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Un “Súper Niño” pone al campo ante el desafío de administrar el exceso de agua

Los últimos pronósticos anticipan que podría convertirse en uno de los episodios de El Niño más intensos registrados desde 1950. Para la región núcleo la perspectiva de lluvias superiores a las normales aparece inicialmente como una buena noticia para los cultivos, aunque también enciende una alerta

26 de agosto de 2026 a las 11:40 a. m.
Un “Súper Niño” pone al campo ante el desafío de administrar el exceso de agua
El monitoreo global del fenómeno climático de El Niño.

El escenario climático para la campaña gruesa empieza a adquirir una definición cada vez mayor y coloca al agua en el centro de todas las miradas. Después de campañas en las que muchas veces la preocupación estuvo asociada a la falta de humedad, el ciclo 2026/27 podría presentar exactamente el desafío contrario: administrar un escenario de lluvias abundantes y evitar que los excesos terminen afectando el potencial productivo.

El fenómeno de El Niño que se desarrolla sobre el Pacífico ecuatorial sigue fortaleciéndose y los últimos informes internacionales advierten que podría alcanzar una intensidad extraordinaria durante la primavera y el comienzo del verano.

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La actualización difundida el 13 de agosto por el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó que El Niño se encuentra en pleno fortalecimiento. El organismo señaló que existe más de un 90% de probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte, período que coincide con la primavera y el verano en la Argentina.

Pero hay un dato todavía más significativo: para el trimestre octubre-diciembre, la NOAA calcula un 69% de probabilidad de que alcance una magnitud histórica, superando en intensidad a los anteriores eventos registrados desde 1950.

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 Un Pacífico excepcionalmente caliente

El motor de El Niño está en el calentamiento anormal de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial y los registros actuales muestran señales contundentes.

Durante julio, el índice correspondiente a la región Niño 3.4 alcanzó una anomalía de +1,4°C, mientras que en Niño 3 llegó a +1,7°C y en Niño 1+2 trepó hasta +2,9°C. Además, debajo de la superficie se detectaron anomalías térmicas que llegaron hasta los 10°C.

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Para los especialistas, el comportamiento conjunto del océano y la atmósfera confirma que el fenómeno está fortaleciéndose y que probablemente continuará haciéndolo durante los próximos meses.

La magnitud potencial explica por qué comenzó a instalarse la denominación de “Súper Niño”, aunque los especialistas advierten que una gran intensidad oceánica no implica automáticamente que todas las regiones recibirán lluvias extraordinarias.

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El propio organismo estadounidense remarca que cuanto mayor sea la intensidad del fenómeno, mayores son las probabilidades de observar impactos característicos de El Niño, pero estos no están garantizados de manera uniforme en cada región.

 La zona núcleo, bajo la lupa

Para la producción agrícola argentina el fenómeno adquiere especial relevancia porque históricamente El Niño suele favorecer mayores precipitaciones sobre buena parte del centro y este del país.

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Y allí aparece Pergamino en una posición particularmente sensible.

La región núcleo llega a la nueva campaña con perfiles que en numerosos sectores ya cuentan con importantes reservas de humedad. Por eso, una primavera y un verano con precipitaciones superiores a las normales pueden constituir un escenario favorable para los cultivos, pero también elevar el riesgo de anegamientos, dificultades para ingresar a los lotes y problemas para realizar las labores en tiempo y forma.

Las proyecciones disponibles comienzan a mostrar justamente esa señal.

Los mapas elaborados a partir del modelo europeo ECMWF anticipan que durante septiembre empezaría a aumentar la frecuencia de los sistemas precipitantes sobre el centro argentino, con anomalías positivas sobre la región pampeana.

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Para noviembre, sectores de Entre Ríos, Santa Fe y la región pampeana podrían registrar entre 20 y 50 milímetros por encima de los valores habituales. Hacia diciembre, la señal húmeda seguiría instalada sobre el centro del país, mientras los mayores excesos se concentrarían sobre el Litoral.

 De aliado a problema

Para maíz y soja, disponer de agua durante los períodos críticos constituye una de las principales condiciones para alcanzar altos rendimientos. En ese sentido, un escenario Niño suele ser observado con optimismo por los productores de la zona núcleo.

Sin embargo, más agua no necesariamente significa más producción.

Cuando los perfiles están completos y las precipitaciones continúan acumulándose, aparecen problemas de falta de piso, napas elevadas, sectores anegados y dificultades para concretar aplicaciones, fertilizaciones y otras labores.

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También pueden incrementarse determinadas enfermedades asociadas a condiciones de elevada humedad y aumentar la complejidad logística dentro de los establecimientos.

El escenario puede resultar particularmente desafiante en sectores bajos o con dificultades de escurrimiento y también sobre la extensa red de caminos rurales, cuya transitabilidad resulta determinante para el movimiento de insumos, maquinaria y posteriormente de la producción.

Las proyecciones para diciembre ya advierten que los excesos de precipitación previstos sobre la zona central podrían ocasionar complicaciones para las tareas agrícolas y para el tránsito sobre caminos rurales.

 Una campaña para anticiparse

La perspectiva refuerza una recomendación que los especialistas vienen realizando desde hace meses: frente a un escenario Niño, las decisiones deberían comenzar mucho antes de que lleguen las lluvias.

Revisar canales y sistemas de escurrimiento, identificar los lotes más vulnerables, considerar la posición de las napas, ajustar fechas de siembra y planificar anticipadamente la logística pueden resultar tan importantes como las decisiones vinculadas con semillas, fertilización o protección de los cultivos.

La campaña gruesa 2026/27 aparece, por lo tanto, con una perspectiva productiva interesante para una de las principales regiones agrícolas del país. La disponibilidad hídrica podría acompañar a los cultivos en momentos decisivos y permitir expresar elevados potenciales de rendimiento.

Pero el mismo fenómeno que puede transformarse en un aliado también representa una amenaza si las precipitaciones superan la capacidad de los suelos y de la infraestructura para administrar el agua.

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