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Pergamino y la problemática del transporte público

04 de noviembre de 2018 a las 12:00 a. m.

En medio de la crisis económica que atravesamos y frente al compromiso del Gobierno de achicar el déficit fiscal hasta hacerlo evaporar, el Estado nacional comenzó a depurar su esquema de subsidios, erradicando paulatinamente algunos, como es el caso de las tarifas de servicios, y transfiriendo la decisión sobre otros hacia los ámbitos provinciales, como sucedió con el transporte público de pasajeros, que le importaba 75.000 millones de pesos. Es decir que  la gobernadora María Eugenia Vidal se ve ahora ante la problemática de afrontar este nuevo gasto y sin los recursos con los que esperaba contar.

Provincia diversa la de Buenos Aires, con un cordón metropolitano que vive ligado a la dinámica de la ciudad capital por un lado, y unos 100 distritos más con realidades totalmente distintas entre sí y en relación al Conurbano, la decisión de cómo se sustentará el transporte presenta varios frentes. Uno de ellos ya fue atendido, porque en un acuerdo con el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, la gobernadora garantizó que los subsidios serán sostenidos, entre ambas gestiones, para todos los medios de transporte del área metropolitana. Se trata de algo más de 11.000 millones de pesos.

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En otro frente están los municipios del interior bonaerense. Si bien no todos cuentan con servicios de colectivos urbanos, como sí tiene Pergamino, en todo el territorio circulan líneas interurbanas. Para sostener estos servicios como hasta ahora, es decir con subsidios, se requieren 28.000 millones pesos.

Lo que Macri transfirió a Provincia no son los subsidios en sí mismos sino la decisión sobre qué hacer con ellos. Nación deja de pagarlos y tira la pelota a la cancha de Vidal, que puede optar entre seguir pagando, eliminarlos o diferir el pago total o parcial a los municipios.

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A diferencia de lo que sucedió con el transporte metropolitano, respecto del cual Vidal se expresó contundentemente diciendo que con Rodríguez Larreta se harían cargo del costo, en relación con el resto de los municipios aún no se ha escuchado palabra oficial alguna.

Lo único que se escuchó al respecto salió de boca del intendente de Bahía Blanca, Héctor Gay, quien tras recibir a Vidal y parte de su Gabinete en la localidad, dijo: “Me garantizaron que sacrificarán 28.000 millones de pesos del presupuesto para hacerle frente” (al subsidio sobre los boletos). Gay había expresado antes que si Provincia no se hacía cargo y traspasaba la responsabilidad al Municipio, no podría solventarlo y la diferencia repercutiría en un fuerte aumento del boleto. Esa es la realidad de todos los municipios; ninguno está en condiciones de absorber parte del costo del boleto con lo que recaudan de tasas y lo que reciben de coparticipación.

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Lo otro que se sabe, siempre leyendo entrelíneas porque, como dijimos, no hubo hasta ahora manifestación oficial alguna, es que el plan de Vidal es obtener los recursos para sostener el subsidio del monto que le reclama a Nación en concepto de reactualización del Fondo del Conurbano, reclamo que Macri y Dujovne reconocieron como justo. Sin embargo, la gobernadora se quedaría sin esta posibilidad habida cuenta que el presidente le habría dicho esta semana que la cesión de ese dinero por actualización se le haría a la Provincia en obras viales e hídricas.

Toda esta situación, y espacialmente el silencio de la gobernadora,  ha generado incertidumbre en el concesionario local, La Nueva Perla, que inició esta semana una campaña de divulgación de la problemática, a modo de que la gente sepa lo que puede pasar con el precio del boleto y que, en consecuencia, haga un ejercicio de presión social sobre los dirigentes.

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¿Es una opción que la gobernadora, por ejemplo, no absorba los subsidios y deje que en el año electoral el boleto trepe hasta los 50 pesos, poniendo por caso a Pergamino? A nadie se le ocurre. Es un costo que hace inviable la prestación del servicio, sencillamente porque mucha gente dejará de utilizar el servicio ante la imposibilidad de pagarlo. Es esencial la existencia del subsidio estatal para cumplir con la premisa elemental de un transporte público: que sea barato. Nadie duda de los costos reales de La Nueva Perla, que habla de un boleto de 50 pesos para que sea sostenible el servicio. Si pensamos que hoy el Estado está pagando 28 pesos de ese boleto, es decir más del 55 por ciento, tenemos que pensar en la empresa prácticamente como un aliado estratégico, que presta un servicio esencial que el Estado brinda. Esto sin contar la cantidad de gente (escolares, discapacitados) que viajan “gratis” o con tarifas reducidas; esas diferencias respecto del valor completo, también son cubiertas por el Estado. No hay colectivo posible sin participación del Estado. Por eso, la decisión de no subsidiar más es igual a decidir que no haya más transporte público en los municipios.

Podemos entender que a la gobernadora le preocupe más subsidiar a La Matanza que recibe casi mil millones, para subsidiar la movilidad de sus 2.2 millones de ciudadanos. El segundo distrito más beneficiado es La Plata, con 831 millones para 700 mil habitantes, que a ciudades del porte de la nuestra.

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Naturalmente que el boleto en el área metropolitana, no solo por subsidio sino por cantidad de pasajeros se hace más sustentable y claramente más barato. En el interior, en cambio, con menos circulación de vecinos sin subsidio, no hay colectivo posible.

La incógnita se va a mantener hasta que se presenten los números del presupuesto bonaerense, del gobierno de María Eugenia Vidal, para ver si se mantienen los subsidios no solo al Conurbano sino al interior también.

Esa es la descripción de los carteles que figuran en las unidades de La Nueva Perla. La descripción hace alusión a la quita de subsidios que se vería a partir de enero con la aprobación del presupuesto.

A partir de esta problemática, en estos días vemos en los colectivos de La Nueva Perla llevan carteles en donde alertan sobre el valor de los boletos con y sin subsidios; en Buenos Aires, que ya tiene garantizada la subvención, pasaría a costar 13 pesos mientras que en Pergamino llegaría a los 50 pesos. E invitan a los usuarios a involucrarse en la causa: “Que no te quiten el subsidio. Parece que los habitantes del interior no existen”.

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El temor de los usuarios, que se reflejó en pedidos de informes de la oposición en el Concejo Deliberante este martes, es que al quitar subsidios el boleto deje de costar 21 pesos para pasar a los 50 pesos. Lo que haría prohibitivo para muchos trabajadores tomar el colectivo cuando lo necesitan para su trabajo, para ir al médico o lo que fuese por lo que precise trasladarse.

Si la mandataria subsidia el Conurbano y deja al interior a la buena de Dios, los municipios no podrán hacerse cargo de reemplazar este subsidio nacional al transporte público, un apoyo económico que se realiza en todos los países. Como decimos, en esta prestación, el Estado es socio. Si un país, provincia o municipio cree que es conveniente o necesario que haya transporte público, aunque tercerice la prestación, debe asumir que deberá solventarlo. No puede pretender que haya un servicio accesible para obreros, estudiantes, discapacitados si no está dispuesto a pagar parte del costo.

En Pergamino tenemos el servicio de La Nueva Perla, que comenzó siendo una empresa modelo que llegó durante la gestión de Héctor Gutiérrrez pero paulatinamente, con el paso de los años, fue decayendo en la calidad de los vehículos, la limpieza, los horarios.

Cuando solicitan aumento del boleto, como es un servicio concesionado por el Municipio, presentan en el Concejo Deliberante sus números y la realidad es que están bien ajustados, por eso, si bien si se les exige mejor servicio no lo pueden cumplir. Así es que persiste una concesión que no cumple con la mayoría de las exigencias ante la posibilidad cierta de quedarnos sin colectivos en Pergamino, una ciudad que, por idiosincrasia, no se concibe sin ellos. Y si los subsidios dejan de llegar a los municipios del interior ¿vamos a seguir quedándonos con un transporte que además de ir en decadencia será más de un 50 por ciento más caro? Posiblemente, porque el riesgo de prescindir de La Nueva Perla, llamar a una nueva licitación y que quede desierta es muy alto. El transporte público en Pergamino, dado su flujo de pasajeros,  no es un negocio muy rentable, incluso con subsidio. Entonces ¿podemos pensar que van a llover empresas interesadas en ingresar en esta actividad, que  invertirían en renovar unidades (porque si cambiamos es para mejor) a amortizar con una tarifa cara y con una cantidad de usuarios relativamente baja?

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Ese es el dilema: colectivos sí o colectivos no. La decisión la tiene Vidal, descontando que las otras dos alternativas no son viables: ni el Municipio se puede hacer cargo del subsidio ni el usuario puede pagar un boleto sin este.

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