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Tecnología utilizada para la vacuna contra el Covid-19: ¿una esperanza frente al HIV?

04 de febrero de 2022 a las 12:00 a. m.

Transcurridos cuarenta años de la aparición del Virus de la Inmunodeficiencia Adquirida, la búsqueda de una vacuna preventiva contra el Sida es una constante para la ciencia. Han sido varias las experiencias que no han alcanzado los resultados deseados en el logro de este objetivo, aunque han sido muchos y significativos los avances en la lucha contra esta enfermedad. La enorme y múltiple capacidad del virus de mutar y expresarse en varios subtipos ha aparecido siempre como una de las causas por las cuales no ha sido tan sencillo el desarrollo de un biológico capaz de generar en el organismo la inmunidad necesaria.

En los últimos días, el anuncio de las primeras pruebas en humanos de una vacuna contra el HIV abrió un nuevo horizonte de esperanza, que sin embargo es observado con cautela. Según se ha señalado en la prensa, el ensayo busca estimular la producción de un determinado tipo de anticuerpos (bnAb), capaces de actuar contra las numerosas variantes circulantes del virus. 

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Para este desarrollo, la tecnología de ARN mensajero empleada para la elaboración de varias de las vacunas contra la Covid-19 suscitó expectativas, fundamentalmente por el tiempo récord en que la ciencia pudo dar respuesta a este aspecto de la pandemia- vale recordar que la vacuna contra el virus Sars-COV 2 fue desarrollada en pocos meses y aprobada bajo uso de emergencia considerando la urgencia de la emergencia sanitaria-.

De acuerdo a lo que se conoce, la formulación del ensayo fase I de una posible vacuna contra el Sida es la resultante del trabajo de la empresa biotecnológica estadounidense Moderna y la Iniciativa Internacional para la Vacuna contra el Sida. Y las primeras dosis fueron administradas a 56 adultos sanos y sin HIV.

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Este acontecimiento es observado con atención por la comunidad científica internacional y representa de por sí un paso más en la creación de conocimientos en la búsqueda de hallar una vacuna contra esta enfermedad que aún sigue matando a cientos de miles de personas cada año.

El hecho de que por el avance en los tratamientos el HIV se haya transformado en una enfermedad que recibe el abordaje de cualquier otra patología crónica con la que se puede convivir, ha representado cambios sustanciales, pero de ninguna manera ha anulado la necesidad de lograr un desarrollo que permita prevenirla. Hasta el momento el único instrumento de barrera probadamente efectivo para evitar contraer el virus es el uso del preservativo en las relaciones sexuales, pero no se cuenta con una formulación farmacéutica de carácter preventivo. Esa es la gran promesa de esta iniciativa que se ha puesto en marcha, valiéndose de lo que ha sucedido en la pandemia de coronavirus, en relación al uso de determinada tecnología para la generación de vacunas que mostraron poder desarrollarse en tiempo récord y con buenos resultados.

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En el caso de la vacuna que se estudia contra el Sida, la tecnología de ARN mensajero, la misma utilizada por el laboratorio Moderna para la vacuna contra la Covid-19, es la que abrió la puerta para avanzar en este desarrollo que abre un nuevo horizonte en la búsqueda de ganarle la batalla al HIV.

El producto que se está probando pretende educar a las células b que forman parte del sistema inmunitario para que produzcan un determinado tipo de anticuerpos y de este modo operar como barreras contra el virus de la inmunodeficiencia adquirida. Para ello, el ensayo probará la inyección de un inmunógeno inicial, es decir, una sustancia capaz de provocar una respuesta inmunitaria, y un inmunógeno de refuerzo inyectado posteriormente.

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Hasta aquí lo que la ciencia sabe es que la producción de este tipo de anticuerpos está ampliamente considerada como un objetivo de la vacunación contra el HIV. También hay consenso en que serán necesarios otros inmunógenos para guiar al sistema inmunitario por el camino correcto, razón por la cual los inmunógenos desarrollados por la organización de investigación científica Iniciativa Internacional para la Vacuna contra el Sida, el Instituto de Investigación Scripps, con el apoyo de la Fundacción Bill y Melinda Gate, el Instituto de Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos y Moderna, podría aportar el primer componente clave de un posible régimen de vacunas contra el HIV.

Como antecedente, el año pasado, un primer ensayo en el que no se utilizó ARN mensajero probó un primer inmunógeno que demostró que se obtuvo la respuesta inmuniaria deseada en varias decenas de participantes. En este aspecto, el uso de la plataforma que ha sido protagonista en la lucha contra la Covid- 19 y la rapidez con la que se pueden producir las vacunas de ARN mensajero constituyen un modelo flexible y receptivo a la hora de probar y diseñar este tipo de productos. 

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Más allá de lo que arrojen los resultados de este ensayo, lo que expresa esta iniciativa es por un lado la vocación del sistema científico internacional de no abandonar una lucha que hasta aquí ha sido larga y dificultosa. También la voluntad de no quedarse solo con los avances en términos de terapéutica.

Por otro lado, exhibe la existencia de mecanismos de colaboración y de transferencia de tecnología que posibilitan el acceso a nuevas herramientas en términos de inmunógenos y plataformas para avanzar a un ritmo más acelerado en este proceso.

En este punto, quizás como en ningún otro, la pandemia de coronavirus aparece como un espejo desde el cual replicar desarrollos, adaptarlos y no abandonar la senda de seguir buscando soluciones a problemas que siguen siendo urgente. El HIV es uno de ellos.

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