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Ultimo intento del campo para lograr ser escuchado

07 de octubre de 2015 a las 12:00 a. m.

En el marco de un campo crispado por la baja de los precios internacionales, la presión tributaria y la suba de los insumos -generalmente cotizados en dólares-, los precios de la soja subieron este lunes en el mercado disponible local, producto de la necesidad de la industria, que durante la semana pasada no logró adquirir un volumen significativo de mercadería, y de las mejoras registradas en la Bolsa de Chicago.

Por tonelada de soja con entrega inmediata, las fábricas pagaron 2.100 pesos para las terminales de San Martín, San Lorenzo, Ricardone, Villa Gobernador Gálvez, General Lagos y de Timbúes, 50 pesos más que el viernes pasado. También hubo subas en el sur de Buenos Aires, dado que los compradores propusieron 2.100 pesos para Bahía Blanca y 2.080 para Necochea, 30 y 60 pesos por encima de los valores vigentes en la rueda precedente.

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Sin embargo, los entendidos en el tema consideran que la suba de la soja se debe a compras de ocasión de los fondos de inversión especuladores, con lo cual no implicaría que el precio comience a dispararse. Es decir, que esta mejora en nada significa un cambio en la realidad de los productores. Por el contrario, el campo continúa con las mismas quejas de siempre, sobre las que el Gobierno no ha encontrado una vía de solución, lo que ha derivado en la desaparición de 95.000 productores agropecuarios, 138 frigoríficos cerrados, 20.000 obreros de la carne en la calle y una  reducción del área sembrada por cuarto año consecutivo, “algo que no pasaba desde los años 40”, aseguró Luis Miguel Etchevehere, presidente de La Rural.

El miércoles 14, a sólo 11 días de las elecciones, la Sociedad Rural Argentina (SRA), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y Coninagro realizarán una protesta en el Obelisco para explicar ante la opinión pública el daño que el kirchnerismo le causó al campo con sus políticas en sus 12 años en el poder.

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Según los convocantes, la jornada repetirá el modo de acción de una protesta de hace dos años en el mismo lugar. En esa oportunidad, cuando aun estaba Federación Agraria Argentina (FAA) dentro de la Mesa de Enlace, las cuatro entidades pusieron una especie de verdulería para mostrar la diferencia entre los bajos valores cobrados por los productores y los altos precios pagados en las góndolas por los consumidores.

Para esa fecha, arribarán a Buenos Aires chacareros de diversas regiones que pondrán énfasis, con sus productos en escena, en esa disparidad. Pero el foco de la movilización de las entidades también estará en el balance final de las políticas del kirchnerismo hacia el campo: el retraso cambiario, incremento de costos, mayor presión tributaria, retenciones, incremento de los costos laborales e impositivos, un alto grado de exigencias de controles sobre las actividades desarrolladas, escasa infraestructura y alto costo de arrendamiento de campos. “No es rentable producir”, aseguran. Y así es como hemos visto en más de una ocasión a productores frutícolas regalando o tirando sus cosechas porque al venderlas ni siquiera recuperarían sus costos. Por ejemplo, al productor de duraznos en Mendoza le pagan un peso por kilo, razón por la cual en esa provincia se han extinguido. No hace falta ser economista para entender que a un peso por kilo, ese productor no cubre sus gastos y ni pensar en una ganancia.

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Algo similar, en mayor escala, sucede con pequeños productores de caña de azúcar y algodón.

Otro problema que aqueja al sector es que los productores deben financiar casi la mitad de sus costos de siembra. Según un informe privado, los ingresos logrados por la cosecha gruesa del año pasado sólo les alcanzan para cubrir el 55 por ciento del nuevo desembolso para la campaña 2015/16. Y lo hacen comprometiendo la cosecha futura, la cual todavía está sujeta a los efectos climatológicos de El Niño. En este marco, el Estado vuelve a ausentarse, ya que la única vía de asistencia que ofrece es la llamada “emergencia agropecuaria” que consiste solamente en la postergación de los plazos de pago de los impuestos. Y ya, hasta aquí llegó la ayuda para la industria que más le reporta en términos fiscales y de divisas, su principal socio. En la ganancia únicamente, como salta a la vista.  

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Por estos y varios motivos más, el campo sigue reclamando medidas para el sector, aun cuando el Gobierno termine ya su ciclo, porque en definitiva, dejan sentada su postura para quienes ocuparán desde diciembre la Casa Rosada.  

Así las cosas, que se mueva en el mercado local el precio de la soja, no calma los ánimos ya muy caldeados de los productores después de varios años de enfrentamiento con las políticas oficiales, que está a la vista, no les han generado ningún beneficio al campo, sobre todo a los pequeños productores que son los que engrosan la totalidad de la nómina de quienes han tenido que abandonar la actividad agropecuaria. Y el daño es mayor cuando se trata de producciones que se realizan casi con exclusividad en algunas zonas puntuales del país; en estos casos, con la desaparición de los productores, de-saparecen pueblos enteros.

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