Sin sobresaltos, se eliminó el cepo
Se levantó el cepo cambiario y la realidad es que, que hayamos visto, el cielo no se ha caído sobre la cabeza de los argentinos, como tanto se predicó en la campaña electoral del miedo.
Y esto es así por dos razones fundamentales: una, porque antes de liberar la compra del dólar en un mercado único libre de cambio, se reforzaron las divisas en el Banco Central, canjeando yuanes con China, lo que el país asiático aceptó sin problemas y en acuerdo con algunas entidades bancarias.
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En este sentido, ya se anunció la conversión de 3.100 millones del swap con China a dólares y se espera que el campo, con el nuevo tipo de cambio y las mejores condiciones de comercialización, comience a liquidar divisas; además, el ministro Alfonso Prat Gay confirmó que está casi cerrado el paquete de préstamos por 5.000 a 8.000 millones de dólares por parte de un grupo de bancos internacionales, que, a cambio, recibirán un bono del Tesoro por parte del Banco Central. Esto generó mucha confianza. En realidad fue una medida responsable, pero no hizo falta, ahora lo sabemos, porque no hubo ninguna corrida cambiaria ni golpe de mercado.
La otra cuestión por la cual el cepo, que tanto daño ha hecho a la economía en general y a las regionales en particular, no generó movimientos extraños en la Argentina, es sencillamente porque la decisión llegó cuando no había otro camino pero no de manera espasmódica y desesperada sino en el marco de un plan de acciones estratégicamente diseñadas.
A su vez, que se haya abierto la puerta, una sola para todos, y no una pequeña ventana que sólo algunos podían atravesar, generó el marco de confianza necesario para que la gente no se agolpe en los mostradores. Además, la suba de las tasas hace que para el ahorro vuelva a ser más conveniente un plazo fijo que la práctica del puré, que en los últimos meses los argentinos habíamos pergeñado para preservar nuestro capital: comprar divisas autorizadas por la Afip en el orden de los 11,80 pesos para luego vender en el mercado negro en 15.
Ya no hay tal negocio: en la tarde de ayer el único dólar que ahora existe cotizó a 14,50 pesos para la venta y 13,50 para la compra en la City porteña. La divisa norteamericana había abierto en algunas casas de cambio a 15 pesos, pero al no haber tanta avidez, terminó bajando. El cierre fue de 13,95 pesos por dólar
Menos que el valor que tenía el blue que, de tanto especular en los últimos tiempos había llegado a los 16 pesos.
En el inicio de las operaciones, el billete se ofrecía sólo en algunas casas de cambio, mientras que en los bancos no había operaciones bajo los argumentos de que todavía esperaban alguna normativa oficial adicional y que no tenían listo sus sistemas. Sin embargo, el Central colocó anoche en su página Web la comunicación A 5850, que permite la venta de las divisas.
Decíamos que esta medida, que anunció Alfonso Prat Gay, va en el sentido correcto y nos hace acordar a cuando Eduardo Duhalde terminó con el uno a uno, aunque los escenarios son muy distintos, si bien la devaluación es similar, del orden del 40 por ciento; en aquellos años se fue de 1 a 4 pesos el dólar y ahora con el tipo cambiario pasó de 10 a 14 pesos.
En aquel momento ya hacía tiempo que la paridad no existía porque la Argentina no tenía en las reservas cómo sostenerlo. La gran diferencia entre entonces y ahora es el contexto social. Es dable reconocer que no partimos del desastre de fine 2001 y que ahora no se llegó al nuevo tipo de cambio por colapso. Si bien en ambos casos la decisión era la que había que tomar, la manera de abordarla fue totalmente diferente.
Es que en la economía los resultados se producen en función de las acciones que se realizan. No fue magia, parafraseando a la expresidenta, sino que son consecuencias lógicas de la materia.
La preocupación del hombre de a pie es si habrá una incidencia por la suba del dólar oficial, la eliminación de las retenciones y el encarecimiento del costo financiero de los créditos. En realidad no debiera sentirse en los precios porque ya los comerciantes se hicieron de antemano el colchón para cuando el dólar subiese. Pero como en la Argentina siempre se está a merced del abuso en los precios, el ministro dijo que se acordó con los empresarios retrotraer los precios al nivel de noviembre pasado. Habrá que ver la lealtad de los formadores de precios (que no son precisamente los productores) para cumplir el compromiso. Además, ratificó que el Gobierno convocará el mes próximo a empresarios y sindicalistas para un acuerdo de precios y salarios. Más allá de lo que se plasme en lo formal, sería esperable que estos sectores acompañen en los hechos este gran paso que ha dado el Gobierno, que ciertamente perderá muchos ingresos en concepto de recaudación impositiva, de manera de no encarecer la mesa de los argentinos. Todos, en este tiempo de cambios, deberemos aportar para llegar a buen puerto.
Esto será fundamental porque la inflación debe sufrir un freno importante, además del que pasará si los ciudadanos comienzan a comprar sólo lo necesario hasta que los precios se acomoden. Ya lo hemos vivido, vienen tiempos de reacomodamientos que, de seguirse en este cambio, nos llevarán a una situación de estabilidad. Si vemos la película de lo vivido podremos recordar que, merced al potencial productivo de nuestro país y los mercados del mundo que necesitan nuestros alimentos, a poco de la devaluación de principios de 2002, más precisamente en 2003 tras asumir Néstor Kirchner, la situación mejoró notablemente. Pero antes tuvimos que transitar las zozobras de patacones, lecop y otras tantas cuasimonedas. Aquel período difícil le valió a Duhalde el título de piloto de tormentas.
La otra medida anunciada que también es beneficiosa es la eliminación de las trabas a las importaciones. Esto beneficiará a muchas empresas con problemas de producción por falta de insumos, repuestos y máquinas que no se fabrican en el país y que tenían encorsetada su capacidad de producir y, por ende, de emplear gente. Pero y esto es lo importante: las importaciones de lo que aquí se produce mantendrá sus aranceles para evitar que ingresen productos a valores que la producción nacional no puede alcanzar.
La apertura de las importaciones genera temores porque en épocas de Domingo Cavallo cuando ministro, se abrió de manera indiscriminada y sin aranceles, de modo que la industria nacional vio desaparecer muchas fábricas y muchos puestos de trabajo porque esa era una competencia realmente desleal. Recordemos una anécdota de esos años: una cartera china ingresaba por ejemplo a 10 pesos y con ese valor (en aquellas épocas) no se podía hacer aquí ni el broche de esa cartera.
Por eso y al igual que todos los países del mundo, los productos que ingresen tendrán arancel, de modo de evitar un problema que ya conocemos.
El cambio está llegando con velocidad pero hasta ahora con responsabilidad, lo cual nos genera tranquilidad y expectativas de crecimiento. Todo llega pero nada es gratis.














