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Sobre la mesa ñoquis, trabajadores y despidos

07 de enero de 2016 a las 12:00 a. m.

El cambio de gobierno trajo, entre otras medidas, una ola de despidos, en la búsqueda de lograr cierta equidad en la relación costo laboral y eficiencia, en la administración nacional, y -en lo que nos toca más de cerca- en la provincial y municipal. Nadie ignora que dentro de las estructuras del Estado hay “noquis”, es decir personas empleadas sin asignación de funciones, que sólo cobran sin ir a trabajar. También hay casos de nombramientos de personas que van efectivamente a trabajar, pero no están preparados para el puesto que se les asignó, sino que llegaron por amistades políticas al cargo, dejando en el camino a personal de planta que ve disminuidas sus posibilidades de crecer en la administración pública. Y hay un tercer sector que trabaja y es eficiente.

Por eso el problema es más complejo de lo que parece, porque cuando se hacen despidos masivos, como en el Parlamento, pueden pagar justos por pecadores, en muchos casos. No olvidemos que el más vulnerable y más fácil de eliminar es el contratado, el que factura sus servicios. Estos son los primeros echados. Pero no siempre son ellos los que no trabajan. Muchos que tienen en el Estado un empleo estable, precisamente, sabiendo que no son pasibles de ser despedidos, son quienes no trabajan y el contratado hace el verdadero esfuerzo porque sabe que de eso depende mantenerse en el lugar y mejorar sus condiciones. 

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Hay excepciones para todo. 

Pero además los despidos, si se producen todos al unísono, generan problemas socioeconómicos, no sólo a nivel de las familias a las que les falta el salario, sino en líneas generales: menos sueldos son menos compras y menos gastos. Y al mismo tiempo una alerta y movilización gremial que, si no se dialoga, termina en manifestaciones públicas, reclamos generalizados y hasta huelgas en solidaridad con los damnificados.

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La Asociación de Trabajadores del Estado, la Asociación del Personal Legislativo y la Unión de Personal Civil de la Nación protestaron la semana pasada en el salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación porque el macrismo despidió a más de 1.500 empleados de las áreas técnicas de la Cámara de Diputados. Algunos dicen, “hasta con 10 años de servicio”. Al mismo tiempo denuncian que ya han nombrado empleados del PRO y Cambiemos; si bien esto no lo podemos comprobar, es seguro que cada diputado habrá hecho sus nominaciones laborales.

Asimismo, los trabajadores denunciaron que la nueva gestión pretende suspender además los ascensos de personal de carrera entre los empleados de planta permanente.

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En el Senado se dieron de baja a 2.035 designaciones que realizó Amado Boudou durante su mandato; Gabriela Michetti tomó la decisión como nueva titular de la Cámara alta. Asegura que si se presentaran a trabajar todos los contratados no habría lugar en el Senado para todos ellos y que la Cámara alta está plagada de “muchísimos ñoquis”. Para llevar adelante la depuración del Senado la vicepresidenta creó una comisión revisora para analizar los legajos de la planta permanente y las recategorizaciones del último año. Se realizará una auditoría interna y otra, que será más profunda, que llevará adelante la Universidad de Buenos Aires. Pero los nombramientos contratados fueron todos eliminados.

En el gremio están de acuerdo con la realización de una auditoría general en el Parlamento y quieren formar parte de la comisión revisora de los contratos. Todos los bloques apoyan la medida.

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También se cortaron los contratos de 600 de los 710 empleados que heredó del kirchnerismo y fueron despedidos por Hernán Lombardi del Centro Cultural Néstor Kirchner. Como se pudo ver en todos los medios, un grupo de esos trabajadores hizo más de una protesta en puerta en el edificio emplazado en Leandro N. Alem. Según la nueva gestión, se trata de personal cuyos contratos culminaron el 31 de diciembre y decidió no renovarlos sin antes revisarlos. Lombardi les pidió a los gremios intervinientes que en los próximos días le acerquen planillas con los datos de estos exempleados “para hacerles entrevistas, conocer cuáles eran sus funciones y analizar quiénes tendrán continuidad en la nueva gestión”. Según su cálculo, se necesita a 400 empleados y especialistas con conocimientos curatoriales. Por eso se supone que, de calificar, de esos 600 cesanteados, unos 300 podrían recuperar su trabajo.

El plan es que el edificio reabra al público el 4 de febrero con visitas guiadas y que los conciertos comiencen en marzo. Entre otros puntos, el ministro adelantó que levantará la muestra de Néstor Kirchner para convertirla en una galería “de todos los presidentes”. Conservará la oficina de Evita, que recrea con enorme grado de detalle la gestión que tuvo la exprimera dama durante los tres meses que trabajó en ese edificio cuando funcionaba como correo. El centro seguirá teniendo entrada general gratuita y, a corto plazo, no está previsto sacarle el nombre de Néstor Kirchner. El nuevo director será Gustavo Mozzi, extitular de La Usina del Arte.

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Y en la provincia de Buenos Aires también se está aplicando la misma línea. En el municipio de Quilmes, donde desembarcó Martiniano Molina, 980 trabajadores de distintas áreas se quedaron sin su puesto de trabajo, acusados de ser “ñoquis” políticos, mientras que otros 3.700 empleados del Municipio de La Plata, conducido por Julio Garro, aguardan desde comienzos de 2016 por la revisión de sus contratos.

En Pergamino, por un sistema de goteo continuo se está prescindiendo de aquellos que facturan servicios, profesionales y técnicos. También se han ajustado los mecanismos de control de asistencia y se está haciendo un seguimiento sobre las tareas asignadas a cada empleado, si realmente son acordes a su calificación, si se cumplen y a quién reporta. De este modo se han blanqueado situaciones de todo tipo, como aquellos casos en que empleados municipales no cumplían un horario sencillamente porque se les superponía con otro trabajo en el sector privado. Algunos, al tener que optar, prefirieron dejar el Municipio para quedarse con el otro empleo; otros han elegido quedarse pero se han tenido que ajustar a las exigencias, cumpliendo horario y tareas. Así, no por despidos formales sino por decantamiento, se está acotando la nómina municipal. Otros estarán entrando, junto con los nuevos miembros del Gobierno, como es práctica. Y el número final de nómina será el mismo que antes, inferior o tal vez superior. La cuestión es que esa cifra tenga su correlato en la eficiencia y no se estén pagando favores políticos con la recaudación de los pergaminenses.

Nunca es grato que haya despidos, tampoco es positivo que haya “ñoquis”, pero lo que daría mejor resultado es, como decía Perón (aunque el gobierno sea macrista): “Todo a su debido tiempo y armoniosamente”.

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