Sebastián Eloy Sequeira: ingeniero químico dedicado a la dirección de proyectos de desarrollo en Francia
Eloy junto a sus hijos Adán y Magdalena: motores de su vida “Lejos del pago”.
(SEBASTIAN ELOY SEQUEIRA)
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DE LA REDACCION. Sebastián Eloy Sequeira tiene 38 años y vive en Francia desde hace varios años, donde ejerce su profesión como ingeniero químico. Nació en Pergamino, es hijo de María Rosa Castro y Mario Héctor Sequeira, fallecido. Aunque se fue de la ciudad cuando tenía 17 años, cuando comenzó a estudiar en Rosario, guarda de este lugar los mejores recuerdos, además de afectos entrañables. “Cuando pienso en Pergamino, me viene a la mente el barrio Acevedo, mis padres tenían una panadería y confitería en calle Siria, cerca del barrio UOM, que se llamaba ‘Ibéricos’”, señala.
“Mi hermana Cecilia y yo ayudábamos mucho a mis padres con el trabajo, muy duro. Cuando uno atiende al público, se relaciona con mucha gente, así que guardo con cariño los recuerdos de esa época, así como el de los amigos de la infancia, como el ‘Patita’ Marcolongo (Qepd), los hermanos Cantoni, Bacalusso, Ranieri y tantos otros.
“También recuerdo los tiempos de la primaria en la Escuela Nº 4, es muy difícil olvidar la calidez de maestras como ‘la Beba’ Berone que tuve en primer grado, Zulema Farías en tercero y Mirta Fraqui, en cuarto y quinto, entre otras.
“Allí hice varios amigos con quienes estoy en contacto todavía gracias a Internet”, refiere y menciona que durante los últimos años de la primaria, empezó a practicar natación en el Instituto Davreux. “Entonces nadaba con Facundo Cáceres y con los hermanos Marro, uno de los cuales es hoy célebre por este deporte.
“Mi adolescencia la marcaron Douglas y el Colegio Nacional, los dos, un sentimiento”, agrega. En el club practicaba basquetbol, en las instalaciones de calle San Nicolás. Recuerda al profesor Marconato, que le enseñó a jugar cuando tenía 13 años, y también a Sergio Bailetti a quien aprecia mucho.
“Jugaba con Jorge ‘Chino’ Suleta, ‘Fefo’ Moyano, Damián Troncaro, Juan Carlos Serafini y otros. En aquel entonces, los profesores me llevaron varias veces como ayudante en los campamentos de verano para niños”.
En su memoria están grabados los veranos en la pileta, los partidos de voley, fútbol, los asados y las fiestas.
“En el Colegio Nacional estaba en la división B, promoción 1992, con el ‘Colo’ Luchini, Guillermo Mazzei, ‘Finu’ Maggio, y con chicas como Lorena Berro, Cecilia Baroni, Cecilia Manilla”, relata y recuerda la participación en las asambleas de delegados y reuniones del centro de estudiantes, así como las fiestas y sorteos que organizábamos”.
Guarda siempre el recuerdo de varios profesores, pero dos en particular: “Chino” Fernández y Lidia Zago “porque me dieron el gusto por la Ingeniería y la Química respectivamente”.
Sus fines de semana eran sinónimo de Specktra y son innumerables las anécdotas que conserva de aquel tiempo.
- ¿Cuándo y en qué circunstancia tomaste la decisión de radicarte en el exterior?
- No fue una decisión puntual, más bien una secuencia de acontecimientos. En 1999 terminé los estudios de Ingeniería Química en Rosario. Era por entonces el fin de la era Menem, y la situación económica y social del país, muy difícil. Cuando estaba dando mis últimos exámenes tuve dos ofertas de trabajo cerca de Rosario, que no me convenían. En aquel entonces tenía unas horas como becario en un laboratorio de investigación ligado a la Facultad de Rosario de la UTN. Mi jefa de entonces, y amiga después, Marta Basualdo, tenía varios contactos en el extranjero, me habló de un proyecto europeo y me puso en relación con el laboratorio de Ingeniería Química de la Universidad Politécnica de Cataluña (en Barcelona), que estaba buscando alguien con un perfil como el mío. Me propusieron un contrato de becario por año, cosa que me parecía interesante como experiencia profesional y humana. La familia de mi mamá era española y eso me permitía conocer los parientes en España, de quienes escuchaba tanto hablar; así fue como salté el charco. Una vez que llegué Barcelona, integré el grupo de investigación y me explicaron que el contrato era renovable por tres años. Así que, si bien no tenía inicialmente la intención, me inscribí a los cursos de doctorado. Un año más tarde, mis resultados eran buenos y obtuve además una beca del Estado español. Como el lugar, el trabajo y los estudios me gustaban, me quedé finalmente cuatro años en Barcelona.
- ¿En ese momento supiste que te ibas a quedar en Europa?
- Hasta allí, para mí se trataba solamente de una estancia en el extranjero. La situación fue cambiando gradualmente cuando me puse de novio con una chica de Francia, Nancy, que trabajaba en la misma Universidad. En un momento dado nos fuimos a vivir juntos y cuando terminé la tesis había que decidirse si quedarme, volver, o venir a Francia con ella. Elegimos la última y le dimos juntos para adelante.
Su presente y la adaptación
Desde hace un año Eloy vive en un pueblito muy cerca de Burdeos. Señala que en Francia, las grandes ciudades son mayoritariamente habitadas por estudiantes, jóvenes o gente grande y refiere que “son muy bonitas y turísticas”.
“Las familias viven normalmente en los pueblos, menos urbanizados, más tranquilos y que están a pocos minutos de las ciudades. Burdeos es en verdad muy linda. Está cerca del océano, en el borde de un río que se llama La Garona, que termina, al juntarse con La Dordoña, en el estuario de La Gironda no muy lejos. El clima es prácticamente igual que el de Rosario. Las tierras son un poco onduladas y con muchos más árboles. La particularidad es la omnipresencia de viñas, base de la fabricación del vino de reconocida calidad que produce la región. Junto con el vino, la actividad económica principal es la industria aeronáutica”, describe.
Más allá de la geografía, y de las ricas experiencias de vida en el exterior, confiesa que la adaptación fue difícil. “En primer lugar está la barrera de la lengua, y también la diferencia cultural. Los diplomas son también un obstáculo, así que, no sin esfuerzo, tuve que homologarlos, cosa que hice en España. Otra dificultad fue el permiso de conducir que tuve que obtenerlo de nuevo en Francia.
“En el trato, el francés es más reservado y discreto que el argentino. Es respetuoso, cuida mucho los detalles y las formas. Tiene también una forma relativamente racional y rigurosa de proceder; creo que la adaptación me llevó dos o tres años”, afirma.
Haber organizado su vida familiar en el exterior fue tal vez lo que facilitó su adaptación. Producto de su relación con Nancy nacieron sus dos hijos Magdalena de 5 años y Adán de 6 años y medio. “Nacieron en Grenoble, Francia, donde vivimos durante 5 años”, cuenta.
Actualmente trabaja como ingeniero químico en la gestión de proyectos, la gran mayoría de desarrollo. “He trabajado varios años para el grupo ‘Air Liquide’, en la División de Tecnologías Avanzadas, desde el punto de vista técnico esa experiencia fue muy interesante porque las principales aplicaciones de los proyectos eran del dominio científico, aeronáutico y espacial, aprendí muchas cosas gracias a ese trabajo”, señala. Enseguida agrega que en 2010 decidió cambiar de empresa y región, integrando el grupo “Michelín”, en la rama elastómeros, donde trabaja para la dirección técnica.
Siente que de algún modo es parte de una generación que se fue del país por falta de oportunidades. Sabe que en los últimos años Argentina ha cambiado mucho; sin embargo es cauto al señalar si está dispuesto a volver. “Quizás algunas empresas puedan ofrecer oportunidades comparables, pero no sé si tienen centros de desarrollo con el tipo de proyectos que he aprendido a dirigir”.
Por ahora no está en sus planes regresar y lo confiesa abiertamente: “Con Nancy nos hemos separado recientemente y eso complicaría las cosas, así que no está en los planes volver a Argentina, por lo menos hasta que los chicos sean mayores”.
Para quedarse tiene grandes y trascendentes razones. A su despliegue profesional se le suma una vida familiar a la que le dedica tiempo.
“Una de las principales experiencias que surgen de vivir en el exterior es la posibilidad de viajar, por trabajo o por placer a muchos lugares con una historia muy rica como Italia, Inglaterra, España, Grecia”.
“Con un simple paseo, una visita a un museo, o el solo hecho de hablar con la gente en estos países uno aprende mucho”, agrega y confiesa que aunque resulte una paradoja “creo que aprendí a conocer a Argentina estando afuera, tratando de comprender su historia y las relaciones de los diversos países con ella.
“En lo positivo hay una cierta simpatía de los franceses por los deportistas argentinos de fútbol, pero mucho más por los tenistas y sobre todo los jugadores de rugby”, cuenta y señala que en términos culturales el tango es muy apreciado, principalmente como danza. “Mucha gente toma cursos y yo aprovecho también”.
“La inmensidad de la Patagonia y el carácter tan lejano de Ushuaia hacen soñar a los europeos en general. Hay muchos ‘aventureros’ que visitan Argentina, pero la mayoría de la gente conoce apenas que la capital es Buenos Aires”, agrega.
Siempre cerca
Aunque no viene con frecuencia, Internet y el teléfono le permiten mantenerse cerca de sus amigos y familiares más cercanos, como su tía Violeta Sequeira.
“Hace bastante que no voy a Pergamino, me hubiera gustado ir esta primavera, pero tuve una lesión importante en el tendón de Aquiles, así que tendré que posponer el viaje hasta que esté bien recuperado”, comenta y recuerda que su madre y hermana viven en Barcelona. “Eso hace que pueda verlas varias veces al año sin ir a Argentina”.
Guarda de su tierra los mejores recuerdos. Se siente parte de ella en su raíz y en su esencia. Sin embargo no tiene una mirada nostálgica. Se enfoca en el presente, como si rescatara lo mejor de la experiencia. “Es muy enriquecedor pasar un tiempo viviendo en el extranjero, poco importa el país, es una verdadera lección de humildad”, sostiene y diferencia: “El hecho de quedarse afuera es diferente, es otra historia y depende de cada caso y de cada uno”.
El pago
Los mismos recursos tecnológicos que le permiten a Eloy mantenerse conectado con su ciudad natal y sus afectos entrañables, son los que permiten el desarrollo de esta entrevista. Mediado por la computadora, el interrogante lo convoca a pensar sobre “su pago”. No duda en responder. Lo hace en una geografía adoptada, en el país donde nacieron sus hijos, donde despliega su profesión y se desarrolla personalmente. Está a muchísimos kilómetros de distancia del espacio donde transcurrió su infancia y gran parte de su vida. Sin embargo hay algo de su identidad que permanece intacto: “Pergamino es mi pago, Argentina es y será mi país; Francia se ha vuelto mi país, adoptivo, pero también mío”.
Ping pong
Un lugar de la ciudad que recuerdes: la calle Siria.
Un maestro: Teresa “Techi” Lombide.
Un amigo: Pablo Javier González (y muchos otros).
Un club: Douglas Haig.
Un recuerdo inolvidable: los cumpleaños de 15.
Una escuela: La Escuela Nº 4.
Un barrio: Acevedo.
Una ventaja de vivir lejos: la calidad de vida es un aspecto positivo (educación, salud, justicia, bienestar).
Una desventaja: estar lejos de muchos seres queridos. La calidez de la gente no es la misma.





















