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Superar los prejuicios sobre la salud mental

31 de enero de 2020 a las 12:00 a. m.

La salud mental es el bienestar emocional, psíquico y social que permite a las personas superar los obstáculos que se presentan en la vida cotidiana. Diversos estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud señalan que los trastornos mentales están dentro de las cinco primeras causas de enfermedad en América. Pero muchas veces se ignora la magnitud de este problema y, por lo general, existen muchos prejuicios sobre los usuarios de los servicios de salud mental que no contribuyen a la integración de estas personas a la sociedad.

Es necesario que la ciudadanía tome conciencia de la importancia de tener un cambio de actitud frente a esta problemática, de manera tal que se evite la estigmatización de las personas usuarias de los servicios de salud mental. De lo que se trata es de favorecer la inclusión y, a la vez, propiciar y profundizar los vínculos sociales de quienes puedan estar en esta situación.

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Un claro ejemplo de ello es la experiencia de terapia e integración social que lleva adelante la Radio La Colifata, con pacientes del Hospital Borda de la Ciudad de Buenos Aires. La iniciativa, que recibió múltiples reconocimientos, está en sintonía con la propuesta de la Organización Mundial de la Salud para que se promuevan acciones que permitan interactuar entre los distintos sectores de la sociedad, con el fin de mejorar la salud mental. Este acercamiento permite, entre otras cosas, reconocer y entender el problema, lo que representa el primer paso para romper con estereotipos y falsas creencias, superando así los prejuicios y la estigmatización hacia las personas con enfermedad mental.

Según un estudio de la Universidad de Buenos Aires, en Argentina, una de cada tres personas presenta un problema de salud mental a partir de los 20 años. Las problemáticas más frecuentes son los trastornos de ansiedad, del estado de ánimo y los problemas por consumo de sustancias. Desde el Ministerio de Salud de la Nación se aclara que el padecimiento mental no es irreversible, y que puede afectar de modo parcial y transitorio la vida de una persona. Un aspecto a tener en cuenta es que diversas experiencias confirman que, con el acompañamiento comunitario necesario, la recuperación es posible. Por eso se insiste en recordar que las personas con enfermedad mental no deben ser aisladas de su comunidad y, en ese sentido, vale remarcar que todas las personas tienen derecho a recibir la atención sanitaria necesaria, acompañadas de sus afectos y en su comunidad.

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En los últimos años, afortunadamente, hubo cambio de paradigma y hoy se aborda el tema desde otra perspectiva y se trabaja para dejar atrás el modelo basado en el encierro, para marchar hacia un modelo de dispositivos inclusivos que les permita a las personas reinsertarse en la comunidad. Por eso se remarca, como lo hace la cartera sanitaria nacional, que las personas con padecimiento mental no son ni violentas, ni peligrosas; y que no existe una relación directa entre padecimiento mental y violencia. La existencia de esta última, en todo caso, está más relacionada con el desamparo y el aislamiento social.

En 2019, y por primera vez en la historia de la Organización Mundial de la Salud, se designó a una mujer en el más alto cargo del Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de ese organismo internacional. Se trata de la psicóloga argentina, Dévora Kestel, oriunda de Bahía Blanca, quien asumió el desafío de lograr que los 196 países miembros de la OMS impulsen políticas sanitarias que contribuyan a consolidar un nuevo paradigma para erradicar falsas creencias y tabúes que rodean a la salud mental.

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También es importante que se escuche y se respeten las diversas formas que estas personas tienen de expresar sus sentimientos y que se las acompañe tanto a ellas como a sus familias. Está demostrado que el encierro y aislamiento en instituciones no contribuyen al bienestar del paciente. Por el contrario, esas medidas extremas solo contribuyen a la pérdida de habilidades sociales, generan dependencia, y no respetan los derechos humanos. La sociedad debe dejar de lado prejuicios y promover la inclusión de las personas usuarias de los servicios de salud mental que, como todos los ciudadanos, tienen derecho a preservar su identidad, a vivir en comunidad y mantener sus vínculos y, por supuesto, a recibir atención sanitaria adecuada.

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