Roussef, Bachelet y Fernández de Kirchner, las mandatarias del fin del mundo
Michelle Bachelet quedó a un paso del Palacio de La Moneda. Pero deberá esperar un poco más: su triunfo por más de 20 puntos de diferencia no fue decisivo y tendrá que ir al balotaje por la presidencia de Chile.
Al frente de la agrupación Nueva Mayoría, como fue rebautizada la Concertación, obtuvo el 46 por ciento de los votos. Al no superar el 50, tendrá que disputar la segunda vuelta el 15 de diciembre con Evelyn Matthei, la candidata de la oficialista Alianza, que obtuvo 25 por ciento.
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El de Matthei fue un resultado mejor del que habían pronosticado las últimas encuestas, y la fragmentada derecha lo festejó como un triunfo. En tercer lugar se ubicó el cineasta y exdiputado socialista Marco Enríquez-Ominami, con casi 11 por ciento, seguido de cerca por el economista independiente Franco Parisi con el 10 por ciento. Con nueve candidatos, el resto sacó alrededor del 3 por ciento, siendo la mayoría de la izquierda.
Con un discurso basado en la necesidad de cerrar el ciclo actual, sustentado en un modelo económico pro mercado que permitió el crecimiento del país, pero que no resolvió el problema de las profundas desigualdades, batalló Matthei. En cambio Bachelet, que ya fue presidenta de 2006 a 2010 y se fue con altísima imagen positiva, protagonizó una campaña centrada en la importancia de empezar a jugar un “segundo tiempo”. Es decir, con un Estado más protagónico, que garantice los derechos sociales de todos los chilenos.
Fue ese compromiso que asumió la expresidenta para reducir la brecha de desigualdad entre ricos y pobres lo que le permitió triunfar el domingo holgadamente y con el que espera poner fin, dentro de un mes, al primer gobierno democrático de derecha en 20 años, que lidera el empresario Sebastián Piñera.
“El país ha votado mayoritariamente por la propuesta que hemos hecho para Chile, para que Chile sea de una vez por todas el país moderno, solidario y justo que todos queremos”, insistió la expresidenta en su discurso.
Bachelet, de 62 años, buscaba ganar en primera vuelta, pero la inédita postulación de nueve candidatos presidenciales terminó por dispersar el voto.
Con la vehemencia que la caracteriza, Matthei, en tanto, consideró que “llegar a la segunda vuelta fue un triunfo”, dado que obtuvo 10 puntos porcentuales más de lo que las encuestas le otorgaban. Y mientras sus seguidores coreaban “Sí, se puede”, la candidata del ala más dura de la derecha se lanzó de lleno, sin perder un minuto, a la segunda vuelta. Pese a jactarse de haber obtenido un triunfo, lo cierto es que la derecha bajó en un 20 por ciento la votación en primera vuelta que obtuvo en 2010 el actual presidente Piñera.
El triunfo de Bachelet en segunda vuelta favorecerá el vínculo con la Argentina, por la buena relación que siempre ha tenido con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (con Piñera en cambio hubo un trato frío y distante). Por eso la mandataria argentina la llamó la misma noche del domingo y felicitó a la chilena. Según informó oficialmente la Casa Rosada, Cristina conversó telefónicamente con Bachelet a poco de conocerse los primeros resultados del escrutinio en Chile donde, además del resultado, destacó el desarrollo que tuvo toda la jornada.
Llegado este punto, hay una cuestión por demás de interesante, porque Chile con Michelle Bachelet, Brasil con Dilma Roussef y Argentina con Cristina Fernández de Kirchner, son países gobernados por mujeres.
No hace falta analizar, a esta altura, el avance que ha tenido la mujer en América Latina, donde ocupa importantes espacios profesionales, gremiales y políticos. No fue poca la lucha de la mujer para ser reconocida a la par del hombre, cuando a principios del siglo XX ni siquiera tenía derecho al voto. Es muy largo el camino recorrido en el pasado siglo, para que ahora, en el caso que nos ocupa, las tres mujeres ostentan el máximo espacio que el poder otorga en una nación democrática: la presidencia.
No deja de ser interesante y curioso que tres países clave de América Latina estén gobernados por mujeres, como sucede con Brasil, Argentina y Chile. Son dirigentes de larga militancia y cuadros políticos muy potentes las tres, cada una con su particular estilo y personalidad.
Y nos vienen a la memoria las palabras de Francisco, cuando el Santo Padre decía que venía “del fin del mundo”, refiriéndose al sur de nuestro continente, allí donde son tres mujeres las que gobiernan. Ellas también son las mandatarias del fin del mundo.













