INTA incorpora herramientas para mejorar la producción bovina
Junto con el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), desarrolló dos protocolos que permiten evaluar las condiciones de los rodeos durante la recría y la terminación semi-intensiva y extensiva.

La ganadería argentina avanza hacia la incorporación de herramientas que permiten evaluar con mayor precisión las condiciones en las que se crían y engordan los bovinos. En un escenario en el que la eficiencia productiva, la sustentabilidad y las exigencias de los mercados adquieren creciente protagonismo, el bienestar animal comienza a consolidarse como un componente estratégico de la actividad.
En esa dirección, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), junto con el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), desarrolló dos nuevos protocolos destinados a evaluar el bienestar de los bovinos en las etapas de recría y terminación semi-intensiva y extensiva.
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La iniciativa amplía el alcance de Bienest.AR, una herramienta presentada en 2021 para los sistemas de engorde a corral, y permite incorporar metodologías específicas para otras modalidades productivas ampliamente difundidas en el país.
El propósito es que los establecimientos ganaderos puedan contar con diagnósticos objetivos sobre las condiciones de sus animales, detectar deficiencias en el manejo y establecer acciones concretas para mejorar los resultados.
Indicadores adaptados a la realidad argentina
Una de las características centrales del desarrollo es que los protocolos fueron diseñados teniendo en cuenta las particularidades de los sistemas ganaderos nacionales.
Leandro Langman, coordinador del proyecto de bienestar animal INTA-IPCVA y director del equipo responsable de su elaboración, explicó que la intención fue disponer de herramientas aplicables en las condiciones reales de producción.
"Lo que buscamos fue desarrollar herramientas que permitan evaluar el bienestar animal en nuestros sistemas productivos, con indicadores que sean válidos, confiables y prácticos, y que puedan aplicarse en las condiciones reales de los establecimientos argentinos", señaló el especialista.
El protocolo destinado a la recría contempla 36 mediciones, mientras que el correspondiente a la terminación semi-intensiva y extensiva incluye 34.
En ambos casos, los indicadores se organizan alrededor de cuatro principios fundamentales: buena alimentación, alojamiento y sectores de manejo apropiados, buena salud y comportamiento adecuado.
Para los sistemas de terminación se establecieron cinco mediciones vinculadas con la alimentación, nueve con las condiciones de alojamiento y manejo, doce relacionadas con la salud y ocho destinadas al comportamiento.
En recría, en tanto, se definieron seis indicadores alimentarios, diez correspondientes al ambiente y las instalaciones, doce sanitarios y ocho de comportamiento.
Esta diferenciación responde a la necesidad de evaluar cada etapa productiva de acuerdo con sus características, evitando aplicar criterios uniformes a situaciones que presentan exigencias distintas.
Del agua disponible al comportamiento del rodeo
Los nuevos protocolos incorporan una amplia variedad de aspectos que forman parte de la actividad cotidiana de los establecimientos ganaderos.
Entre ellos aparecen la disponibilidad, distancia, limpieza y calidad del agua de bebida, las condiciones de los corrales y potreros, la higiene de los animales, la presencia de insectos y parásitos externos y los recursos disponibles para disminuir los efectos del estrés térmico.
También se consideran las características de las instalaciones de trabajo, las zonas de carga y descarga, la capacidad de los corrales, la presencia de lesiones y los signos compatibles con enfermedades.
El comportamiento animal constituye otro de los componentes relevantes de la evaluación.
Los especialistas incorporaron observaciones sobre las interacciones entre los bovinos y las personas, las conductas sociales y la eventual existencia de prácticas de manejo abusivas.
Además, se incluye un análisis cualitativo del comportamiento que permite interpretar posibles estados emocionales a partir de las posturas, las reacciones y el contexto en el que se encuentran los animales.
Este enfoque amplía la mirada tradicional sobre la sanidad y la nutrición, incorporando dimensiones relacionadas con la experiencia de los bovinos dentro del sistema productivo.
Una herramienta para mejorar el manejo
La posibilidad de transformar las observaciones en información concreta representa uno de los principales aportes de los nuevos protocolos.
En lugar de limitarse a identificar problemas aislados, las evaluaciones permiten construir un diagnóstico integral del establecimiento y establecer prioridades de intervención.
De esta manera, un productor puede conocer cuáles son los aspectos que cumplen con los parámetros considerados adecuados y cuáles requieren modificaciones.
Las mejoras pueden involucrar cuestiones de infraestructura, acceso al agua, manejo sanitario, disponibilidad de sombra, condiciones de los potreros o procedimientos utilizados durante el trabajo con la hacienda.
Según explicó Langman, la adaptación de las herramientas fue fundamental para garantizar su utilidad.
"A diferencia de la herramienta de 2021, concebida para el engorde a corral, el nuevo desarrollo contempla las particularidades de los sistemas semi-intensivos y extensivos, así como las asociadas a indicadores relevantes en la etapa de recría", precisó.
El investigador también destacó que no se trató simplemente de trasladar una metodología existente, sino de seleccionar y ajustar las mediciones para que resultaran apropiadas para cada sistema.
Evaluaciones a campo y respaldo científico
El proceso de elaboración incluyó un trabajo de selección y validación de indicadores.
Inicialmente, los investigadores identificaron 277 métodos candidatos, que fueron analizados en función de su validez, confiabilidad y practicidad.
Posteriormente se desarrollaron instancias de entrenamiento de evaluadores y pruebas destinadas a determinar si las mediciones podían aplicarse de manera consistente.
La metodología fue puesta a prueba mediante doce evaluaciones realizadas en establecimientos de recría y terminación semi-intensiva y extensiva.
A partir de los resultados obtenidos se introdujeron ajustes en los protocolos y en las planillas utilizadas para registrar la información.
El desarrollo tomó como referencia metodologías internacionales, entre ellas Welfare Quality y AWIN, además de la experiencia acumulada con Bienest.AR.
Sin embargo, la adaptación a las condiciones nacionales fue uno de los objetivos centrales del proyecto.
La diversidad de ambientes, instalaciones y modalidades de producción que caracteriza a la ganadería argentina requiere instrumentos capaces de contemplar esas diferencias sin perder rigurosidad técnica.
Bienestar animal y competitividad
Más allá de los aspectos sanitarios y de manejo, la iniciativa también plantea oportunidades para la cadena de la carne bovina.
La posibilidad de evaluar y documentar las condiciones de producción puede convertirse en un elemento de diferenciación para los establecimientos que busquen demostrar sus prácticas de bienestar animal.
En mercados donde adquieren importancia creciente los atributos vinculados con la sostenibilidad, la trazabilidad y las condiciones de producción, contar con herramientas de evaluación constituye un avance relevante.
No obstante, la aplicación de estos protocolos no implica por sí misma la obtención de una certificación comercial.
El INTA considera que los instrumentos pueden servir como base para desarrollar, en el futuro, esquemas de certificación específicos.
"Estas herramientas permiten conocer de manera objetiva la situación de cada establecimiento, identificar sus fortalezas y los aspectos que necesitan mejoras, y a partir de ese diagnóstico definir acciones específicas", sostuvo Langman.
La información obtenida también puede utilizarse para realizar evaluaciones periódicas y determinar si las modificaciones introducidas producen los resultados esperados.
Desde el punto de vista productivo, el bienestar animal se vincula con la necesidad de reducir factores de estrés y prevenir situaciones que puedan afectar la salud y el desempeño de los rodeos.
Por eso, su incorporación a la gestión ganadera no debe interpretarse únicamente como una respuesta a las exigencias externas, sino también como una oportunidad para revisar y perfeccionar las prácticas de manejo.
Un desafío para los establecimientos ganaderos
La incorporación de estos criterios plantea un desafío especialmente importante para las regiones donde la producción bovina combina diferentes sistemas de recría y terminación.
En zonas ganaderas del norte bonaerense, donde conviven planteos pastoriles, esquemas mixtos y establecimientos con distintos niveles de intensificación, disponer de instrumentos adaptados a cada modalidad puede contribuir a mejorar la toma de decisiones.
Aspectos como la disponibilidad de agua, el estado de las instalaciones, la protección frente a temperaturas extremas y el manejo durante los movimientos de hacienda adquieren especial relevancia.
La posibilidad de evaluar estas variables con criterios definidos permite superar apreciaciones exclusivamente subjetivas y avanzar hacia diagnósticos comparables.
Para los productores, el principal valor de estas herramientas radica en identificar oportunidades de mejora y establecer un seguimiento sistemático de las condiciones del rodeo.
Presentación en Argentina Alimenta 2026
Los nuevos protocolos tendrán un espacio destacado en Argentina Alimenta 2026, la exposición internacional que se desarrollará entre el 17 y el 19 de noviembre en el predio de La Rural de Palermo.
El encuentro reunirá a más de 300 expositores vinculados con la producción, la industria y la comercialización de alimentos.
En ese marco, el INTA participará con actividades destinadas a presentar avances científicos y tecnológicos relacionados con la calidad, la inocuidad, la sostenibilidad y el agregado de valor.
El martes 17 de noviembre, entre las 12:00 y las 13:30, se realizará una presentación específica de los nuevos protocolos de bienestar animal, a cargo de Sebastián Cunzolo, del Instituto Tecnología de Alimentos del INTA, junto con representantes del IPCVA.
La actividad permitirá difundir los alcances del desarrollo y acercar sus resultados a los distintos actores de la cadena cárnica.
La iniciativa representa un nuevo paso en la incorporación de conocimiento científico a la producción ganadera argentina.
En un sector que enfrenta el desafío permanente de mejorar su competitividad, producir con eficiencia y responder a nuevas demandas, el bienestar animal aparece cada vez más ligado a la calidad de los procesos y a las posibilidades de desarrollo futuro de la actividad.
























