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Un Macri en estado puro frente a la ONU

22 de septiembre de 2016 a las 12:00 a. m.

Un Mauricio Macri en estado puro fue el que se mostró en su debut en la ONU. Un discurso de menos de 15 minutos, cordial y amable pero sintético y sobre todo práctico.  La idea fue “vender” la Argentina al mundo, seduciendo inversiones. Una tarea que se ha llevado en estos meses de Gobierno sus mejores esfuerzos.

Desde el pago a los fondos buitres, pasando por su viaje a Davos, la organización del Mini Davos en nuestro país días pasados, hasta esta presentación en Naciones Unidas, el objetivo es claro: el país ha dado un viraje para recrear un clima de negocios y recibir inversiones. Y es también lo que buscó transmitir en la visita de Barack Obama en marzo; ante el francés François Hollande y el italiano Matteo Renzi, lo mismo cuando dialogó en la reciente cumbre del G 20, con el mandatario chino Xi Jinping y con el ruso Vladimir Putin.  En este aspecto Macri ha dado todos los pasos internos y externos para atraer capitales, ahora los resultados se verán en el tiempo. 

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La verdad es que en su primera presentación ante la Asamblea General de la ONU Macri fue previsible, ya que era obvio que saldría claramente y sin rodeos a ofrecer una Argentina que es rica en su naturaleza pero necesita capitales. Para eso una de las actitudes más claras del presidente, que conoce muy bien el paño empresario, es mostrarse confiable. Porque este es uno de los presupuestos básicos de quien invierte: la confianza.

Es claro que los capitales van a países donde hay posibilidades ciertas de hacer negocios, pero sin dejar de lado que tiene que ser un territorio donde se dan condiciones políticas para radicarse. En este tema no hay que llamarse a engaños: nadie invierte donde no hay confianza.

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Trajo, en cambio rispideces la reivindicación de la soberanía en Malvinas al tiempo que habló de un diálogo amigable con Londres. Pidió por la solución pacífica de la controversia con el Reino Unido, en favor de generar una relación bilateral “mutuamente beneficiosa” con Gran Bretaña. No a todos les cae bien esta postura, como analizamos en una editorial esta misma semana. Lo hemos planteado: es un asunto muy sensible para nuestro país y nada de lo hecho hasta el momento ha dado resultados (la guerra, la seducción a los isleños, los reclamos internacionales). Pero indudablemente hay que explicar muy bien, ya que la polémica podría crecer si, como sostuvo el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, el Gobierno impulsara un análisis del impacto de la ley 26.659, que impone severas penas y multas a los directivos de empresas que colaboren, de manera directa o indirecta, con la explotación de hidrocarburos en Malvinas.

La oposición y los socios de Cambiemos creen ver en estas negociaciones, beneficios concretos para Londres, sin que al fin se consiga nada en términos de soberanía. De todos modos la canciller Susana Malcorra irá a dar explicaciones al Parlamento y allí se clarificará el asunto.

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Macri también pidió colaboración internacional para ayudar a resolver los dos atentados criminales sufridos en 1992 y 1994 en la embajada de Israel y la Amia. Así como fustigó al terrorismo y abogó por que la Argentina pueda recibir a refugiados sirios en nuestro país. No hizo referencia explícita a Irán como responsable del atentado, porque se sabe que la situación internacional del país musulmán ha cambiado y hoy aparece asociado a Estados Unidos, de modo que el presidente no quiso generar un conflicto en momentos en que el objetivo es lograr inversiones. A veces la prudencia genera menos aplausos, pero más confiabilidad.

Por eso Macri enfatiza que el país volvió a los mercados internacionales y pide inversiones. Y en esto de mostrar a la Argentina en el mundo con un giro de 180 grados respecto de la gestión anterior, en una conferencia junto a Bill Clinton sostiene que en nuestro país “la gente decidió un cambio que terminó con una década de populismo”. Y en una entrevista con el muy influyente periódico londinense Financial Times asegura que la situación de Venezuela es “un desastre” y que lo que allí practica el chavismo “no es democracia”.

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Políticamente correcto para el mundo, Macri está haciendo todos los esfuerzos para lograr las inversiones, convencido de que es el único camino para un crecimiento sustentable en el tiempo. 

El pago a los holdouts, la liberación del cepo cambiario, concurrir a Davos con Sergio Massa, traer el “mini Davos” a Buenos Aires con los CEO de las firmas más importantes del mundo y ahora su exposición en la ONU y las reuniones paralelas sostenidas son todas las cartas que jugó Macri para lograr el objetivo. La estrategia está ejecutada, se tiró toda la carne en el asador y la “suerte” está echada. Ahora queda ver la respuesta del mundo. 

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Puede tener éxito o puede fracasar Macri con la política exterior de integrar a la Argentina al mercado, pero lo que no se puede negar es que lo que está haciendo el presidente nace de sus convicciones que nunca ocultó y que sus votantes conocían bien. La apertura de nuestro país es un objetivo básico del presidente, porque tiene que ver con el modo de ver el mundo y su intento de insertar al país en esa frecuencia global es sobre lo que está trabajando.

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