Quieres sentirte mejor, aumenta tu actividad física
Por Carlos Garat.
Para la redacción de LA OPINION.
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En los últimos tiempos Pergamino se ve representado por atletas que superan los límites deportivos habituales llegando a desarrollar actividades casi sobrehumanas. Hoy es el caso de Gustavo Calvaresi, que acaba de participar en el Campeonato Mundial Ironman de Hawaii, una carrera de triatlón donde se recorren 3.800 metros de natación, 180 kilómetros en bicicleta y 42 kilómetros corriendo. Al ser un campeonato mundial estaban presentes la mayoría de los mejores triatletas del planeta. Para llegar a participar de este campeonato, Gustavito ganó su lugar en marzo con un cuarto puesto en el Ironman de Los Cabos en México.
Volviendo al Mundial de Hawaii este año tuvo 2.500 habilitados, sólo 20 argentinos lograron participar y entre ellos Gustavo realizó el séptimo mejor tiempo, con 10 horas y 37 minutos, clasificando 988º en la general y 125º en su categoría. Toda una hazaña deportiva lograda tras una vida deportiva muy esforzada y sacrificada que mantiene desde hace casi tres décadas.
Quiero compartir con ustedes el relato que Gustavo me hizo de su experiencia: “Luego de tanto tiempo, más precisamente 28 años de practicar este deporte, tuve la oportunidad de correr el campeonato mundial de triatlón en la distancia Ironman, que se realiza anualmente, durante octubre en Kona, Hawaii. Para dar una idea de lo que representa esta carrera para nosotros los amantes del triatlón, es como para el futbolista aficionado jugar de titular la final de la Champions League en el Estadio Arena o para el automovilista correr con un Sauber en el circuito de Monza, junto a los grandes, aunque sólo los veamos pasar o tener la oportunidad de sacarnos unas fotos.
“Llegué a Kailua-Kona con tiempo para aclimatarme al calor y la humedad, debido a que es una época poco favorable para los argentinos, que entrenamos durante todo el invierno, sin carreras previas, en cambio para los del hemisferio norte, es la carrera de fin de temporada. En la ciudad de Kona se respira triatlón por todos lados. Hay gente corriendo a cualquier hora del día, y es tan así, que hemos salido a las cinco de la mañana o a medianoche y siempre hemos visto 2 ó 3 corriendo con linternas en la cabeza o simplemente, pulseras luminosas.
“Los primeros días, por equivocación, salí a correr y andar en bici, al mediodía, lo que me llevó a un resfrío de sol y la necesidad de tomar medicación. Después salía bien temprano al amanecer, a las 6 ó 7 de la mañana o al atardecer, 5 ó 6 de la tarde antes de que anochezca. Igualmente, nunca deje de entrenar, sabiendo que llegaba muy bien entrenado y esos últimos 10 días eran sólo de mantenimiento. El sábado anterior participé de una carrera de natación en el circuito que iba a hacer durante el triatlón, y los tiempos salieron según lo esperado. Todo estaba en orden.
“Aprovechaba los tiempos libres para recorrer las islas junto a mi familia que me había acompañado y mantenían mi cabeza despejada y relajada. Sólo deseaba una cosa, que el día de la carrera no saliera el sol, porque realmente y a pesar de usar todas las cremas habidas y por haber, dolían los rayos en el cuerpo. Siempre estuve tranquilo porque sabía interiormente que había entrenado duramente durante 16 semanas sólo debía ser inteligente durante la etapa de ciclismo, para no gastar de más y correr bien.
“El día de la carrera se presentó con un amanecer totalmente despejado. A las 6:30, con el clásico cañonazo de largada, salió la elite de varones, luego de 5 minutos las profesionales mujeres, posteriormente a las 7:00 llegó el esperado turno de los amateurs para tirarse al agua, calentar un poco y largar. Traté de ubicarme en la largada de la mejor manera para evitar la cantidad de golpes que el malón de 2.200 atletas te propina, al salir todos juntos. Pero sobre todo no perder las antiparras, ni el reloj, ni la concentración, cosa muy común en estas largadas multitudinarias.
“El agua, increíblemente transparente y calma, me facilitó la etapa y luego de pasar 2 botes ubicados a aproximadamente 1.900 metros de la largada, emprendo el regreso a la zona de transición donde me espera mi bicicleta. Salgo del agua, chequeo mi tiempo 1 hora y 7 minutos., excelente, según lo previsto gracias a mi entrenador de natación Ramiro Cabrera, que hace lo imposible para tratar de mejorarme en este deporte. La transición es larga, el parque inmenso, lleno de bicis y encontrar las cosas de ciclismo y mi bici, por más referencias que uno tome, es difícil. Me lleva 2 minutos todo esto.
“Salgo a pedalear, el sol a full, sin una nube, los primeros kilómetros por unas avenidas de la ciudad y después salimos a la autopista, al desierto volcánico, sin un árbol aún no entiendo, como crecen los pocos pastos que se ven, en esos campos de lava interminables.
“Los primeros 80 kilómetros los planteo siguiendo el consejo de mi amigo ‘Pato’ Foster, que había corrido el año anterior, por eso a pesar de hacer un promedio de 36 kilómetros por hora, voy ágil y sin desgastar, hidratándome en cada puesto y comiendo cada hora o hora y media. Cuando hacemos el retome, aproximadamente luego de 90 kilómetros, en el pueblo de Hawi, el viento se hace notar y bien de frente. Mejor, porque durante mis entrenamientos casi siempre tuve vientos fuertes. Empiezo a ver caras que me habían pasado como parado, cuando íbamos viento a favor. Las subidas, también me favorecen, aunque el promedio baja para establecerse en lo previsto, 33 kilómetros por hora.
“Dejo la bicicleta, miro nuevamente el cronómetro y el tiempo es 5 horas 20 minutos. Perfecto, todo según lo previsto. Salgo a correr, los primeros 14 kilómetros dentro de la ciudad de Kona, a cuidarme, a un promedio de 4m. 50s. el kilómetro. Se ven algunos caminando a pesar de los pocos kilómetros recorridos. Cuando dejo la ciudad, para tomar la autopista, increíblemente, se nubla, lo que considero en ese momento una bendición, a pesar de la alta humedad. Ya mis parciales, se habían ido un poco arriba de lo previsto, que era correr a 5 minutos el kilómetro, estoy en 5m. 15s/ 5m. 20s. por kilómetro.
“No siento las plantas de los pies, porque al ir mojándome en la etapa de ciclismo, y con ello mojarse las medias ablanda la piel después de tanto tiempo, siento toda la zona ampollada. Ingreso a la zona más dura y lejana, Energy Lab, caminando cada vez que paso por un puesto de comida e hidratación, ubicados cada milla aproximadamente 1,6 kilómetros. El promedio baja a 5m .32s. por kilómetro, el cuerpo cansado, no responde a pesar de sentirme bien pero me propongo no caminar durante los 3 últimos puestos de hidratación.
“A esta altura, la autopista parece una peatonal, mucha gente caminando y pocos corriendo. Trato de pertenecer al grupo de los pocos que corren, ya escucho el altavoz del comentarista y conociendo previamente el circuito, sé que falta poco. Encuentro a mi mujer que me alcanza la Bandera argentina y a mi hija en la llegada, que toma una foto inolvidable de mi llegada. Cruzo la línea, mirando al cielo, agradeciendo a mi abuelo, a mi padre que no me pudo acompañar y a todas las personas que durante el largo y duro entrenamiento me acompañaron, tal vez unos pocos kilómetros o toda la sesión del entrenamiento, tanto en la pileta, como en la bici o a pie y en especial a mi familia, que como siempre, me banca en esta linda locura. En un mundo donde todo lo queremos de inmediato, obtuve mi premio después de 28 años. ¡A nunca bajar los brazos!”













