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Volver a ser parte, sin prejuicios

06 de enero de 2016 a las 12:00 a. m.

Tras 13 años de ausencia, la Argentina volverá a tener representación en el Foro Económico de Davos, un espacio sumamente importante a la hora de establecer relaciones internacionales y buscar inversiones. 

Muy poco pragmáticos y anteponiendo la ideologización a rajatablas a las necesidades del país, durante las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner no concurrían por ser un encuentro: “ultra liberal” según la tildaban.

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Es un ámbito de negocios, ni más ni menos, y Mauricio Macri no está dispuesto a perder la oportunidad de mostrar los cambios políticos en el país para atraer inversiones, generar trabajo y crecimiento para el país que hace ya casi cuatro años que está estancado.

De todas maneras, seamos honestos, en los últimos años ¿qué efecto iba a tener un viaje a Davos de Cristina Kirchner? ¿Qué inversores iban a venir a un país con cepo al dólar, problemas para importar y exportar y muchos vericuetos para sacar dividendos del país? Esta es la realidad, habiendo muchos países emergentes -que son los más buscados por los inversores-  venir a la Argentina no era una opción. Y es así como fuimos quedando aislados de un mundo y, sobre todo, se perdió la posibilidad de más puestos de trabajo, de crecimiento regional y de mayor competencia que, al fin redunda en mejores precios y más calidad para nosotros, los consumidores. 

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Lo significativo de esta participación que tendrá Macri como presidente de Argentina (ya participó como jefe de Gobierno porteño) va más allá de lo que de allí pueda surgir del encuentro económico propiamente dicho; lo importante es volver a pararse en el mundo democrático sin exclusiones, sin dicotomías ideológicas. 

Para el país es tan bueno tener diálogo fluido con China y Rusia como con Estados Unidos. La audacia de un estadista no está en hacer desplantes ideológicos sino en usar el mejor vehículo para vincularse en cada oportunidad que se presente, para abrir inversiones y el comercio. En esto va el real beneficio para los ciudadanos. Después, puertas adentro, que cada jefe de Estado se guíe con la ideología que considere a la hora de gobernar.

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La dicotomía, el blanco o negro, no existe en el mundo. Con tantos  jugadores que tiene este tablero que es el mundo, habrá muchos con los que se tendrán cosas en común y con otros, diferencias; o incluso, coincidencias y distancias con un mismo país en distintos momentos. Montarse sólo en las diferencias es restringir las oportunidades. Eso precisamente significó no haber sido parte de una parte del mundo durante los últimos años. Lo bueno es que Argentina nunca ha dejado de ser un país atractivo para las inversiones, por su potencial productivo, por su nivel cultural, por su capacidad instalada, por la calificación de su mano de obra. Sólo bastará entrar en escena y garantizar seguridad jurídica para restablecer los vínculos.

Y hablando de eso, es altamente probable que este año el presidente de Estados Unidos visite nuestro país. Si bien el deseo de Cristina de recibir al presidente Barack Obama era un secreto a voces, por lo radicalizado que estaba el relato, había que disimularlo. Pretender cercanía con Estados Unidos era visto como un pacto con el diablo. Eso es lo que se generó desde el discurso oficial y que luego la militancia incorporó como dogma. Por eso siempre los intentos por llegar a la Casa Blanca fueron solapados. 

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Fue una pena, tanto que la expresidenta no cumpliera su anhelo como que todos los argentinos fuéramos puestos en la vereda de enfrente del país número uno del mundo en cuanto a poderío económico y posicionamiento estratégico. 

Volviendo sobre Davos, otro dato más que interesante es que Macri viajará acompañado por su exrival en las elecciones presidenciales Sergio Massa. Es un gesto esta interacción con sectores de la oposición que tiene efectos internos y externos, porque es muy probable que esta actitud ofrezca mayor confianza en nuestro país al posible inversor; puertas adentro, para un país que sigue dividido, es todo un mensaje.

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El excandidato de UNA fue invitado por el gobierno para representar a la oposición en la comitiva oficial que viajará a Suiza del 20 al 23 de enero para participar del Foro Económico de Davos y él aceptó. Sin vueltas Massa viaja con el presidente. También fue invitado Daniel Scioli pero finalmente no irá a la cumbre, quizá porque debe cuidar su propia interna en el Frente para la Victoria o quizá porque Macri al fin decidió retirar la invitación. No quedó claro lo que sucedió en este caso.

Massa afirmó que aceptó la invitación del presidente para ir juntos al Foro Económico de Davos porque “tenemos que demostrarle al mundo que estamos dispuesto a dar un salto de calidad. Que todos nos ponemos el overol para conseguir inversiones, que vamos hacia liderazgos democráticos”. Y aclaró que no va representando a su partido sino a acompañar al presidente “para que los dos, con la camiseta de la Argentina, podamos conseguir trabajo para el país”.
La cumbre de Davos es muy importante porque, en 48 horas, se puede dialogar con varios presidentes y relacionarse con importantes responsables del mundo de la inversión en un solo lugar.  El Foro Económico Mundial fue fundado en 1971. Aparte de políticos selectos, representantes de academias,  líderes religiosos y los medios de comunicación, van representantes de mil empresas mundiales. 

Fue necio negar su importancia y ausentarse por más de una década, pero ante todo fue inmaduro. Actitudes de este tipo, asumidas como beneficiosas para la construcción de poder frente a las masas, cuestan caro y terminan siendo un gran perjuicio para todos.

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