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Jorgelina Cárcova: “El futuro del agro necesita tecnología, pero también personas preparadas para utilizarla”

La jefa de la planta María Eugenia de Bayer, en Rojas, analizó el crecimiento del programa +Agro +Futuro, que acaba de cerrar su tercera edición, y destacó la importancia de formar jóvenes para responder a las nuevas demandas del sector.

05 de noviembre de 2026 a las 04:26 p. m.
Jorgelina Cárcova: “El futuro del agro necesita tecnología, pero también personas preparadas para utilizarla”
Jorgelina Cárcova es la jefa de la planta de Bayer en Rojas.

La transformación que atraviesa el agro argentino no se explica solamente por la incorporación de nuevas máquinas, herramientas digitales o sistemas de producción cada vez más sofisticados. Detrás de esa evolución aparece otro desafío, igualmente importante: contar con personas capacitadas para comprender, utilizar y desarrollar tecnologías que están modificando profundamente la actividad.

Esa relación entre innovación y formación fue uno de los ejes de la conversación que LA OPINIÓN mantuvo con Jorgelina Cárcova, jefa de la planta María Eugenia de Bayer, ubicada en el partido de Rojas, en el marco del cierre de la tercera edición del programa +Agro +Futuro.

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La iniciativa, orientada a brindar herramientas y conocimientos a jóvenes de distintas comunidades vinculadas con la actividad agroindustrial, permitió poner sobre la mesa una cuestión central para el desarrollo regional: cómo preparar a las nuevas generaciones para un sector que demanda capacidades diferentes de las tradicionales.

Pero la entrevista también ofreció la oportunidad de conocer la actualidad de una de las plantas de producción de semillas de maíz más importantes de la región, donde la tecnología dejó de ser una herramienta incorporada de manera aislada para convertirse en parte de prácticamente todos los procesos productivos.

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Ambos temas, aunque puedan parecer diferentes, están estrechamente relacionados. Porque la modernización tecnológica necesita recursos humanos preparados y, al mismo tiempo, la formación de nuevos talentos encuentra en esa transformación un campo creciente de oportunidades.

+Agro +Futuro: una respuesta a las nuevas demandas del sector

Cárcova explicó que el programa nació a partir de un diagnóstico realizado en las comunidades donde Bayer desarrolla sus actividades, con el propósito de identificar necesidades concretas y oportunidades de desarrollo.

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El relevamiento involucró a más de 350 actores y contempló entrevistas con más de 50 personas. De ese trabajo surgió una demanda que se repetía en distintos ámbitos: la necesidad de desarrollar capacidades vinculadas con la digitalización, la innovación y la aplicación de nuevas tecnologías al agro.

La responsable de la planta señaló que ese diagnóstico coincidió con las conclusiones de trabajos realizados por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), que también identificaban la formación de capacidades como una condición necesaria para acompañar la modernización del sector.

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Sobre esa base se construyó +Agro +Futuro, mediante una articulación entre Bayer, instituciones educativas, universidades, organizaciones y otros actores vinculados con la producción y el conocimiento. Entre ellos, Cárcova destacó la participación de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.

La propuesta está dirigida a jóvenes de entre 17 y 30 años y combina formación teórica, capacitaciones técnicas, experiencias prácticas, visitas a empresas y contacto con emprendimientos tecnológicos.

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Uno de sus aspectos distintivos es que no se limita a transmitir conocimientos, sino que busca acercar a los participantes a situaciones reales de trabajo y a las herramientas que ya están siendo utilizadas en el sector.

En ese sentido, las visitas a establecimientos productivos y el intercambio con empresas y especialistas permiten que los estudiantes conozcan cómo se aplican, en la práctica, los conceptos abordados durante la capacitación.

Un programa que creció en participantes y localidades

La primera edición de +Agro +Futuro se desarrolló hace tres años, con la participación de 75 jóvenes provenientes de Pergamino y Rojas.

Según detalló Cárcova, aquella experiencia tuvo un resultado alentador: alrededor del 90% de los estudiantes que iniciaron la capacitación lograron completarla.

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Ese desempeño impulsó la continuidad del programa y su ampliación territorial.

En 2025, la segunda convocatoria reunió a 180 interesados, aunque finalmente se conformó nuevamente un grupo de aproximadamente 75 participantes. En esa oportunidad se incorporó Río Cuarto, ampliando el alcance de la iniciativa.

La tercera edición, correspondiente a 2026, marcó otro paso adelante. La cantidad de estudiantes aumentó a 100 y se sumaron nuevas localidades, entre ellas Junín, Salto y Rosario.

De esta manera, el programa fue consolidando una red de formación que conecta a jóvenes de diferentes ciudades, instituciones educativas y trayectorias.

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Cárcova destacó especialmente esa diversidad, que permite reunir a estudiantes secundarios y universitarios, provenientes de comunidades con realidades y necesidades distintas.

El intercambio entre ellos constituye, desde su perspectiva, uno de los valores adicionales de la propuesta, porque amplía las experiencias de aprendizaje y genera vínculos que trascienden las actividades de capacitación.

La tercera edición concluyó así con una mayor participación y una presencia territorial más amplia, en línea con el propósito original de acercar las oportunidades de la transformación agroindustrial a las comunidades.

La tecnología ya forma parte de toda la producción

La conversación con Cárcova también permitió abordar la actualidad de la planta María Eugenia, donde la incorporación tecnológica se ha acelerado durante los últimos años.

La directiva explicó que, hasta hace relativamente poco tiempo, muchas innovaciones aparecían de manera puntual, asociadas con determinadas máquinas, desarrollos específicos o experiencias que todavía funcionaban como prototipos.

Esa situación cambió progresivamente.

Lo que antes constituía una prueba aislada comenzó a incorporarse a la rutina productiva y, en muchos casos, se extendió a la totalidad de los procesos.

Actualmente, según describió, la tecnología interviene tanto en las tareas realizadas en el campo como en las distintas etapas de procesamiento de las semillas dentro de la planta.

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Uno de los ejemplos es la utilización de sistemas ópticos en las mesas de selección, que permiten distinguir semillas y separarlas de manera eficiente.

También mencionó las herramientas incorporadas durante el secado, con sensores que detectan temperaturas y aportan información para regular las condiciones del proceso.

Sin embargo, la transformación no se limita a las instalaciones industriales. Una parte importante comienza mucho antes de que las semillas lleguen a la planta.

Drones para monitorear el 100% de los lotes

Entre las innovaciones aplicadas a campo, Cárcova destacó especialmente la utilización de drones para relevar información de los lotes destinados a la producción de semillas.

La herramienta permite realizar conteos de plantas y obtener datos sobre su cantidad, distribución y variabilidad, indicadores que contribuyen a evaluar la implantación de los cultivos y tomar decisiones productivas.

Lo más significativo es la escala que alcanzó esta tecnología.

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Después de comenzar con experiencias piloto en determinados lotes, Bayer logró durante el año pasado realizar relevamientos con drones sobre el 100% de sus lotes de producción de semillas, una cobertura que se mantiene durante el presente año.

La información obtenida es procesada y analizada para introducir ajustes y mejorar progresivamente los resultados.

Para Cárcova, este avance representa un cambio de etapa: las tecnologías ya no se encuentran solamente en evaluación, sino que muchas están pasando rápidamente de pequeñas experiencias experimentales a una utilización generalizada.

A ese proceso se suma la incorporación de herramientas de gestión de datos que permiten conocer, prácticamente en tiempo real, qué está ocurriendo en las distintas etapas productivas.

La disponibilidad de información más precisa constituye un recurso fundamental para mejorar las decisiones y elevar los estándares de calidad.

Una producción cercana a los cuatro millones de bolsas

Consultada sobre las perspectivas de crecimiento de la planta María Eugenia, Cárcova planteó una distinción importante entre la expansión de las tecnologías y el aumento de los volúmenes productivos.

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Explicó que la capacidad de incorporar nuevas herramientas no implica necesariamente que la producción de semillas deba crecer en la misma proporción.

La actividad está condicionada por la demanda del mercado de maíz y la planificación responde a esas necesidades comerciales.

En ese contexto, señaló que los planes para los próximos cuatro años contemplan volúmenes relativamente similares a los actuales, con cifras que pueden oscilar entre 3,8 millones y 4,2 millones de bolsas, de acuerdo con los ajustes de cada campaña.

La directiva también indicó que la participación de mercado de la compañía se ubica actualmente alrededor del 60%, un nivel que consideró elevado.

Por ese motivo, no se proyecta un salto extraordinario en la producción, como el que podría surgir de un incremento del 20% en la superficie sembrada de maíz o de una expansión muy significativa de la participación comercial.

La expectativa, en cambio, es sostener niveles de actividad importantes mientras continúa la transformación de los procesos.

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Producir mejor, el desafío de los próximos años

La mirada de Cárcova sobre el futuro de María Eugenia pone el acento en la calidad, la eficiencia y la precisión, antes que en un crecimiento acelerado de los volúmenes.

La planta proyecta mantener una escala productiva semejante a la actual, pero con una mayor incorporación de tecnologías y herramientas de información que permitan perfeccionar cada etapa.

Ese objetivo requiere inversiones en innovación, pero también trabajadores con nuevas capacidades.

Y allí aparece nuevamente la conexión con +Agro +Futuro.

La formación de jóvenes, el desarrollo de habilidades digitales y el acercamiento entre instituciones educativas y empresas dejan de ser iniciativas complementarias para convertirse en componentes necesarios de una actividad cada vez más tecnificada.

La experiencia de Bayer en Rojas muestra así dos dimensiones de una misma transformación: una industria que incorpora herramientas para producir con mayor precisión y una comunidad que necesita prepararse para acompañar ese cambio.

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En definitiva, el desafío de los próximos años no será solamente disponer de tecnologías más avanzadas, sino contar con las personas capaces de aprovecharlas y convertirlas en mejores resultados productivos.


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