Primer “ruidazo” a Macri, una luz amarilla encendida
El enojo por el aumento de las tarifas derivó el jueves en el primer cacerolazo contra la gestión de Mauricio Macri, a siete meses del inicio de su gestión. La protesta iniciada a través de las redes sociales tuvo una característica de la cual el Gobierno debe tomar nota: fue más importante en los sectores donde vive la clase media, tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en Córdoba, Rosario, Mendoza y otras localidades del país. Estamos hablando de la base electoral más fuerte del PRO, aspecto a tener en cuenta a la hora del análisis, tanto el periodístico como el de los propios gobernantes.
Mientras veíamos las imágenes del cacerolazo (que para que no semejen las protestas anteriores llamaron ruidazo) y tras asistir a la manifestación local, esperábamos el día después para ver la respuesta de Macri ante esta primera protesta, de manera de ofrecer en esta página una visión completa del asunto al incluir acción-reacción. Y la aguardábamos con la total seguridad de que se expresaría al respecto, ya que su propuesta de gobierno venía de la mano de mayor diálogo y capacidad de escuchar a la gente. Tales fueron los bastiones diferenciales de su campaña, que enamoraron a sus votantes.
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Llegada la hora de poner en práctica lo enunciado, con esta prueba de fuego que fue la primera manifestación callejera de la era Macri, la reacción fue otra, muy distinta a la esperada. El presidente encabezó en la mañana de ayer un acto en Villa Devoto, donde lanzó el Plan Nacional de la Juventud, y evitó hablar sobre la protesta que se realizó en distintos puntos del país contra la suba de las tarifas de servicio públicos.
También asombra que las únicas expresiones que se oyeron utilizaran la misma retórica del kirchnerismo: quienes sí hablaron al respecto buscaron relativizar el impacto de la manifestación y su espontaneidad al señalar que los manifestantes fueron movilizados por el kirchnerismo duro. Que había presencia política, sí. En algunos lugares más, en otros menos. En Pergamino particularmente fue importante la participación de agrupaciones de base y sindicales. Y era lógico que así fuera, ningún bando opositor se iba a privar de participar de una movida contra Macri. Pero no se puede negar que el descontento generalizado en la sociedad también estuvo presente en las calles.
Por otra parte, esta persistencia en sindicar al kirchnerismo como el culpable de todos los males presentes es ya un argumento precario, más para el caso de este ruidazo, porque a estas horas el kirchnerismo no está en condiciones de movilizar casi a nadie y muchísimo menos a la clase media que se vio claramente en la protesta. Lo que sí es sencillo de ver es que los sectores opositores, peronistas o de otras vertientes aprovechen a sacar partido del descontento que genera la protesta para llevar agua para su molino. Esto no puede sorprender a nadie a esta altura.
Desde el Gabinete nacional, la ministra de Desarrollo Social Carolina Stanley también responsabilizó a los K, siendo la única funcionaria que habló on de récord del asunto. Creemos y vamos siempre a trabajar por la libertad de expresión. Nos parece que lo de ayer tuvo que ver con poder manifestarse libremente, aunque claramente se vieron algunos personajes del kirchnerismo duro realizando la protesta y llevando militantes, sostuvo. Si bien afirman que no le sacan legitimidad a la protesta, agitar el fantasma K es el escenario más cómodo que tiene el Gobierno. Pero en privado deberían analizar con más profundidad el porqué de esta reacción ciudadana a siete meses de Gobierno.
La decisión de responsabilizar al kirchnerismo por la protesta coincide con la primera reacción, de minimizar su magnitud, que tuvo el Gobierno, pero la estrategia esconde una visión que, puertas adentro de la Casa Rosada, algunos funcionarios más conocedores de la política entienden: que va a llevar tiempo concientizar de que la energía es cara y que se debe cuidar su consumo y que hay quienes rechazan los tarizafos sin que necesariamente sean opositores.
De todos modos, aunque Macri no reaccionara públicamente sobre la protesta, es sugestivo e indicativo que en la tarde de ayer se reuniera en Olivos con Alfonso Prat Gay (Hacienda y Finanzas) y Juan José Aranguren (Energía). Es obviamente indicativo que hubo una lectura de lo sucedido el jueves que no se expresa, aún.
Para poner blanco sobre negro: el puntapié de la protesta fue una convocatoria impulsada por las redes sociales una vez que se conocieron las tarifas del gas. Y todos conocemos los conflictos que han traído, sociales y judiciales. Y lógicamente distintas organizaciones de izquierda y kirchneristas llevaron algunas pancartas y banderas. Pero la realidad es que ambos sectores no tienen a estas horas ninguna posibilidad de capitalizar la protesta políticamente. En todo caso el peronismo más ortodoxo y el massismo pueden anotarse para tratar de aprovechar el descontento que generó el tarifazo.
Para trazar un mapa de la protesta, además de los barrios más coquetos de la Ciudad de Buenos Aires y algunos de clase media baja, la protesta tuvo eco en el Conurbano bonaerense. Frente a varias municipalidades, avanzaron distintas columnas pidiendo basta a los aumentos. En Pergamino la convocatoria vino mayormente de sindicatos y centrales obreras, fue en la Plaza Merced, concurrida pero no demasiado ruidosa.
En las provincias también hubo fuertes protestas. En Córdoba, el cacerolazo se realizó en la tradicional esquina de Colón y General Paz. En Mendoza, el cacerolazo resultó importante en el microcentro de la ciudad, sobre la avenida San Martín. En Mar del Plata, con cacerolas en mano, cientos de vecinos coincidieron en torno al céntrico monumento que recuerda al General San Martín para manifestar su rechazo al aumento de tarifas en servicios públicos. En Paraná, Entre Ríos, unas 400 personas participaron de la protesta frente al edificio de la municipalidad, gobernada por el radicalismo.
La realidad es que el tarifazo marcó un punto de inflexión en el Gobierno terminando con la luna de miel entre la ciudadanía y Macri, teniendo en cuenta que el ajuste ha sido muy duro para los sectores medios y las soluciones que hasta ahora ha ofrecido el oficialismo resulta insuficiente, frente a un marco inflacionario muy importante.
Hasta el día después del ruidazo el Gobierno no muestra un signo de reacción a la demanda, cualquiera fuera. Por el momento, se ningunea la protesta y se traslada la responsabilidad a los fantasmas opositores del pasado como el kirchnerismo. Entendemos que el análisis que debiera hacer el macrismo tendría tres pilares: las expectativas de la ciudadanía que lo apoyó y los resultados que ha obtenido en los primeros meses de gestión; la forma de comunicar las medidas duras que se deben asumir y la modalidad del ajuste que lleve al achicamiento buscado del déficit fiscal. Porque la sociedad no tiene dudas respecto de las correcciones que hay que hacer y Macri llegó al gobierno como un plan para sacar el país adelante. Pero lo que previó, por diferentes razones, no estaría funcionando. A cualquiera le puede pasar. Lo importante es atender a las señales, parar y revisar. Si es necesario, alterar la ruta para llegar el destino deseado.
El Gobierno ya tuvo su primera protesta ciudadana, la primera luz amarilla a la que debe que prestar atención.














