Una cuentista ganó el Nobel de Literatura, ese que se le negó a Borges
La escritora canadiense Alice Munro, maestra del cuento contemporáneo y ganó el Premio Nobel de Literatura, a los 82 años.
No sólo es importante el galardón para una señora tan mayor sino que además la distinción llega como una reivindicación del cuento, género en el que brillaron Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, y que raramente ha sido reconocido como la novela. Borges fue durante años el candidato frustrado al Nóbel, pese a ser un maravilloso escritor y muchos lo atribuyeron a un desprecio por el género que cultivaba.
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Munro es comparada a menudo con Anton Chejov por su estilo y su profundidad y, como él, ha retratado una gran variedad de vidas y personalidades sin juzgar a sus personajes. A diferencia de la mayoría de los ganadores del Nobel, su trabajo es casi totalmente de relatos y cuentos, y Lives of Girls and Women (La vida de las mujeres) es su única novela. En la Argentina su obra es muy conocida y goza de mucho prestigio, especialmente entre las lectoras.
La escritora Munro dijo a la cadena canadiense CBC que estaba “sorprendida y encantada” con la noticia, de la que supo por una llamada telefónica de su hija en plena madrugada. “Parece imposible. Parece algo tan maravilloso que no lo puedo describir, es más de lo que puedo decir”, afirmó.
Munro es la primera canadiense que recibe el premio -dotado con 1,2 millones de dólares- desde Saul Bellow, quien emigró a Estados Unidos cuando era niño y lo ganó en 1976. “Cuando comencé a escribir había una comunidad muy pequeña de escritores canadienses y el mundo casi no les ponía atención. Ahora los escritores canadienses son leídos, admirados y respetados en todo el mundo”, declaró Munro en un comunicado emitido por su editor, Alfred A. Knopf. Agregó que espera que este Nobel “fomente más interés en todos los escritores canadienses y un “mayor reconocimiento al relato breve”.
Sus libros han vendido más de un millón de ejemplares tan sólo en Estados Unidos y han sido traducidos a media docena de idiomas, entre ellos el español. Sus cuentos pueden tener la profundidad de caracterización y narrativa de una novela en tan sólo 30 ó 40 páginas. Este es el verdadero valor de un cuento: lograr en pocas páginas una historia completa, un final sorpresivo en muchos casos y que los protagonistas estén claramente delineados, sin la extensión que permite el género novelado.
Al anunciar el premio, la Academia Sueca la calificó como una “maestra del cuento contemporáneo”. El secretario permanente de la Academia, Peter Englund, que indicó que no pudo comunicarse con ella pero le dejó un mensaje en el contestador telefónico, afirmó: “Ella ha tomado una forma de arte, el relato breve, que ha tendido a estar un poco a la sombra de la novela, y lo ha cultivado casi a la perfección”.
Es una pena que todas estas virtudes que hoy se rescatan del cuento no fueran recordadas en vida de Jorge Luis Borges, un cuentista como pocos, que siempre fue dejado de lado entre los candidatos, siendo los ungidos novelistas y ensayistas. Aunque tarde, sea bienvenido el cuento a la “liga mayor” de la literatura por parte de la Academia Nobel.
Tampoco las mujeres han sido frecuentes acreedoras del galardón. Munro es la decimotercera mujer que gana el Nobel de Literatura en los 112 años de historia del premio sueco.
Antes que este, Munro ha ganado numerosos premios en su extensa trayectoria, entre ellos el del Círculo Nacional de Críticos Literarios en 1998 por Love of a Good Woman (El amor de una mujer generosa ) y tres veces el Governor General, el máximo galardón literario de su país.
La escritora tiene como uno de sus temas centrales las diferencias entre su juventud en la población conservadora de Wingham, al oeste de Toronto, y su vida después de la revolución social de la década de 1960. Alguna vez calificó a los años 60 como una época maravillosa.
Hija de un criador de zorros y profesor, recibió el nombre Alice Anne Laidlaw. Desde chica tenía gran inclinación literaria en un ambiente poco interesado en la literatura y ocultaba sus deseos como algo prohibido. Munro recibió una beca para estudiar en la Universidad de Western Ontario, donde siguió la especialización de periodismo, y todavía no se había graduado cuando vendió un cuento a la radio CBC.
Abandonó la universidad para casarse con un compañero de estudios, James Munro, con quien tuvo tres hijos, y se dedicó de lleno a las tareas domésticas. Apenas pasados los 30 abrió una librería con su marido, en 1963. Con estímulo renovado, recuperó su talento narrativo a la vez que se deterioró su matrimonio. Su primer libro de cuentos, “Danza de las sombras felices”, de 1968, tiene mucho de su fracaso matrimonial, y ganó el premio Governor. Más adelante se casó con Gerald Fremlin, un geógrafo.
Que la ganadora del Nobel sea una mujer y que además sea por el género cuento es una muy buena noticia, que dará bríos a muchas otras escritoras a seguir en la senda narrativa.
Vaya también en esta distinción de la Academia sueca un reconocimiento a la mayúscula labor de nuestro Jorge Luis Borges, que dejó esta Tierra anhelando el Nobel que nunca le llegó.













