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El playero, la cara conocida de un lugar donde todos estamos de paso

Cada 27 de agosto se celebra en Argentina el Día del Trabajador de Estaciones de Servicio. Detrás del surtidor hay un oficio que cambió con el tiempo, pero conserva algo esencial: el contacto cotidiano con miles de personas.

27 de agosto de 2026 a las 03:52 p. m.
El playero, la cara conocida de un lugar donde todos estamos de paso
Este jueves 27 de agosto se celebra en Argentina el Día del Trabajador de Estaciones de Servicio.

Hay lugares concebidos para quedarse y otros, simplemente, para pasar. Una estación de servicio pertenece claramente al segundo grupo. Se llega, se carga combustible y se sigue. A veces son cinco minutos; otras, una parada algo más extensa para tomar un café, revisar el auto o descansar antes de volver a la ruta.

Pero mientras casi todos están de paso, hay alguien que permanece.

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Es el playero.

El que ve llegar cientos de vehículos durante una jornada y probablemente no recuerde la patente de ninguno, pero sí reconozca inmediatamente el auto de aquel cliente que carga todas las semanas. El que sabe quién pide “llenalo”, quién carga siempre el mismo importe y quién, antes de bajar la ventanilla, ya está preparando la aplicación para pagar.

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Este jueves 27 de agosto se celebra en Argentina el Día del Trabajador de Estaciones de Servicio, popularmente conocido como el Día del Playero. Y la fecha permite poner en primer plano a uno de esos trabajadores cuya presencia cotidiana resulta tan habitual que muchas veces pasa inadvertida.

Porque cargar combustible parece una acción sencilla. Hasta que se piensa quién está del otro lado del surtidor.

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Cuando el clima no se elige

Hay algo que distingue inmediatamente el trabajo en la playa de una estación: buena parte de la jornada transcurre a la intemperie.

En Pergamino sabemos lo que significa.

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Un mediodía de enero puede superar holgadamente los 30 grados. Una mañana de julio puede comenzar con temperaturas cercanas a cero. Hay viento, humedad, lluvia y jornadas en las que el clima invita a permanecer bajo techo.

El playero, sin embargo, sale.

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Cada vehículo que ingresa significa abandonar el reparo, acercarse al surtidor y atender.

El verano se atraviesa bajo el sol y el invierno, con abrigo. Y aunque las estaciones modernas incorporaron mejores instalaciones, indumentaria y espacios de protección, la esencia del trabajo sigue teniendo mucho de aquella vieja postal del hombre junto al surtidor.

Es probablemente una de las características menos consideradas por quienes permanecemos dentro del vehículo durante los pocos minutos que dura una carga.

Para nosotros son cinco minutos de frío.

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Para quien atiende pueden ser ocho horas.

Un oficio que también cambió

La imagen tradicional del playero está inevitablemente asociada a la manguera y el surtidor.

Pero el trabajo actual requiere bastante más.

Los combustibles se diversificaron, los vehículos incorporaron nuevas tecnologías y las formas de pago se multiplicaron. Al efectivo y las tarjetas se sumaron códigos QR, aplicaciones, promociones, programas de beneficios y sistemas digitales que obligaron también al trabajador de la estación a adaptarse.

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La estación de servicio, además, dejó de ser exclusivamente un lugar para comprar combustible.

Hoy puede incluir tiendas de conveniencia, cafeterías, servicios para el automóvil, lubricantes y diferentes prestaciones que transformaron profundamente aquellos establecimientos de algunas décadas atrás.

Y con ese cambio también evolucionó el trabajador.

Debe conocer los productos que comercializa, respetar estrictas normas de seguridad, manejar diferentes medios de cobro y responder consultas que muchas veces exceden ampliamente la simple carga.

Porque quien viaja también pregunta.

“¿Para qué lado salgo a la ruta?”

“¿Cuánto falta para llegar?”

“¿Dónde puedo comer?”

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“¿Hay una gomería cerca?”

“¿Cómo está el camino?”

En las estaciones ubicadas sobre rutas o accesos, el playero termina convirtiéndose casi naturalmente en una improvisada oficina de informes.

Los que trabajan cuando los demás descansan

Hay otra particularidad que merece reconocimiento.

Las estaciones de servicio forman parte de las actividades que no pueden organizarse únicamente alrededor de los horarios convencionales.

Mientras la ciudad duerme, hay estaciones abiertas.

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Cuando comienza un fin de semana largo y miles de personas preparan el automóvil para salir, alguien debe estar esperando para cargarlo.

Navidad, Año Nuevo, vacaciones, domingos, madrugadas.

El calendario tiene para estos trabajadores un significado diferente.

Naturalmente existen turnos y descansos, pero el servicio debe continuar. Esa disponibilidad permanente forma parte de una actividad imprescindible para una sociedad que necesita desplazarse durante las 24 horas.

Hay una escena que cualquiera que haya viajado de madrugada conoce.

Ruta oscura, kilómetros recorridos, pocas luces alrededor y, de pronto, una estación iluminada.

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Para el viajero representa combustible, un baño, un café y algunos minutos de descanso.

Del otro lado hay trabajadores atravesando una noche laboral mientras casi todos los demás duermen.

El cliente de todos los días

Pero la estación también tiene una dimensión barrial.

En una ciudad como Pergamino, muchas personas cargan combustible durante años en el mismo lugar. Por cercanía, por confianza, por costumbre o simplemente porque queda camino al trabajo.

Y allí aparece algo que ninguna automatización ha conseguido reemplazar completamente: el vínculo humano.

El saludo por el nombre. El comentario sobre el tiempo. La pregunta por la familia. La cargada futbolera del lunes. El “hace mucho que no venías”. La recomendación porque un neumático parece bajo.

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Pequeños intercambios que duran apenas algunos minutos y que, repetidos durante años, construyen relaciones.

Tal vez cliente y playero no conozcan demasiado de la vida del otro. Sin embargo, se reconocen.

Y esa familiaridad transforma un acto absolutamente rutinario en algo ligeramente distinto.

La responsabilidad detrás del surtidor

También existe una dimensión del trabajo que no siempre resulta visible: la seguridad.

Manipular combustible requiere procedimientos específicos, atención permanente y cumplimiento de normas. No es una tarea que admita distracciones.

Detrás de movimientos que para un trabajador experimentado parecen automáticos existe capacitación: detener correctamente la carga, identificar el combustible solicitado, controlar derrames, mantener despejada la zona y saber cómo actuar frente a una eventual emergencia.

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A ello se agrega la responsabilidad comercial.

Por sus manos pasan diariamente cientos de operaciones y distintos medios de pago. Una equivocación puede significar cargar un combustible incorrecto, cobrar mal o generar inconvenientes para el cliente y la empresa.

La cordialidad que todos esperamos debe convivir, entonces, con concentración y responsabilidad.

Mucho más que cargar combustible

Quizás por tratarse de una tarea cotidiana se haya naturalizado demasiado.

Entramos a una estación. Frenamos junto al surtidor. Bajamos la ventanilla.

“Buen día.”

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“Lleno de súper, por favor.”

Y comienza una secuencia que conocemos casi de memoria.

Sin embargo, del otro lado hay una persona que posiblemente ya repitió ese procedimiento decenas de veces durante la jornada y que deberá hacerlo otras tantas antes de terminar su turno.

Con calor o frío.

Con clientes amables y con otros apurados.

Con quienes saludan y con quienes prácticamente no levantan la vista del teléfono.

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El oficio del playero cambió y seguirá cambiando. Llegarán nuevos combustibles, aumentará la electrificación del parque automotor, aparecerán otras formas de pago y las estaciones continuarán transformándose.

Pero hay algo difícil de reemplazar.

La estación de servicio es uno de los pocos espacios de una ciudad donde se cruzan, durante apenas unos minutos, personas que probablemente nunca volverán a encontrarse.

El vecino que va al trabajo. El camionero que lleva horas de ruta. Una familia que comienza sus vacaciones. El viajante que todavía tiene varios pueblos por recorrer. Una ambulancia. Un motociclista. Alguien que vuelve a casa.

Todos llegan por motivos diferentes.

Y alguien los recibe.

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Por eso, este Día del Trabajador de Estaciones de Servicio es una buena oportunidad para mirar durante algunos segundos más allá del surtidor.

Y quizás, la próxima vez que paremos a cargar, agregar dos palabras muy simples a esa rutina que repetimos tantas veces:

“Gracias. Buen trabajo”.

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