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Sobre el uso del espacio público

12 de julio de 2016 a las 12:00 a. m.

Se celebró en Pergamino el Bicentenario de la Patria con la pompa correspondiente, con participación popular, con las formalidades y con bailes típicos, banderas celestes y blancas. Una fiesta que será seguramente recordada en nuestra ciudad, porque hay que destacar la participación de entidades y vecinos en un armado que la Municipalidad hizo con implacable criterio: que todos pudieran participar. De uno u otro modo, a tal o cual horario, en uno u otro lugar. 

El acto en la Plaza Merced, centro cívico de la ciudad, fue el de carácter oficial con el Tedéum correspondiente y los atributos para estas celebraciones. Y la fiesta popular, cultural, social y ciudadana fue en la Plaza 25 de Mayo, uno de los epicentros de paseo de Pergamino.

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Desde la perspectiva de los actos no hay objeciones, estuvieron a la altura del acontecimiento y vimos a miles de familias pergaminenses acompañando y disfrutando la jornada. 

Y dada la fecha tan señalada, el cumpleaños Nº 200 de la Patria, que la Municipalidad se preocupó en que la celebración fuera lucida, hubiese sido interesante que los vecinos volvieran a aquella costumbre de colgar la Bandera argentina en sus balcones. Es un gesto que quizá no cambia los sentimientos de cada uno de nosotros, pero la exteriorización es parte de las fiestas. Como sucede además en muchísimos países del mundo que para sus fiestas patrias embanderan las ciudades.

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Lo que merece un toque de atención, con vistas al futuro, es el sistema de control de tránsito, cierre de calles y estacionamiento aplicado para la ocasión. Decimos esto porque aun en las celebraciones patrias, la ciudad debe poder seguir siendo transitable, con los mínimos inconvenientes que lógicamente se producirán cuando hay una fiesta callejera.

Y no nos referimos particularmente al operativo de los actos oficiales sino al mal tino de haber permitido otro corte del tránsito en simultáneo, a pocos metros de las actividades populares, por un motivo que nada tenía que ver con los festejos del Bicentenario.

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Por la logística de los dos actos, además del desfile a caballo de las entidades tradicionalistas, hubo cortes a partir de las 8:00 en los sitios afectados al desfile: Lagos y 9 de Julio; Pinto y Merced; Merced y Avenida de Mayo; Estrada y Echevarría; Pinto y Estrada; Pinto y Monteagudo, todo a los efectos del armado de escenario en uno de los vértices de la Plaza 25 de Mayo. A las 10:00 se procedió del mismo modo en las arterias que rodean la Plaza Merced, donde después del Tedéum tuvo lugar  el acto oficial. Más tarde se cortarían por momentos varias cuadras de 11 de Septiembre desde Rocha para dar lugar al paso de las entidades tradicionalistas  a caballo. Y finalmente, pasado el medio día, a los cortes de la mañana, en adyacencias a la Avenida de Mayo se sumarían otros en avenida Colón y Pinto; Colón y Pueyrredón; Pueyrredón y Rivadavia, Pueyrredón e Italia y Avenida de Mayo y Francia, a fin de dar lugar a la conglomeración y posterior desfile de las entidades intermedias. Se alteró el flujo en importantes sectores de la ciudad y aunque transitar fue complicado, la ocasión y el modo de festejo lo ameritaban sin lugar a dudas. Iba de suyo que la convocatoria para el sábado no era precisamente salir con el auto sino acercarse a participar de la celebración. 

Lo inesperado e incomprensible fue que a partir de las 13:30 de la tarde, como si ya no estuviera la ciudad paralizada, también se autorizó el corte de otro tramo de la Avenida de Mayo, desde Merced -casi a continuación del corte por la fiesta popular- hasta Luzuriaga, para el montaje de una carrera que tendría lugar recién al día siguiente por la mañana. Precisamente el mismo día del acto. También por este armado y exposición de la marca patrocinante del evento deportivo, luego se cortaron Pinto y San Nicolás, Merced y Avenida de Mayo y San Nicolás y Avenida de Mayo durante una hora. Más caos, imposible.

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Los cortes siguieron el domingo por la mañana; de manera permanente de cortaron las calles por donde pasarían los corredores, incluyendo dos de los tres puentes urbanos (descontando el de la ruta) que comunican la ciudad por sobre el Arroyo. Fueron otras dos horas más de circulación alterada, que podría haber sido más criteriosa, como por ejemplo hacer que los cortes sean discrecionales cuando el flujo de corredores va disminuyendo. Tengamos en cuenta que mientras el primero termina el recorrido en apenas media hora, al último le puede llevar hasta hora y media. Aprovechando la presencia de inspectores en las principales arterias, se podría haber permitido la circulación alternada mientras no pasaban atletas. Como sucedía con la Doble Bragado, que una vez que pasaba el pelotón, se permitía la circulación hasta minutos antes del paso siguiente, el cual era informado al agente encargado del corte. Es un despropósito prolongar los cortes de manera permanente para el paso de un grupo mínimo de personas cada dos o tres minutos. Con sentido común y personal idóneo o correctamente instruido, se podrían realizar estos eventos sin generar mayores complicaciones a la ciudadanía.

No sabemos qué fue primero: si el permiso concedido a la firma organizadora de la carrera para cortar el tránsito desde el sábado o la decisión de hacer el festejo popular en la Plaza 25 de Mayo, con la correspondiente interrupción del tránsito. Pero lo que es evidente es que hubo una falta de coordinación al respecto porque se pudo haber evitado. O bien se pensó que tal circunstancia no representaba un conflicto. Es una vez cada tanto, puede decir alguno. Era feriado puede decir otro, pero lo cierto es que hubo damnificados en particular y una molestia general para la ciudadanía. 

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La problemática del tránsito en momentos en que se realizan actos, no sólo oficiales, sino deportivos es un tema a tener en cuenta, las carreras de bicicletas y los maratones de las que participan muchos pergaminenses y otros tantos disfrutan, deben estudiarse en función de que siendo amplios los recorridos, hay momentos en que resulta que están cortados todos los puentes ciudadanos que unen el casco urbano con el barrio Centenario, sectores claramente cortados por el Arroyo. Al mismo tiempo que se cortan arterias clave para la circulación de la ciudad y desde la mañana hasta la nochecita circular por Pergamino termina siendo un pandemónium.

Son eventos que aportan brillo a la ciudad, que ofrecen un paisaje distinto, por lo que creemos que no se trata de erradicarlos. Pero sería bueno establecer ciertas pautas, consensuar un circuito callejero y esquemas de cortes en que prime el sentido común, para que quienes quieran participar o disfrutar de un acto deportivo o un festejo popular puedan hacerlo y el resto de la ciudad atraviese por los menores conflictos posibles a la hora de circular. 

Es un modo de que todos mantengan mínimamente sus derechos a disfrutar y transitar por Pergamino.

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