni a favor ni en contra. El río va para allá, vamos para allá. La gente está queriendo comprar online. Demos todos los pasos necesarios para que nuestra empresa tenga una parte online fuerte y pueda atender esa demanda, no nos quedemos renegando".
Y el argumento económico que hay detrás: "Ponerse en contra es desgastante. Esa energía la canalizás para hacerlo, o la usás para quedarte renegando".
Sobre el momento actual del comercio fue igual de directa: "No es momento de ponerse a llorar ni mucho menos. Es momento de redoblar esfuerzos, buscar estrategias, aprender. Muchas reglas del juego cambiaron. Tenés que estar al día con los dos parámetros, tanto con lo personal como con lo online".
Por qué Pergamino
Es la pregunta que atraviesa todos los episodios de IMPRONTA. En su caso, la respuesta tiene un antes: se fue a vivir un año a Italia y volvió.
"Estando allá me di cuenta de que los recursos estaban acá, con todo lo aprendido, con la herencia familiar". Aclaró de inmediato el alcance de esa palabra: "Hablo de herencia metafóricamente, porque cuando llegué estaban recontrafundidos".
El punto de partida real fue ese. "Era ir pasito tras pasito, volver a hacerlo, volver a intentarlo, ser empleada y tener mi emprendimiento a la vez".
Y el cierre de la pregunta: "¿Por qué Pergamino? Porque es mi ciudad y porque sostengo que se puede desde acá y desde cualquier otra ciudad del país. No tiene por qué ser Buenos Aires".
Cuánta inteligencia artificial hay en el proyecto
La pregunta obligada del ciclo tuvo una respuesta medida: alrededor de un veinte por ciento, y sobre todo indirecta.
"Quienes más la usan son las dos agencias de marketing con las que trabajamos. No se pueden hacer con inteligencia artificial las cosas que hoy por hoy nosotros hacemos. No podemos reemplazar a la persona en la llegada, por lo menos en nuestra empresa no es posible".
Donde sí opera es en el trabajo comercial y de contenidos. Instagram y las demás plataformas de Meta son el canal principal para llegar al usuario, tanto en contenido como en venta, sin que eso desplace al canal mayorista persona a persona. "Hoy la gente necesita de las dos. No todo el mundo está cien por ciento cibernético".
Hacia dónde va
El objetivo de la empresa es explícito: "Apuntamos a poder abrir más locales, a llegar a todo el país".
El personal, también: "Hacia dónde voy como persona y con toda mi familia junta es hacia un trabajo que nos haga felices a todos, cada uno en su lugar, que disfrutemos de lo que hacemos".




















